"¡Raposa! / ¡Hija de raposos!" (León felipe)
Cualquiera que haya participado de una toma, un corte o una movilización en la que se cante el Himno sabe lo que se vive al repetir con toda la sangre y la bronca el sagrado grito de ¡libertad!, ¡libertad!, ¡libertad! Algo así habrán sentido nuestros patriotas la mañana del 20 de noviembre de 1845 mientras cargaban sus armas y apuntaban a la flota invasora desde las barrancas del Paraná. Pocas veces fue tan cabal el juramento de morir con gloria.
“Tu imperio es solo una torre artificiosa de ambiciones encadenadas” (León Felipe)
Al menos desde 1806 y hasta hoy, el imperialismo inglés con su hocico asomado demuestra sus ambiciones sobre la Argentina. Para cumplirlas ha usado sus ejércitos, bancos, empresas, espías y una enorme quinta columna con partida de nacimiento criolla.
En 1845 en un intento de navegar el Paraná hacia el norte para vender sus mercancías, utilizaron la excusa de mediar en un conflicto en la Banda Oriental entre Oribe y Rivera. El gobierno de Rosas declaraba “pirata” a todo aquel que intentara utilizar nuestras vías fluviales sin autorización. El 13 de agosto, Rosas había suspendido los pagos de la deuda externa, entre ellos, los pagos a la Casa Baring Brothers de Londres. Mientras tanto, Urquiza se sumaba a los intentos de balcanización pactando en Alcarás con los unitarios pro-británicos una supuesta independencia de la Mesopotamia.
“tú eres sólo un trust de mercaderes. / Vieja raposa avarienta”
Con 800 soldados distribuidos en once barcos de guerra a vapor y noventa mercantes; armados con 64 modernos cañones estriados de carga posterior; los ingleses y franceses habrán creído que llegar a Paraguay por el Paraná iba a ser un paseo. No contaban con las cadenas que impedirían su avance en el Paraná Pavón y el Paraná Guazú. Tampoco con la obstrucción que en el Paso de la Ramada provocaban la goleta Chacabuco, la balandra Carmen, los pailebotes Arroyo Grande y Apremio y el Buena Vista, un lanchón armado en guerra. Mucho menos, con la garra y el coraje de los patriotas, entre los que se contaba el gaucho veterano de Malvinas, Antonio Rivero.
“aún hay lanzas y hiel sobre la Tierra”.
En la vuelta que da el Paraná frente a las costas de San Pedro, a las 8 de la mañana asomó la flota invasora. Habían pasado tres días estudiando el camino a seguir para poder avanzar por las aguas del primo del mar. A las 9 y media de la mañana comenzó el combate. La carga de las baterías se extendió hasta las cinco de la tarde, mientras los fusiles seguían pasadas las 11 de la noche.
Cuando los patriotas quedaron sin municiones y los barcos invasores lucían bastante maltrechos, intentaron desembarcar. Allí la defensa estuvo a cargo de la infantería y fue a bayoneta, mientras la banda de los Patricios tocaba el Himno Nacional. Historiadores como José María Rosa y Horacio Chitarroni afirman que en la carga a bayoneta calada fue herido de muerte el gaucho entrerriano Antonio Rivero.
De los 2.160 combatientes criollos, murieron 250 y 400 fueron heridos.
Sobre las bajas de los atacantes, contaba el cronista Sabino O‘Donnell que “puede decirse que es doblemente mayor; han echado al agua montones de cadáveres”. Unos 40 barcos fueron inutilizados. Los que pudieron sortear el bloqueo remontaron el río y cada vez que intentaban llegar a las costas eran hostigados y atacados por los pobladores en Entre Ríos, Corrientes y el Paraguay.
Para Inglaterra y Francia, Obligado fue una victoria militar pero una grave derrota política y comercial.
Al regreso les fueron incendiadas varias naves y debieron tirar al río cuero, yerba y tabaco que traían de Corrientes y del Paraguay. Pobladores del Ibicuy contaban que “por el Paraná, además de estos productos, pasaban muchos cadáveres de la tripulación de la flota”. Y en enero del ‘46, en Punta Quebracho los esperaban los hombres de Mansilla; allí fue tal la paliza que cuando llegaron a Montevideo aconsejaron no repetir jamás la aventura.
La heroica defensa de la Vuelta de Obligado significó el fin del bloqueo francés e inglés a los puertos argentinos; debieron devolver la Isla Martín García y todos los buques argentinos capturados; reconocer la soberanía argentina y olvidarse de la “libre navegación de los ríos interiores”. Finalmente y como broche de oro, cada una de las flotas invasoras debieron saludar la Bandera Argentina con 21 cañonazos.
“Sobre mis muertos de hoy, el mundo de mañana levantará / la Primera casa del Hombre”.
La historia requiere que seamos lo más objetivos posible en el repaso. Tenemos muchas cuentas que saldar con Rosas y con Mansilla. Sobre el supuesto “nacionalismo” de Rozas y Patrón hay mucho debate que no puede ser rehusado; baste como ejemplo la polémica que desde una posición proteccionista de las economías regionales mantuvo con Rosas el gobernador correntino Pedro Ferré. Pero en la defensa de la Vuelta de Obligado, tuvo una posición justa. Así como fue justa y patriótica su decisión de suspender los pagos de la deuda externa.
Aquella política fue todo lo contrario al principio de “defensa defensiva” que mantiene hoy el gobierno kirchnerista. La defensa defensiva aparece como un “concepto teórico” que fue acuñado y propagandizado por Ricardo Runza (ex oficial de la Fuerza Aerea y asesor de Nilda Garré, sobre él existe una fogosa apología escrita por Verbitsky en Página12) junto a Marcelo Acuña, un ex alto funcionario de López Murphy cuando el bulldog ejercía en el Ministerio de Defensa.
El ejemplo de Obligado nos aporta respuestas sobre cuál sería hoy la injerencia británica en nuestra soberanía si, como aquella vez, tomáramos medidas que afecten a sus intereses económicos.
Un capítulo aparte es el papel de los historiadores del sistema cuando intentan ocultar hasta lo más visible. El caso del Gaucho Rivero lo ilustra con varias aristas. En 1966, un dictamen de la Academia Nacional de la Historia consideró que este hombre que arrió la bandera inglesa e hizo flamear la azul y blanca en una factoría británica en Malvinas fue un “criminal común”, apenas “molesto porque no se le pagaba debidamente por sus tareas”. Para nosotros, Antonio Rivero desoculta el protagonismo de las masas criollas y aborígenes en nuestra historia. Y muestra que en todo proceso histórico existe una unidad y coherencia entre la reivindicación social y los objetivos patrióticos de liberación y soberanía.
“La Historia es larga, /el Hombre eterno, / y tu eres sólo la sombra pasajera de la avaricia. // Oye, Raposa: /Yo soy el grito primero, cárdeno y bermejo de las grandes auroras”. (León Felipe, 1937)
(Porque compartimos el sano odio a esa comadreja rapiñera que es Inglaterra, nos acompañan versos del poeta valenciano León felipe)





