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Lunes, 18 Abril 2011 14:48

Diario de un Escritor Entrerriano

Escrito por Román Ortíz

Y llegó nomás. El hijo de Marcela y Gervasio se llama Tomás, y tiene loca a toda la familia. “Bien sanito, que es lo má’ importante”, dice Isabel, la abuela materna. Pero la que no se le despega de al lado, es Doña Lorenza, que compite sanamente con todos por la atención y los consejos para los padres primerizos.

Mientras tanto, nuestro amigo marcha para el frigorífico envuelto en un solo sueño. La alegría lo mantiene en pie, pero es lo más parecido a un zombie que puede haber. Afortunadamente, los compañeros le hacen el aguante. “Dale, andá a dormi entre los cajone’, que yo te cubro”, le dice siempre Sergio, padre de dos nenas. Gervasio trata de no aflojar, pero de vez en cuando acepta resignado.

 

Roque y Evaristo, los abuelos de Tomás, están preocupados por el futuro de sus hijos. El padre de Gervasio sabe bien lo que es la vida del matarife, y lleva las marcas en su cuerpo de ese trabajo tan duro. El marido de Isabel tiene un aprecio enorme por su yerno. Sabe que su hija está en buenas manos, porque “ese gurí no le hace cara fea al trabajo”. Otro que anda maquinando cosas, es Beto, pero sus soluciones políticas, no convencen a nadie. Que puntero de acá, que chofer del diputado, que inspector de zócalos.

 

“Para un príncipe enano
Se hace esta fiesta.
(…)
Sus dos ojos parecen
Estrellas negras:
Vuelan, brillan, palpitan,
Relampaguean!
El para mí es corona,
Almohada, espuela.
(…)
¿Conque mi dueño quiere
Que a vivir vuelva?
¡Venga mi caballero
Por esta senda!
¡Éntrese mi tirano
Por esta cueva!
¡Déjenme que la vida
A él, a él ofrezca!
Para un príncipe enano
Se hace esta fiesta”.

   

Esas hermosas palabras que escribió José Martí para su hijo, se me vienen a la mente al ver a Marcela y Gervasio dando la vida por su hijo. Y pensar que hay gente que pide voto calificado, control de natalidad, y otras represiones de bolsillo. ¿Quién le puede privar tener hijos a los pobres? Tenemos que garantizarles condiciones, en vez de matarles las ilusiones. Todos sabemos que con doscientos pesos nadie cría un hijo. Pero los que no saben lo que es ajustar la cuerda, los que jamás sufrieron necesidades, son los que aplauden a este Gobierno que tras casi una década de crecimiento económico, mantiene a un tercio en la pobreza, y a unos cuantos en la cornisa. Gracias a su familia, al Tomás no le va a faltar nada. ¿Cuántos niños hay que no tienen esa suerte?

     

Publicado por Río Bravo el 18 de abril de 2011

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