Un cambio de eje
La multitudinaria movilización de la comunidad educativa de la UADER ha cambiado el eje del conflicto. Hasta acá, el proceso Normalizador ha recorrido distintos senderos. Primero el interno, donde el pedido de suspensión de normalización fue rechazado, después el de la justicia en los fueros ordinarios, y por último, el jueves 3 de mayo, la ratificación por parte del superior tribunal de justicia, sobre lo fallado anteriormente por el juez Grippo, señalando la suspensión del proceso Normalizador. Esto, tras la marcha del martes, es parte de un pasado remoto. Las más de dos mil quinientas gargantas exigiendo Autonomía provocaron un cambio en el conflicto que había planificado el gobierno de Urribarri. El conflicto ni se resolvió, ni habrá de resolverse en el ámbito de la justicia. Vale decir, cuando la injusticia es ley, la rebelión es justicia. Y esto lo han abrazado los estudiantes.
La discusión no es ya si la comunidad educativa de la UADER aceptará el fallo, está demostrado que no, sino hasta cuándo va a poder Urribarri continuar desoyendo las miles de gargantas que exigen al unísono, la independencia. Un grito que tuvo ecos en Concepción del Uruguay, Gualeguaychú, y en otros lugares del interior de la provincia. Este es el nuevo eje de conflicto. La multitudinaria movilización ha conseguido desplazarlo de la justicia a la calle, y de la calle, para que triunfe, debe llegar hasta el mismo Urribarri.
El uaderazo es hoy…
La historia ha demostrado cómo los protagonistas de los grandes hechos toman conciencia de su magnitud tiempo después de que éstos hubieron transcurrido. El UADERAZO no está viniendo como cantaban las miles de garganta en la movilización, está ocurriendo en estos mismos momentos. El UADERAZO es la toma masiva del rectorado con los cientos que día a día pasan por allí, es la unidad de los claustros docentes, graduados, no docentes y estudiantes, son las asambleas democráticas y la participación de hasta el último estudiante. El UADERAZO es hoy, y depende de la comunidad universitaria que este fuego no se apague.
Lo nuevo del escenario, también es “hasta cuándo aguantarán”. El gobierno, lejos está de haber agotado sus acciones en la esfera judicial. Son muchas las voces que subrepticiamente trabajan para dividir la asamblea interclaustro. No son inocentes aquellos que apuntan contra los docentes que hace años no participaban de aquella toma. El gobierno necesita de esos argumentos para romper la unidad que se ha forjado, llevar el conflicto, como se dice en la jerga política, a un desgaste que termine con una movilización de diez. Este es el desafío de la comunidad de la UADER, no permitir ni la división ni el desgaste. De esto dependerá que triunfe el Uaderazo.
Una nueva lección para el gobierno
La movilización ha exhibido un fenómeno nuevo entre los estudiantes. No se trata de jóvenes llevados de las narices como les gusta señalar a los escribas del oficialismo, sino de sujetos políticos que han abrazado la causa de la autonomía con pasión y con argumentos. La presencia de carteles, muñecos, pinturas y números artísticos, dan cuenta de esto. Así como la presencia de estudiantes del interior, organizaciones sociales como la CTA Paraná y Agmer Paraná, y comunicados de la FUA y centros de estudiantes del resto del país, dan cuenta que el conflicto ha desbordado las fronteras y se ha instalado más allá de Paraná y de Entre Ríos.
El petitorio dirigido a Urribarri exigiendo la renuncia Schneeberger y Aguilar por “considerar que ambos funcionarios atentan contra el proceso de normalización”, así como el rechazo a las acciones de la comisión bicameral por no haber convocado nunca a la asamblea, son señales de una comunidad que lee “la sintonía fina” del gobierno. Ni los funcionarios interventores antes, ni los legisladores ahora, están interesados en la Normalización. Esto lo entiende y condena la asamblea, no así el gobierno que persiste en desgastar un conflicto que no para de crecer. Una vez más, el gobierno se obstina en no escuchar, mientras en las calles, en las facultades y en el rectorado, la comunidad educativa, continúa dictando clases de democracia.





