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Domingo, 09 Junio 2013 10:26

¿Me permite cien preguntas?

Escrito por Jorge Riani*

Cada 7 de junio aparece el mismo asunto, como un hueso duro al que se desentierra para aplicarle insuficientes dentelladas para, así, luego enterrarlo una vez más por un año: cómo está la convivencia del gobierno con el periodismo.

La respuesta se puede hallar en los diarios, los programas radiales, los noticieros televisivos, los sitios digitales. La prensa habla por sus resultados. Un dato inquietante: Información Pública provincial es el principal proveedor mayorista de “noticias”. La multiplicación de sitios digitales –con honrosas excepciones– lejos de democratizar el espectro de opinión, parece haber multiplicado el discurso único. Resulta penoso ver el resultado que propala Google cuando se introduce alguna palabra o frase en busca de un asunto puntual. Por ejemplo: “Urribarri + escuela” vomitaría la misma noticia una y otra vez en innumerable cantidad de sitios. Exactamente la misma noticia, con errores y todo.

¿Es un problema del gobierno ese? Sí, pero no exclusivamente. Este 7 de junio no debe ser una jornada para festejos. La propuesta es que los periodistas celebremos la vergüenza gremial de ser, en términos generales, cada vez menos protagonistas de nuestras notas, de nuestros reportajes.

En otras palabras, la idea propuesta desde este espacio es que dejemos de lado la copita de vino en mesa tendida en repartición pública, nos olvidemos de la agendita grabada con nuestro nombre y la fecha, 7 de Junio, para iniciar, en cambio, el camino que nos deposite en un estado de situación tal que –pongamos a fin de año, por decir algo– nadie pueda decir: “pobrecito este periodista; él no hace nota, se la hacen”. Y de ese modo que realizar una nota, escribir un artículo, sea algo más que registrar, maquinal, el dictado de un grabadorcito.

Un periodista es algo más que un dactilógrafo, algo más que un sostenedor de grabador, algo más que un sonreidor compulsivo como reacción ante las frases del funcionario o el legislador que vamos encerrando en el MP3. Un periodista sabe dudar, sabe preguntar, pero por sobre todo, sabe repreguntar. El periodista escucha y lee en una información emanada desde la prensa sectorial no tanto por lo que dice, como por lo que calla. El periodista no busca amigo con sus notas. El periodista sabe que en un asado familiar habrá caras largas de hermanos, cuñadas, sobrinos por haber escrito esa nota que inquieta no ya a alguien a quien nunca veremos sino, muchas, muchas veces, a quienes más nos quieren.

“Queremos preguntar”, corografió medio centenar de periodistas porteños en el programa televisivo de Jorge Lanata, apostando al recurso que el inalcanzable Tato Bores desplegara en la década del 90 para repudiar a una jueza amiga del poder que le quiso secuestrar los tapes del programa.

El queremos preguntar de los periodistas que acudieron al programa de Lanata tenía como únicos destinatarios a la Presidenta argentina y sus más encumbrados funcionarios.

En lo particular no creo que sea indispensable preguntarle al poder lo que sabemos, de antemano, lo que el poder va a contestar.

Cuando llegaba a un pueblo, Carlos Menem contestaba las preguntas de todo el mundo en sus rutinarias conferencias de prensa. Había tiempo para responder hasta el más ignoto de los periodistas de una FM, incluso en los pueblitos donde comenzaban –por obra y gracia de su gestión presidencial– a desaparecer las fábricas, los ferrocarriles, las escuelas.

Menem dejaba preguntar con libertad, para luego contestar lo que se le ocurría, casi siempre con tono campechano, con giros propios del pícaro de la clase. Pero lo grave es que ese hombrecito enjuto y simpaticón era Menem, el mismísimo presidente que encubrió los negociados más escandalosos, regaló el patrimonio público estratégico para cualquier país, celebró la corrupción y apostó al grotesco político.

¿De qué sirve preguntar a un poder cuando ese poder no quiere hablar? No fue necesario cursar ninguna pregunta al vicepresidente Amado Boudou para revelar su particularísimo interés enmarcado en el escándalo Ciccone-impresión-de-billetes-testaferro. Y el gobierno tampoco dice una sola palabra de las acusaciones de lavado de dinero de quienes ocupan sus principales cargos.

El periodismo se nutre de mucho más que el trabajo del periodista. Desde algunos lugares se insiste en que sin periodismo no hay democracia. Es discutible, pero interesante. Habrá que agregar que sin ciudadanía no hay periodismo.

El periodismo debe ser un sistema en sí mismo. No puede ser el resultado artesanal de un trabajador precarizado, con medios largados a la buena de dios, sin respaldos, sin sociedad dispuesta a consumir periodismo.

La relación entre poder político en la función pública y periodismo siempre ha sido tensa. Evaristo Carriego, abuelo de Carrieguito, fundó varios diarios y fue implacable en su tarea como periodista. Contó una vez: “No pasaron días, sin que recibiera la visita de un moreno agreste, apellidado Sagastume que: -‘De parte del gobierno –me dijo– quizás le conviniera no aludir al gobernador, cada vez que desee convertirse en periodista’. Le lancé, como una mordida: –‘Y usted, cara de diarrea pujante, más le convendría ocultar su pinta de puñetero, antes que, de una patada, le apresure la cursiadera’. Tuve que aguantar la clausura en el tercer número”.

Qué decir de la anécdota esa: ¡Ah, bendita y escatológica enseñanza, don Evaristo!

Ya se ve, el poder político y los periodistas no mantienen una amistad sin resignar alguno parte de sus roles. Claro que hay matices y este momento no es bueno. Pero como el periodismo es mucho más que gobierno y periodistas, nos permitimos algunas preguntitas para quienes debieran ser, también, parte del libre juego de la circulación de noticias y opiniones, en fin, ser parte del periodismo.

A la oposición. Señor dirigente político que disfruta tanto de las notas críticas hacia el gobierno, ¿aportan alguna información clave para alguna nota? Usted, diputado radical, diputado socialista, ¿qué información compartió este año con algún periodista?

Además de sorprenderse cada vez que la pauta oficial, que como una marea va y viene según el humor del oficialismo, se retira en medio de los reproches, ¿qué hace?

Al oficialismo. Señor funcionario, señor legislador, ¿exteriorizó usted su enojo con un periodista en el último tiempo? ¿mandó algún apriete a periodistas? ¿envió algún mensaje de texto insultando a algún redactor, a algún columnista radial? ¿Apuesta de verdad a la diversidad de opiniones? ¿Se banca las críticas? ¿Es capaz de decir: ‘no coincido con vos, me enoja que pienses así, pero no te castigo con la pauta oficial`'?

A los empresarios. Usted señor de buen vivir y auto de alta gama, ¿apuesta a los medios de comunicación con la publicidad para garantizar la viabilidad de las voces alternativas? Usted que esa vez llamó a la radio para quejarse por el impuesto y las trabas a la actividad comercial, el cepo a la compra de dólar, ¿se pregunta de qué vive el periodista que lo sacó al aire ese día? ¿No se figuró la posibilidad de que su empresa también puede tener un lugar en el espacio de publicidad? ¿Sólo le interesa un aviso si va a tener más clientes o no piensa que también publicitar puede ser parte de la responsabilidad social de la que tanto le gusta hablar en los congresos de Bariloche?

A los periodistas. ¿Cuál de sus trabajos lo deja más satisfecho de lo que realizó en los últimos 12 meses? ¿En qué medida aportó algo distinto, algo que le permita decir dentro de 10 años: ‘a esto lo escribí yo y generé tal resultado?

¿En qué tema se especializa? ¿Qué está estudiando en este momento? ¿Qué libros leyó en los dos últimos meses? ¿Con qué periodista se identifica? ¿Tiene alguna referencia-maestro-inspirador o cree que no lo necesita? ¿Como quién quiere ser recordado al retiro de su actividad? A ver, a ver, cuéntenos sobre ese reportaje que le dio trabajo, que lo obligó a estar con la guardia alta, la cabeza con información para que no lo pase para el cuarto el delincuente que entrevistó. ¿Tiene tal reportaje? ¿Ama su firma en el diario o lo da igual si sale estampada con cualquier cosa? ¿Tiene algo para decir que sea más que lo que su tía puede reflexionar en el cumpleaños familiar? ¿Puede sentarse a reflexionar sobre un hecho más allá del hecho?

A la sociedad toda. ¿Qué diario lee? ¿Sabe quiénes son los dueños de los medios que consume? ¿Dedica más horas a Tinelli que a Alconada Mon en la semana? Si Internet ofrece los diarios de todo el mundo gratis, ¿lee algo más que las secciones policiales y sociales del diario local? A usted que le gusta hablar de la Ley de Medios, ¿conoce la relación de fuerza gobierno-medios-periodistas o solo se limita a la pelea Clarín-Casa Rosada?

A la universidad. ¿Qué tema del medio local la llevó a fijar posición institucional? Preocupada por la minería a cielo abierto en el norte del país, ¿se pregunta en manos de quién están las riquezas, la salud general, los agroquímicos, por caso? ¿Le da igual si su carrera de Comunicación Social prepara periodistas o confeccionadores de gacetillas del diputado o senador tal?

Son apenas algunas preguntas sueltas. Es cierto, los periodistas queremos preguntar, pero más que nada poder dar respuesta y exigirlas a todos los integrantes de un sistema. Sin ciudadanía, no hay periodismo.

* Publicado por www.entreriosahora.com y reproducido por Río Bravo el 9 de junio de 2013.

 

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