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Miércoles, 19 Junio 2013 10:48

“Dios da pan al que tiene 18 pesos para el kilo”

Escrito por Santiago Joaquín García

Seba es panadero y Eli es docente. Tienen tres hijos, la pelean todos los días, y escribieron un relato que nos pinta la realidad tal cuál es. Nada menos que la situación del pan, sin chamuyo, sin doble discurso. Compartimos algunos extractos.

Esta crónica sale de lo que escribieron los sostenes de una familia uruguayense que se la pechea todos los días a la crisis. Que sienten “que la cosa se está complicando”. Y nos dan el ejemplo del pan, tan significativo para cualquier trabajador.

Importar trigo

Cuando escuchamos en las noticias que el país va a volver a importar trigo, miramos a nuestro alrededor y nos preguntamos: ¿en qué país vivimos?”, empiezan diciendo. “Ah sí, es el país productor de trigo. Error, ya no es más el país que planta trigo, sino que debe importar trigo, porque a los productores lo que les conviene plantar es soja”. Más adelante comentan que “en el país de las maravillas, el poco trigo que se plantó y sobró para el mercado interno es vendido a precios desorbitantes” por los grandes monopolios exportadores, que desde luego ya arreglaron con el gobierno. Y otros que también arreglaron son los grandes molinos, como Pérez Companc, con el cual Cristina se muestra impunemente. Ah, sí, el gobierno que lucha contra los monopolios, no me digas.

Paga el pueblo

Y el que paga “las consecuencias es el pueblo, que compra el pan (cuando compra) a un precio delirante”. Luego la mirada apunta a “los reguladores de precios; los políticos que hablan del tiempo de mayor crecimiento económico, de los pequeños empresarios y del crecimiento de la industria; los que se llenan la boca con una década que mejoró indiscutiblemente para el pueblo trabajador; todos ellos son los representantes de un ‘modelo social’ que está satisfecho con que se plante y se exporte soja, soja y soja”. Otra vez la cáscara del doble discurso.

“Ya no comen pan”

También nos ponen los números más crudos sobre la mesa, al decirnos que “hoy día, un kilo de pan cuesta entre 15 y 18 pesos. Podemos encontrar en algún supermercado grande en el que esté 12 pesos”. Lo que los lleva a concluir que “una familia tipo, pareja con 3 o 4 hijos, ya no comen pan, o comen menos de lo que acostumbraban”. Y vuelven a preguntarse retóricamente: “¿estamos hablando del pan? Sí, el alimento básico que en las familias numerosas llena la panza y tiempo atrás era lo más económico”. Concluyendo con la lucidez que sólo tiene el pueblo que lucha y saca conclusiones de sus luchas, que “obviamente, volviendo al trigo, el aumento en los derivados de la harina, es desorbitante: galletitas, fideos, etc”. ¿Qué tendrá Moreno para decirles? ¿Y los chicos de La Cámpora y sus sueldos de cinco cifras?

Más números que no mienten

Ahora nos tiran los números que el INDEC no puede esconder. En los últimos tres años, “la bolsa de harina de 50 kg tuvo una suba que va desde cincuenta pesos a los doscientos noventa” (seis veces). Entre abril y junio “subió nada menos que cien pesos”. Entonces ahora le reclaman a los genios del ahorro, si “nos pueden pasar la receta para cocinar para 3, 4 o más hijos comidas sin harina”. O también “la receta para hacer pan sin harina”. Desde luego, entienden que “reemplazar la harina es un disparate”. Y que lamentablemente, “Dios da pan al que tiene 18 pesos para el kilo”.

El monocultivo pasa con represión

Volviendo a los funcionarios “que viven en el país de las maravillas”, esta familia les pregunta: “en un par de años este monocultivo (la soja) ¿acaso no va a arruinar nuestras tierras?”. Está claro que “en quince o veinte años van a dejar a nuestras tierras vacías, sin poder plantar nada, porque no van a servir para nada”. Mientras tanto Cristina habla muy bien de Monsanto y su veneno. Y nos recuerdan el doble discurso en materia de propiedad de las tierras, al decir que no son “nuestras, son tierras privadas de los grandes terratenientes argentinos y extranjeros que obligan a los pueblos originarios a irse a vivir a villas miserias o donde su imaginación los lleve”. Como también los asesinan “por medio de las matanzas que los gobernadores avalan, cuando mandan a la policía o a la gendarmería a reprimir”.

Donde mueren las palabras

En la lucha diaria por la supervivencia, de la cual nadie sabe más que el pueblo, naufragan los discursos de los chorros con maquillaje revolucionario. Sólo los intelectuales de abundante café y poca calle, que piensan solamente en su situación personal, pueden confundirse. Únicamente el que no se propone conocer lo que está sufriendo el pueblo puede conformarse con esto. Hace poco fue el cumpleaños de Ernesto “Che” Guevara. Más allá de las remeras y las barbas largas, hay una proclama suya que va a perdurar por los tiempos más remotos. La que nos llama a “desarrollar al máximo la sensibilidad hasta sentirse angustiado cuando se asesina a un hombre en cualquier rincón del mundo y para sentirse entusiasmado cuando en algún rincón del mundo se alza una nueva bandera de libertad”. Tenerla siempre en cuenta nos permite diferenciar al comprometido del versero.

Publicado por Río Bravo el 19 de junio de 2013.

 

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