ESTAFAS VIRTUALES 955x100

Domingo, 05 Diciembre 2010 20:39

Los entrerrianos se sublevan con Bartolo Zapata al frente

Escrito por Daniel Tirso Fiorotto

Por Daniel Tirso Fiorotto - Celebramos 200 años, en diciembre, de la movilización de entrerrianos que empezó a romper lanzas con los europeos y se expresó a principio de 1811 con la liberación de tres ciudades.

Bartolomé Zapata, la revolución de un mes. Claro, un mes duró la vida pública meteórica, esta sí que meteórica, del caudillo gualeyo. Y esa lucha concentrada en un mes nos marca todavía.

 

Mezclada entre los recuerdos de Mayo pasado, con motivo del Bicentenario, la figura de Bartolomé Zapata pasó inadvertida para Buenos Aires y apenas se mencionó en su provincia, la nuestra.

 

Si bien su actuación tomó estado público desde que el 18 de febrero de 1811 cruzó lanzas con los españoles para libertar Gualeguay, luego Gualeguaychú, y finalmente Concepción del Uruguay, las tres ciudades entrerrianas con cabildo, los historiadores afirman que la toma de conciencia, las reuniones clandestinas, se sucedían a fines de 1810, de modo que estamos cumpliendo en estos días el Bicentenario del protagonismo entrerriano en la revolución, y el foco de la historia se concentra en Gualeguay.

 

Gualeguay, considerada por algunos primera capital entrerriana, como Concepción del Uruguay La Histórica. Aquí no damos importancia superior, claro, a la embestida de Buenos Aires que se conmemora cada 25 de Mayo, respecto de otras gestas notables de los americanos, en Haití, en Bolivia, en el Perú, en el Paraguay, en Brasil, mucho antes, protagonizadas por afroamericanos, indios, gauchos, criollos...

 

Y es cierto también que en esta nueva etapa, muchos entrerrianos, orientales, y paisanos del noroeste entregaron el alma y la vida por la constitución de un gobierno criollo. Aquí, no sólo por el gobierno criollo sino por la independencia.

 

No hay que olvidar que desde estas tierras ya se llevaban consignas independentistas a la Asamblea del año XIII.

 

Los entrerrianos recordamos las luchas de Francisco Ramírez y su sobrino Ricardo López Jordán, como bastiones del federalismo en su momento, y las proezas también del presidente Justo José de Urquiza, pero hemos dejado en un segundo plano y casi en las sombras a Bartolomé, el primero de vida política tan trascendente como efímera.

 

Del 18 de febrero de 1811 al 21 de marzo de ese año, un mes de vida y tres ciudades liberadas. Si hay proezas, la de Zapata es una.

 

Bartolo se convirtió en revolucionario antes que José Artigas, que servía a los intereses de la corona. Pero qué diremos, si tampoco Artigas, el gran visionario, nuestro padre de la independencia federal y distribucionista, ha sido el centro en las celebraciones por el Bicentenario.

 

Con Venancio Benavídez

 

Tomamos aquí algunas expresiones que brindamos en el número de UNO en el Bicentenario, en el que señalamos las motivaciones de Bartolomé Zapata de este lado del río Uruguay, de Venancio Benavídez y (luego) José Artigas del otro.

 

¿No convendrá explicar, en el Bicentenario, el zapatismo entrerriano de pura cepa, muy anterior al mexicano? En el origen mismo de la provincia de Entre Ríos debe buscarse un hito en 1810, y se resume en un nombre: Bartolomé Zapata.

 

Gualeguay exhibe las primeras flores de nuestra revolución. Ese florecimiento de las luchas de las montoneras empezó por allí, sobre los mismos campos floridos de hoy, un tanto cambiados por los cultivos, claro, pero resistiendo como tanta gente en los baldíos, las banquinas, los márgenes, como tantos “arrojados a los caminos” al decir del también gualeyo Juan L. Ortiz.

 

Sinónimos de convicción y compromiso, Bartolomé Zapata y los primeros revolucionarios criollos entrerrianos podrían considerarse ligados al zapatismo más conocido en el mundo, que hizo eclosión un siglo después con Emiliano Zapata en Morelos, México. Veremos después que, por otra parte, el ataque entrerriano y oriental a los realistas, en Gualeguay y en el Grito de Asencio, oxigenó a dos bandas a los revolucionarios de mayo. Zapata y Benavídez en febrero de 1811 anunciaban a Pancho Ramírez y José Artigas.

 

Las botas de los terratenientes

 

Y por qué “zapatismo entrerriano”. Hay que decir aquí que la revolución de Mayo prendió bien en los pequeños y medianos hacendados entrerrianos u orientales, hartos de abusos y zozobras, que ya venían protestando, con mayor o menor energía, por las arbitrariedades del poder de la corona, de la iglesia, de los terratenientes foráneos.

 

El panorama lucía similar en las dos bandas del Uruguay. Algunos patriotas porteños comprendieron, incluso, que un tal José Artigas podía ayudar en la revolución por sus contactos con pueblos rurales de la Banda Oriental, ya que los más urbanos, en Montevideo, seguían bajo dominio europeo.

 

No sabían, tal vez, que los contactos de Artigas avanzarían más, sobre una misma región amplia de pueblos libres, un paisaje que llamaba a su Protector; y que esos contactos ya venían aceitados con pueblos que muchos creían derrotados y apenas estaban, acaso, en retirada: el charrúa, el guaraní.

 

La revolución, del Río Bravo a la Patagonia, que tuvo alguna expresión también en Buenos Aires en ese Mayo de 1810, encendió los ánimos por muchas razones en el cono sur. En el caso de Entre Ríos, una causa no menor fue el deseo de los propietarios (hoy diríamos pymes del campo) de quitarse de encima el peso de las estructuras latifundistas.

 

Hay una línea desde los tiempos de la conquista, pasando por las décadas de la revolución, hasta las inquietudes del siglo XX. Una cadena que llega con sus eslabones hasta el siglo XXI, hasta hoy mismo, y que puede palparse aún en los encuentros más o menos al margen, fuera del poder constituido, y en los encontronazos por asuntos de la tierra que de tanto en tanto vuelven a colocar a Entre Ríos en el centro de la escena.

 

No es el tema excluyente, claro, pero al momento de pensar un color que tiñera estos 200 años apareció solo, sin forzar nada, la tierra, y en verdad que se ha manifestado con crisis periódicas, y en 500 años el problema está lejos de ser superado.

 

Librados al capricho

 

Hay una difundida columna del estudioso paranaense Rubén Bourlot que nombra “zapatismo entrerriano” a la rebelión encabezada por Bartolomé. Y se detiene en esos fuegos antiguos que volvieron a arder a fines de 1810 y no se apagan.

 

Más de un autor, incluido Pérez Colman, subrayan la actuación del caudillo incipiente, y ediciones recientes vuelven los ojos a Bartolomé. En su obra Entrerrianías, el periodista Mario Alarcón Muñiz aborda sus luchas y también las advertencias previas de Rocamora en torno de la tierra. Hace pocos días este periodista llamaba incluso, en un acto público en el museo Leguizamón, a revalorizar a Zapata en febrero de 1811, cuando se cumplan los 200 años de la reconquista de Gualeguay, Gualeguaychú y Concepción del Uruguay, en su arremetida contra el poder realista que había hecho pata ancha en Montevideo.

 

En la obra El grito de Mayo en Entre Ríos, Elsa Vignola dedica varias páginas a Zapata, y antes a la situación social de este territorio. Dice del sur entrerriano y en referencia precisa a Gualeguaychú: “El progreso de esta Villa se vio entorpecido por los conflictos surgidos con los grandes terratenientes”.

 

El investigador Claudio Biondino, en una tesis publicada en 2006 buscó explicar mejor a los caudillos, analizando el contexto en que debió desenvolverse Bartolomé Zapata.

 

Dice Biondino: “A partir de 1760 es posible distinguir, a grandes rasgos, dos grandes corrientes colonizadoras que se dirigían hacia la frontera oriental (en esta Entre Ríos), una proveniente del Paraná y la otra de Buenos Aires. La primera estaba compuesta, en su mayoría, por grupos familiares provenientes de Santa Fe y de la ‘Bajada’ (actual ciudad de Paraná) que buscaban aprovechar las tierras fiscales disponibles –aunque posteriormente algunos poderosos hacendados descendientes de conquistadores, sobre todo santafesinos, esgrimieron títulos que aparentemente los habilitaban como propietarios de esas supuestas tierras fiscales. La segunda corriente se componía, en cambio, de comerciantes y hacendados más poderosos, quienes buscaban acaparar tierras para explotarlas directamente o para poseerlas como propietarios ausentistas. El ‘choque’ de ambas corrientes resultó conflictivo a lo largo de toda la frontera oriental entrerriana”.

 

El aporte con criterios nuevos que hace Biondino nos resultó pertinente para entender Entre Ríos en su relación con 1810, y como se ve, no hay que forzar nada para señalar la tenencia y el uso de la tierra como el eje de los problemas más hondos y antiguos de la entrerrianía.

 

La Redota y Zapata

 

Ahora, ¿qué movía en el fondo a Bartolomé y sus pares? Los estudiosos señalan que gracias a la presión de los portugueses en estas regiones, las autoridades españolas habían empezado a ver que no les convenían las grandes estancias, sino la población lisa y llana del territorio. Y que eso se sumaba a tendencias del despotismo ilustrado a establecer reformas en la tenencia y limitar las propiedades extensas.

 

En forma indirecta, la presión de afuera perjudicó a los terratenientes, mayormente santafesinos, y en menor medida bonaerenses. Y fue el propio Tomás de Rocamora el que llamó la atención sobre lo que consideraba una injusticia, la de mezquinar tierras al pobre vecino. En las palabras de este criollo nicaragüense pueden encontrarse semillas de disconformidad. Porque son muestras del inconformismo que podía registrarse en los entrerrianos del sur.

 

Había arraigo, había relaciones sociales, había reciprocidades, había conflictos entre barrios, había influencias de poderes mayores (Buenos Aires, Santa Fe, Montevideo); había autoridades civiles, autoridades militares, autoridades de la Iglesia... Se habían formado milicias para distintos conflictos (con los ingleses, con los aborígenes del chaco, con los portugueses...).

 

Y todo mucho antes de 1810, e incluso antes de la “fundación” de Gualeguay. Biondino subraya esos intereses contrapuestos de Buenos Aires y Santa Fe, que tironeaban para quedarse con el territorio entrerriano.

 

Y bien, en estos días se celebra La Redota, desde que los orientales se manifestaron contra los realistas y porteños en el Grito de Asencio, y terminaron cruzando el Uruguay y asentados por miles a las orillas del Ayuí, cerca de Concordia.

 

Hay que decir que el Grito de Asencio se dio a la par de la gesta de Bartolo Zapata, y que ya en diciembre de 1810, hace 200 años, se aprestaban nuestros gauchos para la liberación que pasaría a las armas en febrero de 1811, en ambas bandas del Uruguay.

 

Más zapatistas que Bartolo

 

El propio Bartolomé Zapata reconoce ante la Junta que debió frenarse él mismo y contener a sus pares, porque la indignación de los criollos era tanta que podía desencadenar una sangría. “Hubiera mi gente empapado sus armas en la sangre de estos rebeldes, monstruos de ingratitud, crueles e inhumanos, hubieran incendiado sus hogares, hubieran saqueado sus casas, hubieran, en fin, equilibrado el castigo con el rigor con que ellos se comportaron”, dice Bartolomé, y gracias a que conocía a sus vecinos los contuvo “dentro de los límites de la más justa conmiseración”.

 

El estudioso Nadal Sagastume también pone el acento en el respeto de Zapata a los “bienes ajenos”. No podemos saber, claro, qué hubiera ocurrido sin esa “contención”. Y qué hubieran dicho en ese caso los estudiosos modernos, que parecen valorar hoy la prudencia que Zapata reconoce como un mérito, y al mismo tiempo valoran el fusilamiento de Liniers como una necesidad.

 

La carta a la Junta dice que los gualeyos querían ir por más, y que al mismo Zapata se le saltaban las ganas. Y los autores no especifican a qué se debía en principio el extremismo de los europeos. “No es exageración –dice Zapata-. Ni entre la villa ni en sus inmediaciones se permitía un solo criollo. Si divisan alguno, aunque fuera de lejos, buscaban igual proporción que la que se busca a un pato para asegurarle el tiro”.

 

¿Por qué esa actitud tan hostil de los europeos? ¿Y por qué el espíritu de los criollos, dispuestos a más, si no es por los maltratos que sufrían como respuesta a sus reclamos por la tierra?

 

Queda, sí, la impresión de que algunos gualeyos pudieron ser más “zapatistas” (en el sentido actual) que el propio Bartolomé.

 

* Publicado por Tirso Fiorotto, en el diario UNO Entre Ríos.

 

845x117 Prueba

18 600x360 Marzo VdV pautaweb

Agmer255x255

Amet 300

UsuariosyConsumidoresUnidos