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Martes, 21 Diciembre 2010 08:40

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Escrito por Pablo Gabriel Felizia

Por Pablo Gabriel Felizia - Un acto heroico. Es siniestro escribir y publicar en internet. Es doloroso saber la fugacidad. Sin embargo, y a pesar de la competencia desigual, se puede nadar pecho en estas aguas.

 

Es siniestro escribir y publicarlo en internet. Es doloroso saber la fugacidad, la poca consistencia, el tiempo corto y milimétrico que va a durar un texto en la red. El tiempo: una cagada. Seis horas escribiendo para que en un clic te corran, te dejen a un costado, te abandonen para siempre.

 

Eso no es nada. Lo que escribís tiene que ser corto, conciso, exacto, directo; pero además, si querés decir algo tiene que ser profundo. Todo en tres, a lo sumo cuatro párrafos. Dificilísimo. Ese texto que sudaste, que lo escribiste desde el centro mismo de las pelotas, que lo hiciste pensando “tengo algo que contarle al mundo”,  eso que tipeás con convicción, tiene que competir en condiciones absolutamente desiguales: ahí está tu texto sudoroso entre la música robada, la última película, el pibe que hincha las pelotas en la computadora de al lado, el video pelotudo en youtube de un perro que salta la soga, el puterío del facebook, el chat para ver qué se levanta, la biblioteca universal de la toronja, millones de páginas porno gratis, el video casero en el blogs de la modelo afeitándose el sobaco y del último atentado suicida en Bagdad. Ahí va tu texto, solo en la marea de la red. Hay hasta libros de más de quinientas páginas escritos sobre esto. Nuevas tecnologías le dicen.

 

Sin embargo, tu texto sigue ahí buscando abrirse paso. Tratando de llegar a un público lector apurado; queriendo intervenir en la opinión pública, denunciando una injusticia, haciéndose carne de los problemas. Se sabe de textos en internet que han hecho historia, que sí llegaron, que generaron opinión. Que han alcanzado, por decirlo de alguna forma, cierto éxito. Eso se debe siempre a la persistencia del que escribe y al esfuerzo por promocionarlo del director del portal. 

 

Y ahí va tu texto, la noticia, la crónica, el pensamiento escrito, la definición, la postura a pechar contra viento y marea. Por supuesto, sin dudarlo, lo juro por dios y el diablo, que si llego a tener un solo correo de la diplomacia yanqui se los publico hasta en una página que hable sobre la evolución de la babosa. Porque escribir en la web da hasta una sensación de soledad: la vida de un texto es diferente si nació primero en un papel. Ese texto es como que tuvo otras posibilidades primero, un soporte distinto, algo material que lo sostiene; algo que lo acompaña.

 

A pesar del enfrentamiento desigual y salvaje, de la fugacidad, del dolor o la alegría en un solo clic, sabemos que se puede; que no es imposible. Se ha conocido que hay lectores que se sientan en la computadora para ver qué dice tal portal. Eso no es un lector modelo, eso es un lector estoico, ecuánime ante la adversidad. Porque no se puede negar las posibilidades maravillosas que permite internet: estar comunicados casi interpersonalmente en segundos y de conocer lo que de otra manera sería imposible. Sino de las posibilidades de un texto, en un portal independiente de la economía del Estado, para que alcance cierto éxito.

 

Se podría decir que es titánico escribir en internet. Una militancia. Un acto heroico. Esos hombres y mujeres lo hacen a sabiendas de las dificultades, de la competencia. Esa persistencia hace que a veces el texto llegue: irrumpa contra viento y marea. Marque. Diga algo, pronuncie, moleste a los poderosos. Le gane al escepticismo: triunfe, por más que a la semana, al otro día, a las seis horas, quince minutos... al clic siguiente se tenga que estar pensando en escribir de nuevo.

 

 

Publicado por Río Bravo, el martes 21 de diciembre de 2010.

 

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