Con alarma y bronca leo una entrevista al secretario de la Sedronar, Juan Carlos Molina, quien sigue hablando con ligereza y displicencia sobre el gravísimo problema de las adicciones y el narcotráfico.
De entrada, provoca indignación el título: “la gente no está preparada para que haya reinserción…”. Una vez más, el kirchnerismo aparece diciendo que se trata de un gobierno de avanzada para lo que puede aceptar o entender una sociedad que para ellos está atrasada y no merece ser receptora de la ampliación de derechos alcanzada en la “década ganada”. Primero hay que cuestionar que para hacer esa caracterización del pueblo argentino se basan en indicadores falseados, manipulados y tomados de los títulos de los diarios de la oposición del sistema. Segundo, hay que recordares que si hay mayores y mejores derechos, se debe a las amplias y profundas luchas de la gente por la democratización de la sociedad. Y por último (aunque no menos importante), la lavada de manos que significa decir: no puede haber reinserción porque la gente no lo acepta. Esto es gravísimo, no sólo porque responsabiliza a la sociedad que según ellos “no está preparada”, sino porque así se disculpan de todo lo que no han hecho ni harán para combatir el flagelo de la droga.
El militante de Kolina a cargo del Sedronar usa medias verdades para ocultar la connivencia del kirchnerismo con el poder narco. Porque es verdad que un factor importante del ingreso de los jóvenes al consumo es la privatización del espacio público que comenzó con el menemismo; pero no dice que esa privatización se sigue profundizando y agravando mediante el proyecto kirchnerista. ¿O cómo debe interpretarse si no la privatización del espacio costero, por ejemplo?
La media verdad es una mentira. Pero también miente cuando dice que combaten al narcotráfico con “infraestructura, plata y creatividad”. ¿Dónde está esa infraestructura? ¿Cuánto es el dinero que han invertido? No hay mucha creatividad en mandar una Traffic con banderolas del Sedronar y cuatro jóvenes (voluntariosos o no) para jugar volley a la plaza de un barrio. No hay creatividad, ni mucho menos eficacia. ¿Eso es lo que entienden por “trabajo de territorio”? Siguen mandando libros de Winnie Poo a los kelpers para recuperar Malvinas.
Nadie puede no coincidir con Molina cuando habla de la necesidad de una mirada desde la “salud social”. Pero es muy grave cuando esa afirmación se enuncia para justificar que se deja de lado la lucha contra el poderío económico, militar y propagandístico de los grupos narcos. Y es mucho más grave cuando se intenta ocultar que ese poder es el otro factor fundamental para el avance de la venta y consumo de drogas. Que de eso estamos hablando.
Es encomiable el acuerdo con el Conicet para conocer la trazabilidad de la efedrina que llega a las cocinas de droga como precursor químico. Pero tal vez bastaría con seguir la “pista de la efedrina” y dar una mirada a los 200 mil pesos que mediante su laboratorio Seacamp aportó Forza a la campaña electoral de la presidente en 2008.
Como dicen los pibes, “estamos en el horno” si el combate a las adicciones es dirigido por pensamientos así. Queda cada vez más claro que no hay mejor defensa que la que tomamos en nuestras manos para hacer lo que hace falta y para exigirle al Estado que utilice su poder para combatir el narcotráfico; evitar la caída de los jóvenes en sus redes y garantizar la reinserción de los que ya cayeron.
Como dijo Horacio Tavares en el taller que dictó el 12 de mayo en Oro Verde: “Lo que sí podemos asegurar es que si los docentes, trabajadores de la salud pública, militantes populares, no toman como compromiso fundamental el de declararle la guerra frontal y definitiva a los mercaderes de la muerte que trafican, comercian y apologizan las drogas, será difícil que se modifique la realidad que cada vez más lastima, hiere y abunda en las escuelas, hospitales, calles y esquinas de nuestros pueblos” (ver AQUÍ).
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Publicado en Río Bravo el 02 de enero de 2015.





