El pasado jueves se realizaron las elecciones del gremio de los docentes entrerrianos. El avance significativo de la agrupación Rojo y Negro, reduciendo de 1400 a 500 votos la diferencia entre la última elección y esta, no sólo habla del retroceso de la agrupación oficialista Integración, sino que pone de manifiesto el estado de ánimo de los docentes.
Elecciones generales
Eran las nueve de la noche y, a pesar de que habían pasado tres horas del cierre de los comicios, un silencio cargado de suspenso ensombrecía la cara de algunos dirigentes oficialistas. Al contrario de las elecciones pasadas, en que el frente Integración festejaba desde la misma hora del cierre, nadie sabía a ciencia cierta cuál sería el resultado de éstas. Hubo que esperar hasta las 22.30 para conocer que el oficialismo había logrado retener la conducción provincial.
En total votaron 14 mil docentes en toda la provincia que se repartieron de la siguiente manera: 7330 (52 %) para el frente Integración y 6780 (48%) para la agrupación Rojo y Negro, imponiéndose la primera por una diferencia de 550 votos, es decir el 4%. Una vez contados los votos recurridos la diferencia se redujo a menos de 500. En este sentido, el oficialismo ha logrado mantener por un escueto resultado la conducción pero ha retrocedido respecto a las elecciones anteriores. A su vez, este retroceso se corresponde con un avance de la agrupación Rojo y Negro que además se ha consolidado como una verdadera fuerza político sindical provincial.
Ahora bien, los comicios ponen sobre la mesa un debate que no se agota en el campo electoral. Por un lado, vale aclarar que las elecciones no sólo se ganan con un programa político justo que empalme con la opinión de los trabajadores, también hay que pelear contra un aparato electoral que en el caso del oficialismo, contó con los recursos económicos y logísticos del sindicato y ayuditas extras del estado provincial. Por otro lado, se equivocan quienes evalúen el triunfo de la conducción actual como una adhesión de los docentes a las políticas del “sueño entrerriano”. Por el contrario, en los últimos años se ha manifestado un rechazo a las políticas económicas, refrendado una y otra vez con los masivos paros y movilizaciones que han protagonizado los docentes entrerrianos.
En consecuencia, se ha derrotado en parte la política Urribarrista pero no se ha doblegado el aparato oficial. Para que tal cosa sea posible, es necesario que la agrupación Rojo y Negro reduzca las diferencias en Concepción del Uruguay, Gualeguaychú y Gualeguay. Tres departamentos donde el peso electoral del frente Integración ha sido significativo, imponiéndose por una diferencia superior a los 2.100 votos. Vale aclarar que tanto en Gualeguaychú como en Gualeguay, la conquista de la minoría por parte de la Rojo y Negro da cuenta del camino a seguir para cambiar la historia electoral.
Elecciones por departamento
Otro de los aspectos que deben analizarse es cómo ha quedado planteado el escenario provincial. Integración conducirá 9 seccionales, Rojo y Negro 6, Ñandubay, aliada de Integración conducirá Federal, y Blanca, independiente y con posiciones muchas veces coincidentes con la Rojo y Negro, conducirá Victoria.
En algunos casos se mantuvieron las conducciones anteriores y en otros, perfilaron nuevos escenarios. Así, la agrupación Rojo y Negro retuvo la conducción en Federación y Villaguay (con más del 80% de votos, dejando sin minoría a integración), Concordia, Paraná y Tala. La agrupación Integración ganó en Islas, donde realizaron una maniobra propia de las prácticas electoralistas espurias, pasando electores del padrón de Gualeguay a Islas para desbalancear. Pero incluso en este caso, Rojo y Negro consiguió retener la filial Paranacito.
Los cambios en la conducción de las seccionales estuvieron dados en Nogoyá, donde Rojo y Negro ganó por primera vez, y en Gualeguay, Gualeguaychú, San Salvador y Feliciano, donde incorporó cuatro minorías que antes no tenía. También hubo cambios en Diamante, donde Rojo y Negro perdió la minoría que tenía.
Otros datos significativos en las elecciones es la disparidad de votos en algunas seccionales. En Paraná (1950 a 580), Concordia (856 a 257) y Federación (617 a 128), el triunfo de la agrupación Rojo y Negro fue sustancial. Del mismo modo que en Uruguay (1.272 a 126), Gualeguaychú (812 a 292) y Gualeguay (641 a 211), las diferencias que obtuvo Integración terminaron por ser significativas para el triunfo.
Otros de los cambios significativos es la constitución del nuevo congreso, ya que es ahí donde se deciden las medidas de fuerza y planes de lucha. En las elecciones anteriores, la agrupación Integración había conseguido la hegemonía del congreso con un 55% de congresales. Tras las elecciones actuales, el avance de Rojo y Negro ha conseguido la paridad de congresales. Así quedó planteada, tras la elección, la nueva composición del congreso: 52 congresales rojo y negro, 51 integración, 4 Ñandubay (Federal, aliada integración), y 3 Blanca (Victoria). La paridad absoluta de 55 congresales opositores y/o independientes y 55 oficialistas, abre una incógnita sobre el posicionamiento futuro que adoptará el gremio más importante de la provincia respecto a las políticas de Urribarri y de Kirchner. Incógnita que estará supeditada a las próximas elecciones ejecutivas del año que viene y, sobre todo, a los congresos que convoque la conducción provincial del gremio. En este sentido, será gravitante la presión que puedan imponer desde las bases para que el futuro de los docentes entrerrianos no quede subordinado a las conveniencias electorales del gobierno urribarrista.
En el transcurso del último año, han ido creciendo las protestas de los docentes por su salario y de la comunidad educativa por las condiciones precarias de las escuelas. Son numerosos los casos que podrían señalarse pero vale como ejemplo el de la Escuela Gualdalupe de Paraná, que el 11 de noviembre, tras meses de reclamos en la departamental mediante la presentación de notas, se movilizó con estudiantes, padres y docentes hasta el consejo general de educación. El motivo, de tan elemental resulta inverosímil; pedían agua. Con un edificio completamente nuevo, no poseen tanques de agua que le permitan llevar adelante las clases con normalidad. De hecho, se ha tenido que suspender el dictado de las mismas en numerosas oportunidades. A comienzos de año, el gobierno de Urribarri presionó para prohibir las asambleas, “para que los chicos no perdieran horas de clase”, pero las semanas que se han perdido por negligencia del “sueño entrerriano”, quién se las va a devolver a los estudiantes.
La comunidad de la escuela Guadalupe ha demostrado cuál es el camino para conseguir lo ignorado por las políticas provinciales. La conducción provincial, una vez más, ha brillado por su ausencia, como lo hiciera con tantos otros reclamos de las comunidades educativas. Lo que ocurra en el futuro con la educación en la provincia, dependerá de cuántas escuelas Guadalupe decidan tomar en sus manos lo ignorado por el gobierno y la conducción provincial del gremio, de que la agrupación Rojo y Negro pueda imponer en el congreso las exigencias que surgen de las asambleas escolares, y de que la participación de los docentes en los reclamos, sea verdaderamente masiva. De esto, en definitiva, dependerá que los gurises entrerrianos reciban una educación justa, y en condiciones dignas.
Publicado por Río Bravo el 12 de noviembre de 2014.





