¿Cómo reaccionarías si alguien que conocés desde hace mucho tiempo te confiesa que es un hombre de Cromagnon que lleva 14 mil años sobreviviendo? Esto fue lo que ocurrió a los amigos de John Oldman, profesionales y docentes universitarios, cuando fueron a despedirlo ante una inminente mudanza hacia otra universidad. Y es la situación que desencadena la historia de El Hombre de La Tierra.
El Hombre de la Tierra, del director Richard Schenkman, fue filmada en el año 2007 y por decisiones de los empresarios de la industria cultural, sólo fue estrenada en Estados Unidos; aunque cuenta con una infinidad de descargas en Internet que fueron incrementándose mediante el boca a boca. La película es excelente, y nos mantiene atentos y atrapados hasta el final, no sólo por el conflicto que se plantea frente a la pantalla, sino por las reflexiones y cuestionamientos que dispara en el público.
Los hechos suceden en el interior de la casa de Oldman, una cabaña en una zona de bosques en las afueras. Allí llegan un biólogo, una profesora de literatura, un antropólogo, un arqueólogo con su alumna para despedir a Oldman, que sorpresivamente decidió dejar sus amistades, su casa y un puesto de importancia en la universidad para irse a vivir a otro lugar. Luego de varias preguntas sobre el motivo de su partida, John decide contarles la verdad: que hace 14 mil años que vive de ese modo, teniendo que abandonar todo cada diez años para no ser descubierto por quienes lo rodean, porque es un Cromagnon que ha sobrevivido.
Como es de esperar, cada uno reacciona de distinto modo ante la revelación; no hace falta decir que la primer respuesta fue la incredulidad. Luego, aplicando principios del campo científico de cada uno, van debatiendo acerca de la verosimilitud de la historia y aportando elementos de discusión que obliguen a Oldman a mostrar incoherencias o contradicciones en su relato. Por ejemplo, con la explicación de una posible anomalía en el mecanismo de regeneración de las células del organismo humano, el biólogo permite pensar que es posible una supervivencia como la del protagonista durante tantos milenios. Mas tarde, se unirá un psicólogo, también amigo, al que convocaron pensando que estaban ante un caso de esquizofrenia; es la intervención de éste, la que hará aumentar la tensión del conflicto.
El principal mérito de la película reside en el guión; comenzado a escribir por Jerome Bixby en la década de los 60 hasta su muerte en el año 98 y terminado por su hijo Emerson Bixby, quien luego se lo alcanzó a Schenkan para su filmación. Al meticuloso trabajo de los Bixby corresponde el mérito de mantener a la audiencia atrapada con una película donde “no pasa nada” más que lo que se dice en los diálogos.
El guión no solo nos brinda un recorrido por los acontecimientos más importantes en la historia de la humanidad, sino que también nos permite comprender de qué modo se producen la construcción social y la apropiación individual del conocimiento; cómo se desarrolló la evolución histórica de la percepción del tiempo y el espacio; cómo el psiquismo sistematiza la experiencia; etc.
Algo que llama la atención en la mayoría de las críticas publicadas sobre la película es que ponen el acento en la verosimilitud de la historia, siendo que cada vez que nos sentamos frente a la pantalla lo hacemos con un pacto de creer en el relato, así de trate de una historia de platos voladores o de zombies. En este caso, son las conjeturas aportadas por las distintas ciencias las que contribuyen a que la idea no suene descabellada.
Con un final sorprendente, El Hombre de la Tierra es una película que invita a ser vista una y otra vez, y nos garantiza mantenernos inquietos todo el tiempo.
Publicado por Río Bravo el 01 de junio de 2012





