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Lunes, 29 Septiembre 2014 15:35

Vivir en sepia, crónica del pasado en el presente

Escrito por Gonzalo Núñez
LA FOTO EN SEPIA: Domingo Daniel Rossi (Intendente de Santa Elena) y Sergio Daniel Urribarri (Gobernador de Entre Ríos). LA FOTO EN SEPIA: Domingo Daniel Rossi (Intendente de Santa Elena) y Sergio Daniel Urribarri (Gobernador de Entre Ríos).

 

 

Una banda de música da inicio a los festejos. Instrumentos musicales y funcionarios públicos atiborran el escenario, mientras tenues luces amarillentas resaltan la figura de un hombre sin rostro y de aspecto añejo en medio del clima de algarabía popular. A su vez, las luces dibujan sobre el contorno del hombre a algunos espectadores de la primera fila.

Cuando la música termina, el Señor da unos pasos hacia al frente surgiendo del vacío de la tarima y se para frente a la multitud que aplaude frenética. El hombre en sepia siempre estuvo allí, pero ahora lo hace notar. Vuelve a posarse en el centro de la escena como el cuervo espectador de la noche y el día. A su lado, como una fotografía del pasado, otro hombre del pretérito saluda, se abraza y suelta sonrisas a los vecinos. Es el aspirante a la Rosada que camina entre los humildes y recita bondades de su propio Gobierno.

Cerca del Paraná, sobre una callecita del barrio Fátima, un pasacalle anuncia: “Nueva Costanera Alta, La Obra Más Importante para el avance de la Ciudad”. Otro, más ambicioso, se adueña del escenario principal: “El balcón más imponente del Paraná”, alardea la proclama sobre las cabezas de los ‘representantes del pueblo’.

Sin mayores ademanes el hombre en sepia felicita a los presentes, habla de las virtudes de la democracia que lo restituyó al lugar que supo ocupar porque él, afirma, era El Continuador de una obra trascendental para la historia del pueblo. Su prédica continúa, habla con la naturalidad de un clérigo. El micrófono silba metálicamente, acomoda el cable enredado entre sus zapatos y fija los ojos hacia delante, justo en esos rostros salpicados por las luminarias.

Quizás antes de sus próximas palabras recuerda los consejos de su viejo compañero de andanzas políticas, el que le enseñó a ganarse la gente, a mirarlos como a un hermano y prometer obras insuperables.

“Siempre levantá los brazos, con las palmas de las manos tenés que tocar el aire, cumpa”, le dijo una vez mientras se preparaba para desafiar al juez.

El hombre en sepia le hizo caso aquel día de invierno, cuando la ‘injusta justicia’, como se lo escuchó decir, lo encontró culpable de enriquecimiento ilícito. De todas formas salió de tribunales erguido por sus propias mentiras y, ante los manifestantes que personalmente se encargó de hacer llegar hasta el lugar, elevó sus brazos y gritó para que oiga hasta el último hombrecillo: “Tal como lo había dicho, la justicia me ha declarado inocente”. Aplausos atronadores, y vivas se escucharon por todas partes.

Pero ahora estaba nuevamente, frente a los mismos de siempre, a los que lo acompañaron y criticaron; frente a los que recibían -y los que reciben- dádivas y quienes piensan que “no queda otra”.

“Para aquellos que se llenan los bolsillos, el pueblo les puso el freno”, proclamó el hombre en sepia una vez y lo reiteró cuantas veces pudo. La afirmación moviliza las gargantas de sus partidarios. Ahora, el hombre en sepia, celebra - una vez más- el regreso de un tiempo que nunca quedó atrás.

 

Publicado por Río Bravo el 29 de septiembre de 2014

 

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