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Viernes, 26 Junio 2026 16:35

10 años luchando contra las drogas y el rescate de los jóvenes

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A una década de su nacimiento el Movimiento “Ni un pibe y piba menos por la droga” sigue batallando por la vida de las y los jóvenes. Frente al ajuste mortal a las Casas de Atención y Acompañamiento Comunitario (CAAC), efecto de las políticas de destrucción y entrega nacional de Javier Milei, las organizaciones barriales levantan una jornada de lucha para visibilizar la importancia de estos dispositivos, el último refugio en tierra de nadie.

El ajuste de Milei es el avance de la droga

Cada 26 de junio, el Movimiento “Ni un pibe y piba menos por la droga”, celebra su nacimiento. La fecha es especial por es también el Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas. En este 2026, el Movimiento cumple 10 años.

A una década de su nacimiento su lucha sigue alumbrando la esperanza de un mundo libre del narcotráfico y de sustancias psicoactivas. Pero hoy, bajo el gobierno nacional de Javier Milei, recibe fuertes golpes que lo debilitan frente a la urgente necesidad de salvar vidas.

Por eso en la fecha de su cumpleaños lanzó una Jornada Nacional de Lucha bajo el lema: “Si el Estado abandona, el narcotráfico no perdona”, denunciando que “el ajuste del Gobierno nacional desmantela los programas de prevención y abordaje de las adicciones, profundizando el descarte y la persecución. En este contexto, los barrios populares quedan desamparados, dejando sin espacios de contención a pibes, pibas y familias enteras”.

El Movimiento señala que el ajuste de Milei a la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina (Sedronar) y la reducción de presupuesto al programa de Casas de Atención y Acompañamiento Comunitario (CAAC), significa de hecho un avance de la droga. Por eso subraya que “la salida no es el abandono ni la violencia; la salida es comunitaria, con derechos y oportunidades reales en cada barrio”.

En Paraná, las organizaciones que integran el Movimiento, decidieron trasladar la jornada para el miércoles 1 de julio. En la plaza Eva Perón, en el barrio San Agustín, realizarán actividades de Prevención y Cuidados, de 14 a 17. Allí habrá juegos, merienda, actividades culturales y stand informativos.

Breve historia del Movimiento

El hecho que originó la consigna “Ni Un Pibe Menos Por La Droga” —hoy Ni un pibe y piba menos—, fue la muerte de Francisco Quintana en la localidad de Casilda, provincia de Santa Fe. Francisco fue un joven de 15 años quien falleció en una plaza pública en la noche del día 7 de diciembre de 2015, como consecuencia del consumo de LSD. La muerte del joven conmovió a la tranquila ciudad santafesina. Vecinas y vecinos vieron con preocupación, en este hecho, el inexorable avance de la droga. Amigos, familiares, la comunidad de la escuela donde estudiaba y todo Casilda se movilizó exigiendo al gobierno provincial y nacional “Justicia por Francisco”. La marcha de Casilda fue muy grande y atrajo las miradas y comentarios de mucha gente y ejerció presión sobre la opinión pública.

A partir de la historia de Francisco, la consigna “Ni un Pibe Menos por la Droga” comenzó a replicarse a lo largo y ancho del país, promovido por las mismas organizaciones populares que sintieron como propia la demanda. Al año siguiente de lo ocurrido en Casilda, más precisamente el 28 de Junio de 2016 en el marco del “Día Internacional de Lucha contra el tráfico y uso indebido de drogas” se concentran en el obelisco organizaciones de diversa índole entre las ellas, la Corriente Clasista y Combativa, la Juventud CTA Autónoma, el Movimiento Vientos de Libertad, el Frente Popular y los curas villeros bajo una misma consigna: “Ni Un Pibe Menos Por La Droga” exigiendo al gobierno nacional de Mauricio Macri la destinación del presupuesto necesario para llevar adelante políticas públicas que aborden los consumos problemáticos a través del deporte, la cultura, la educación y el trabajo. En ese mismo año, en todo el país, se llevaron a cabo diversas actividades bajo el mismo nombre.

En Paraná, fue un jueves 28 de julio de 2016, cuando se realizó la conferencia de prensa, desde la sede de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), donde el Movimiento hizo su presentación. En ese momento, estaban presentes en aquel acto fundacional: Juventud de la CTA, Corriente Estudiantil Popular Antiimperialista, Movimiento de Unidad Secundaria, Corriente Clasista y Combativa, Partido Comunista Revolucionario, Juventud Comunista Revolucionaria, Juventud Partido del Trabajo y el Pueblo, Grupo Descartes, Programa de Extensión de cátedra "Por una nueva economía, humana y sustentable" (Facultad de Ciencias de la Educación, UNER), Partido Socialista de Entre Ríos y Paraná, Juventud Socialista de Entre Ríos y Paraná y Fundación “Ave Fénix”.

La guerra cosmética contra el narcotráfico

El 26 de junio es el Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas. La fecha fue establecida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1987. El objetivo es reforzar la acción y la cooperación global para alcanzar una sociedad libre del abuso de sustancias y luchar contra el narcotráfico.

El propósito es noble, pero los objetivos de, algún día, eliminar de la faz de la tierra el consumo y el narcotráfico parece una ilusión. O al menos es un engañapichanga, porque pensar que este flagelo se va a eliminar en la época del capitalismo imperialista o es una burrada o es una artimaña.

Fue Richard Nixon, el presidente de los Estados Unidos, quien en 1971 declaró oficialmente la “Guerra contra las Drogas”. Pero los yanquis son muy avezados en la construcción de narrativas falsas. Esta proclama fue en realidad, según Amnistía Internacional (AI), una guerra contra las personas. La organización de Derechos Humanos explica que la “leyes que castigan y estigmatizan a quienes consumen drogas y a otras personas que intervienen en el comercio de drogas se ha traducido en encarcelamientos masivos, enfermedades, sufrimiento y violencia. La criminalización de las drogas no hace disminuir ni su consumo ni su suministro. Por el contrario, da lugar a un comercio clandestino, incrementa los daños asociados al consumo y potencia la delincuencia organizada, la corrupción y la violencia”.

Estados Unidos es en realidad uno de los grandes jugadores del narcotráfico, no sólo porque es el mayor consumidor, sino porque lugares como Wall Street, centro financiero mundial, es el principal receptor y lavador de las ganancias de este negocio criminal. Además, tiene fuerzas policiales como la Administración de Control de Drogas (la famosa DEA), que en los hechos es una entidad federal con doble rasero, que opera internacionalmente. O sea, los yanquis controlan el negocio.

Como viento en popa

Así va el negocio desde hace más de 50 años, desde aquella declaración de guerra. El documento titulado: “La guerra contra las drogas: 50 años de despilfarro y socavamiento de las economías”, de la Fundación para la Transformación de la Política de Drogas, concluye que “la guerra contra las drogas es una decisión política”, y que “a menos que se acabe con la pobreza mundial, no hay esperanza realista”. El informe declara también que, en estas cinco décadas, la guerra es un fracaso, que han aumentado la oferta y la demanda y que ha creado un mercado criminal que es altamente lucrativo.

El mundo despilfarra millones de dólares, tiempo profesional, conocimiento y esfuerzos mancomunados de distintas organizaciones en una guerra en la que los costos de destrucción y muerte solo cuentan para el pueblo. El enemigo siempre un paso adelante, como si en esa gran trinchera internacional hay una Quinta Columna trabajando.

Lo que hay que entender de fondo es que el negocio de las drogas no es una deformación del sistema, una verruga que se puede extirpar del cuerpo del capitalismo, sino que es expresión del sistema capitalista mismo, ya maduro en su total desarrollo. Otros negocios también lo son, como el de venta de armas y el de trata de personas.

En alguna oportunidad, por ejemplo, nuestro presidente, Javier Milei, lo ha expresado en su verborragia libertaria cuando dijo que la venta de órganos “es un mercado más”. Lo que Milei dijo es lo que los ricos que manejan el mundo piensan (y hacen).

Las drogas en Argentina: negocio imperialista con control estatal

Carlos del Frade, periodista e investigador con gran autoridad en el tema, en su artículo “Narcotráfico y vida cotidiana”, en el compilado “Ni un pibe menos por la droga. Debates y experiencias en Santa Fe” (Editorial Último Recurso), explica que el narcotráfico es “un negocio capitalista que empieza en las mesas chicas capaces de organizar la logística necesaria para el lavado de dinero y luego imponer el consumo en cada barrio, en cada pueblo del país”. Y señala también que junto al petróleo, el extractivismo, las armas, lo medicamentos y la trata de personas, el narcotráfico es “una de las principales vías de acumulación de dinero”.

En Argentina el negocio comenzó en 1978 como un negocio paraestatal, coordinado entre las dictaduras militares de Argentina (Jorge Videla) y Bolivia (Hugo Banzer), con el objetivo de financiar operaciones clandestinas y lograr el control social.

El 24 de abril de 1978 el represor Emilio Massera recibió un cargamento de 200 kilos de cocaína proveniente de Bolivia en el puerto de Rosario. La droga ingresó con el amparo y la logística de altos mandos del Segundo Cuerpo de Ejército, operando junto a grandes narcotraficantes de la época.

Del Frade ha investigado cómo esta ruta histórica trazada en esos años se consolidó a través del río Paraná. La posterior privatización de los puertos facilitó el escaso control sobre lo que entra y sale del país, convirtiendo a la región en un polo de distribución de cocaína hacia Europa y otros continentes.

La reciente reprivatización y control del Paraná y sus terminales portuarias, por donde entra y sale cualquier cosa, tiene mucho que ver con las necesidades de los intereses multinacionales en este negocio. Y bajo los ojos de Gendarmería y Prefectura circulan toneladas de cocaína.

Capitalismo puro. Negocios que se hacen desde arriba hacia abajo”, afirma del Frade, negocio que relaciona bandas narcopoliciales con “nichos corruptos de la política, el poder judicial, los empresarios, los bancos, las cajas de cambio, el fútbol y el fenomenal desarrollo inmobiliario”.

Los verdaderos narcos, la cabeza de la serpiente.

La China de Mao destruyó el narcotráfico en tres años

Mientras se siga buscando la solución al problema bajo el cono de luz que ofrece el capitalismo, no se hallará nada. Por eso, entre las experiencias exitosas de la lucha contra las drogas, en la oscuridad permanece la experiencia de la revolución china.

Conocida es la importación británica de opio y las sucesivas “Guerra del Opio”, con las que los ingleses obligaron al país asiático a comprar la sustancia. Por entonces, y por las armas, el imperio británico impuso el consumo y la producción de esta droga.

En el artículo “El abuso de drogas en China: pasado, presente y futuro”, del repositorio digital de artículos científico en el campo de la biomedicina, PubMed Central (PMC), señala que el comercio de opio prosperó debido a su gran rentabilidad: “Inglaterra importó 4.000 cajas (de 50 a 60 kg de opio por caja) de opio de la India a China cada año durante las dos primeras décadas del siglo XIX”, y el número total de cajas de opio contrabandeadas a China fue de 420.000 entre 1800 y 1840.

Para 1906, China “tenía 13,5 millones de adictos a los opioides, que representaban el 27% de la población masculina adulta, y habían consumido unas 39.000 toneladas de opio. Esta asombrosa prevalencia de adicción a los opioides fue probablemente la mayor en la historia mundial”. Antes de la República Popular China en 1949, había más de 20 millones de consumidores de opio. Para 1952, el tráfico y el consumo de drogas prácticamente habían desaparecido.

A excepción del país social imperialista que es hoy (capitalista imperialista en los hechos, socialista en las palabras), la entonces República Popular China, bajo el liderazgo de Mao Tse-Tung, logró erradicar la crisis masiva de adicción al opio y otras drogas en solo tres años (1949-1952).

Lo pudo hacer porque el pueblo en el poder declaró una verdadera guerra popular revolucionaria contra el negocio y los narcos y cortó las cadenas de opresión con las potencias capitalistas, el origen del problema.

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