La autopsia de Thiago deja en claro que algo se hizo mal en el Hospital Justo José de Urquiza. Su padre, Hugo, lo dejó jugando con buen estado de ánimo y ese mismo día el chico de dos años se moría. Uno más de tantos que no conocemos, pero con una familia que se mantiene firme pese al dolor y las provocaciones del poder. Su historia es una metáfora de los límites más terribles de doble discurso y el verso al que nos tienen mal acostumbrados en los últimos tiempos.
El estado actual de la causa
La pelea judicial (nunca mejor puesto el apelativo) persiste gracias a la familia Albornoz, que lucha contra la injusticia que reina para los que no tienen poder. Ante todo, se debe aclarar que se han imputado a los doctores Caterino, Tolosa y Del Podio. El director del Hospital, Martín Oliva, ni siquiera fue llamado a declarar. Hay más personal (enfermeros y médicos) que atendieron a Thiago que tampoco son llamados a declarar y la pasividad del fiscal Martínez Uncal por lo menos llama la atención. La historia clínica del chico ha sido adulterada y extraoficialmente le adelantaron a la familia que “nadie va a ir preso por esto”. De todos modos, si la causa ha dado algunos pasos, ha sido por la movilización de familiares, amigos y vecinos.
La respuesta del poder
Desde el primer momento, la familia se manifestó (siempre pacíficamente) en busca de respuestas. Oliva los esperó con la provocación del Hospital Urquiza militarizado, y prometió una investigación interna que nunca se hizo. Cettour (más adelante nos ocupamos de él) les mandó un puntero político y dos psicólogos para evitar que sigan las protestas. Desde la justicia también respondieron con provocaciones ante los reclamos.
Cettour es un político con título de médico
Nuestro ministro de salud, con las minúsculas del caso por ocupar un cargo que no merece, tiene poco que ver con el juramento hipocrático. Una lista elaborada con tres ejemplos alcanza y sobra:
-Violan a una chica de once años y le provocan un embarazo de riesgo. Cede a las presiones del Opus Dei y los sectores más conservadores de la Iglesia, la hace continuar con su embarazo y desde el Gobierno premian al violador con un trabajo. Entre el compromiso con la salud pública y el poder, eligió al poder.
-Muere un chico en el Hospital que él dirigió hasta hace poco. En vez de preocuparse por las causas, intenta mitigar los alcances políticos del caso. Cierra filas con la corporación, embarra la cancha y protege a su delfín Oliva. Entre el compromiso con la salud pública y su carrera política, eligió su carrera política.
-Epidemia de gripe en toda la provincia y Cettour sale a cuestionar el accionar de los hospitales públicos, donde según él, se menosprecian algunos cuadros. ¿Lo dice por su propio Hospital Urquiza o porque no le cae bien la Salud Pública que él mismo dirige?
La década perdida en salud
Como último tema queremos reseñar el provocativo acto que organizó Unidos y Organizados con Cettour, Bertelotti y Oliva en la Facultad de Ciencias de la Salud de la UNER, a metros de Hospital Urquiza. La consigna del acto era: “La década ganada en Salud”, y llegaron a comparar su gestión de diez años con la de Ramón Carrillo, al que también usan para darle nombre a su agrupación integrada por médicos con un excelente pasar económico. También desplegaron un sinfín de estadísticas truchas, donde se destacó la inversión (que suele llenar más cuentas bancarias que necesidades); y la baja de la mortalidad infantil, que ya se ha demostrado es insostenible porque se realiza cambiando las causas de muerte de los niños entrerrianos.
Mientras un ministro, un concejal y un director de hospital vendían la épica a precio vil, en la vereda de enfrente había pacientes que padecían la falta de insumos, de personal, de medicamentos, etcétera. Para que no haya ni un Thiago más, el Sistema de Salud entrerriano debe tener menos cáscara, menos verso, y más políticas de Estado sostenidas en el tiempo y con inversión real que no se desvíe a los bolsillos de nadie.
Publicado por Río Bravo el 30 de junio de 2013.





