Los datos salariales de la administración pública provincial muestran una foto incómoda: aun con aumentos nominales importantes, el salario real sigue perdiendo terreno frente a la inflación. La dinámica no es nueva en Argentina, pero los números recientes permiten dimensionar con claridad la magnitud del deterioro.
Si se toma como punto de partida diciembre de 2023, los incrementos salariales parecen significativos. Por ejemplo, un cargo testigo sin antigüedad pasó de $303.363 a $983.367 en marzo de 2026, lo que implica una suba del 224%. Sin embargo, en el mismo período, la inflación acumulada fue del 213,5%, lo que deja una mejora real apenas marginal.
El problema se vuelve más evidente al observar cargos de mayor jerarquía. Un jefe de departamento con 20 años de antigüedad tuvo un incremento del 169,9%, muy por debajo de la inflación. En términos reales, su salario cayó hasta representar apenas el 86,1% del valor que debería tener para mantener poder adquisitivo. Es decir, perdió más de un 13% en términos reales, aun después de los aumentos.
Pero el deterioro más fuerte aparece cuando se amplía el horizonte temporal. Si se compara contra septiembre de 2023, la situación cambia de matiz a directamente crítica. En ese caso, los salarios aumentaron entre 228% y 293%, pero la inflación acumulada fue del 380,6%. El resultado es una pérdida generalizada del poder adquisitivo: Los cargos más bajos quedaron en torno al 81% del salario real; los intermedios, cerca del 70%; y los de mayor antigüedad, apenas en el 68%.
En otras palabras, hay sectores del empleo público que perdieron más de un 30% de su capacidad de compra en poco más de dos años.
Este fenómeno no es aislado. A nivel nacional, distintos estudios muestran una tendencia similar: los salarios reales vienen cayendo en los últimos años y sufrieron un golpe particularmente fuerte tras la aceleración inflacionaria de fines de 2023. Incluso con cierta recuperación posterior, todavía no logran recomponer lo perdido.
Lo que muestran los datos provinciales es algo más específico: la recomposición salarial no es homogénea. Los cargos más bajos logran acercarse al empate con la inflación en períodos más cortos, pero los puestos de mayor responsabilidad quedan sistemáticamente rezagados. Esto genera un doble efecto: deterioro del ingreso y compresión de la pirámide salarial.
Además, aparece otro problema estructural: los aumentos llegan tarde. Cuando la inflación corre al 200% o más, incluso pequeñas diferencias en los tiempos de actualización implican pérdidas acumuladas significativas. Así, aun acuerdos que “cierran” en términos nominales terminan licuados en la práctica.
El resultado final es conocido pero no por eso menos preocupante: trabajadores que, pese a recibir aumentos, pueden comprar menos que antes. Y un Estado que, lejos de ordenar la cuestión salarial, reproduce —y en algunos casos amplifica— la pérdida de poder adquisitivo.
La pregunta hacia adelante no es solo cuánto aumentarán los salarios, sino si lograrán, alguna vez, dejar de correr desde atrás.
Fuente estadística de Entre Ríos: salarios cargo testigo de la provincia.
Publicado por Río Bravo el 27 de abril de 2026.





