Mario Alarcón Muñiz es uno de los trabajadores de la comunicación y la cultura más destacados de Entre Ríos y la región. Su compromiso lo ha hecho acreedor de un profundo reconocimiento por parte de colegas, artistas, intelectuales y el pueblo entrerriano en general, así como también del desprecio y la censura por parte de los gobernantes que hoy en día se encargan de desvalorizar y tendencializar políticamente la cultura popular en la región. Mario recibió a Río Bravo en su sencilla casa de Paraná, donde entre pilas de libros, revistas y discos lo invitamos a ofrecernos sus reflexiones. Dialogamos acerca de su programa La Calandria, el oficio y rol social de los comunicadores, la realidad del periodismo entrerriano en tiempos de Urribarri y debates necesarios alrededor de la cultura, las tradiciones y la identidad de los pueblos en la era de la desculturización globalizadora, temáticas que convidamos a leer y repensar en dos entregas. Aquí va la primera.
—¿Cómo reflexiona este regreso de La Calandria al aire?
—Es una etapa nueva, por varias razones. Primero, el ámbito de la radio universitaria es nuevo y muy interesante. Tiene particularidades a las que uno tiene que ajustarse. Por otra parte, a esta etapa se le ha agregado una característica: su alcance provincial. Sale por las tres radios de la universidad (Paraná, Concordia y Concepción del Uruguay) y por 20 más (*), que se han sumado voluntariamente, sin motivos económicos. Y así se cubre casi toda la provincia. Yo valoro esto porque además me obliga a cambiar un poco la óptica del programa. No hay que afincarse tanto en las cosas que suceden en Paraná sino en toda la provincia, lo cual le da al programa un carácter integrador. Es lo que más me interesa en este momento. No dejo de valorar los anteriores 14 años consecutivos en LT14, lo cual me sirvió de difusión, de base, de expansión del programa, pero eso ya es historia.
—¿Qué ve de característico en la radio de la UNER?
—Es nueva, tiene muchas cosas por hacerse todavía, tanto en el orden técnico como de programación. Está avanzando, hay gente que no la conoce todavía. Veo muy buena predisposición en ella, directivos, personal, para que las cosas funcionen bien y todos podamos trabajar cómodamente. Lo noto desde antes de empezar el programa, incluso entusiasmo por la incorporación de nuevas cosas a la programación, que la van a enriquecer seguramente.
“El periodismo es una docencia de masas”
- ¿Qué carácter cree que debe tener una radio universitaria?
- En primer lugar, no es comercial. Entonces, si bien es cierto que existe necesidad de difundir publicidad para sostener algunos programas, no es esencialmente comercial. El carácter de radio de universidad le da otra tónica: no puede entrar en cuestiones menudas, de segundo orden o nivel. No hablo de radios de segunda. Pero sí debe ser abierta a todas las inquietudes que se puedan desarrollar con seriedad. No puede enfocar cosas livianas permanentemente, que es lo que está sucediendo en la radio argentina hace ya varios años.
Hay una gran tendencia a la frivolización y la radio universitaria tiene la obligación de superar ese nivel. Es notable la pérdida de tiempo de muchísimos programas discutiendo cosas menores. No digo que estén totalmente ausentes, porque hay público al que le interesan estas cosas, como el chismerío del espectáculo, del deporte, de lo que dijo o no dijo Maradona. Pero eso en la radio universitaria no cabe. Hacer de eso una política general de la radio tiende a achicarla, a frivolizarla.
La respuesta de los directivos de las radios comerciales es que “al público le interesa”. No, es probable que al público le interese porque nosotros se lo damos de esa manera. Si planteamos que tenemos que bajar el nivel para agrandar el alcance de la audiencia, eso es nivelar para abajo. Y nuestra obligación es nivelar para arriba. Como comunicadores, no sólo de la radio universitaria sino de todas las radios. ¿Cómo? Elaborando propuestas agradables, interesantes y fáciles de interpretar por la gente, teniendo en cuenta le heterogeneidad del público que escucha. No digo solemnes, pero sí con otro objetivo, el de tratar de mejorar de elevar el nivel cultural de la radio para aportar al nivel cultural de la gente.
—¿La radio debe privilegiar los contenidos de temas sociales?
—No, no necesariamente. Puede ser de entretenimiento también, pero para eso no tenés necesidad de bajarle el nivel al entretenimiento. En las radios AM y en muchas FM está ocurriendo lo mismo: no hay música. Han hecho de la radio una charla permanente. No digo que eso esté necesariamente mal, pero le quita amenidad a la radio. A veces son de problemas políticos, sociales, algunos en sentido crítico, otros no. Pero son charlas permanentes. Es frecuente en casi todos los programas, sobre todo de Buenos Aires. Y como nosotros generalmente sabemos copiar lo malo y no lo bueno, se está repitiendo en las provincias.
Aparte, algunos han impuesto que la charla también baje de nivel. Hablan tanto que empiezan a hacerlo de temas personales. A mí no me interesa si vive en el cuarto piso o en el tercero el locutor que está hablando, si es viudo o divorciado. Los que hablamos en radio a veces creemos que somos estrellas, y no somos estrellas. Somos simplemente un vehículo de contacto de la idea, la propuesta, lo que el medio sostiene, con la gente. Pero no podemos asumir todo papel. Yo no soy economista, sociólogo, psicólogo y locutor. No, yo soy vehículo de lo que un filósofo dijo para que la gente entienda lo que dijo, si es que soy capaz de ser intérprete de eso. Creo que en general este concepto de radio, que antes existía, ha desaparecido.
Otro problema es el lenguaje. Estamos hablando mal en radio. Porque estamos hablando mal en general. El manejo del lenguaje es elemental. Invito a que hagamos una encuesta. ¿Cuántas veces en radio y televisión dicen “tiene que ver”, “de alguna manera”, “una especie de”? Reemplazan “relacionado con”, “vinculado con” con el “tiene que ver”. A veces es una muletilla que sirve, pero en general no. Y deforman el idioma. Están limitando la cantidad de palabras que habitualmente usamos. Palabras que, por falta de uso, se van perdiendo.
—¿Cómo debe ser el tratamiento que el entrevistador tiene con el entrevistado?
—Si yo tengo que entrevistar a una persona, primero tengo que saber quién es, qué hace, qué piensa. Por supuesto que si le pregunto cosas es porque no las conozco. Pero tenemos que partir de una base: la figura es el entrevistado, no soy yo. Eso es fundamental. La figura es el otro. Yo soy un vehículo y nada más, una representación. No lo hago para mí, sino para difundirlo. Yo le pregunto porque la gente quiere saber. Pero mi opinión no. La doy después o de acuerdo a las características del programa. La figura, las respuestas y las opiniones son del entrevistado. Cuando se plantea una conversación en radio, muchas veces uno está hablando y otro lo interrumpe, se superponen y no se entiende. Hace mucho nos ponían un cartel en la mesa de la radio que decía: “Hablar de a uno”. Hasta que lo aprendimos. Hay muchos que no lo han aprendido todavía.
—¿Cómo impacta eso en el oyente?
—La audiencia actual casi que no se da cuenta. O se da cuenta pero no lo entiende. A los oyentes más viejos, como yo, nos molesta. Se ha ido agravando con el tiempo. Y tenemos que pulir esos detalles. A un programa tenemos que ir preparados. No podemos ir a “lo que salga”. Cada programa tiene por supuesto su marco, pero dentro de eso tengo que ir previendo lo que va a ocurrir, para que las cosas imprevistas que siempre suceden sean las mínimas. Sino, es una falta de respeto al oyente. Hoy, la gran mayoría de los conductores van con la netbook bajo el brazo y dependen del aparatito. No digo que esté totalmente mal, puede servir para salvar una emergencia. Pero no puedo armar el programa según vayan apareciendo las cosas en la pantalla.
Hace años, un compañero de radio llegaba al programa con el diario bajo el brazo. Yo le preguntaba “¿cómo va a ser el programa?”, y me respondía “no sé, acá está el diario, acá está el programa” y se reía. Eso no es una gracia, para mí es una falta de respeto. Hay una tendencia notable a la improvisación entre la gente que hace radio y televisión. Y tenemos que vencerlo. Antiguamente se libretaba, eso también es una exageración, pero hay que preparar algo, una base de lo que va a hacer o decir.
—¿Qué significa y cómo se hace para nivelar para arriba?
—Primero, tenemos que capacitarnos los comunicadores. Cuando yo estaba en la Escuela de Periodismo aprendí algo que me quedó para siempre: el periodismo es una docencia de masas. En este trabajo tenemos la obligación de capacitarnos permanentemente. Nunca vamos a aprender todo, por supuesto que no, pero hay que tratar de avanzar por lo menos. Es casi como una religión, el cumplimiento de un deber. Cuando estudiábamos nos decían “hay que salir a la calle bañado, afeitado y con el diario leído”. Afeitado y bañado porque nunca sabés cuando va a terminar tu jornada, y con el diario leído porque cuando salís a la calle ya tenés que saber qué es lo que pasa. Ahora lo solucionás con la televisión, la radio, internet.
Y a partir de haber incorporado eso, transmitírselo a la gente. Para elevar el nivel de la propuesta –yo no hablo de elevar el nivel de la gente, no podemos hacer eso, a lo sumo contribuir-, el aporte nuestro parte de nuestro nivel cultural.
—¿Qué lugar tiene la crítica?
—La crítica es una de las actividades fundamentales del periodista. Pero para hacerla uno tiene que conocer lo que va a criticar. Yo no puedo criticar una pintura porque no soy crítico de arte. Puedo consultar a uno. Hace tres siglos, los pre-revolucionarios franceses decían “el disenso enriquece el arte, la política y la vida”. Hay quienes después de 300 años siguen sin entenderlo. Yo me doy cuenta de que las cosas que digo en mis columnas no las he escuchado decir a los legisladores. Y me pregunto si no les interesará, no serán temas de interés. Esa es la función del periodismo. Lo del cuarto poder, al final de cuentas, es cierto. El periodista tiene que intervenir en las cuestiones que hacen a los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Es cierto que las instituciones son respetables e inamovibles, pero tenemos la posibilidad de intervenir, primero, por ser ciudadanos, y además por ser comunicadores. Si veo que los poderes no actúan, yo actúo. Y si veo que no resuelven un problema, salgo a hacerlo público.
—Es el periodismo entonces un medio de poder popular.
—Por supuesto. Porque hay mucha gente que quiere expresarse. Actualmente se está registrando ese fenómeno de expresión popular. En primer lugar, a través de los medios de comunicación: los diarios han abierto las páginas al público, en la radio mucha gente habla por teléfono, la televisión consulta en la calle. Por otro lado, las redes sociales han abierto notablemente los canales de expresión. En este punto hay que tener cuidado, porque se propende al anonimato y eso puede ser perjudicial. Yo puedo dar a conocer mi opinión anónimamente, pero no así decir que Fulanito es un delincuente. Tengo que asumir la responsabilidad. Hay mucha irresponsabilidad de algunos que insultan desde el anonimato, incluso en los mayores medios, eso no es libertad de prensa ni de expresión. Si yo argumento es otra cosa, pero nada más que para insultar no. Es algo perjudicial del proceso que se está desarrollando, pero se puede corregir.
Todo esto viene cambiando la profesión y nos tenemos que adecuar. Hay que adecuar los diarios. Porque cuando lo vamos a comprar a la mañana ya sabemos todo lo que dice, gracias a los otros medios. Entonces, el diario tiene que enfocar los sucesos de la realidad de una manera más analítica, profundizar el desarrollo. El diario va a reducir la cantidad de ejemplares de venta y tiene que cambiar, pero no va a morir, así como no murieron la radio y el cine cuando apareció la televisión.
La Calandria canta aunque la quieran callar
—¿Por qué La Calandria no sigue en LT14?
—No lo sé. El año pasado hubo un problema antes del regreso, pero era económico. Se resolvió y el programa volvió al aire. Cierto es que hubo manifestaciones y movimiento, pero fue económico y se resolvió. Lo de este año no lo sé. Cuando nos reunimos para arreglar las condiciones del inicio en febrero (yo creía que lo iba a iniciar el febrero), el director (N de R: Jorge Ballay) dijo que tenía intención de cambiar algunos planes, presentar una programación distinta, y me ofreció hacer el programa en la FM, Baxada.
Yo le dije que no, porque la FM tiene menor alcance, no tiene identidad, no tiene conducción, es una radio que no llega a Santa Fe, ni a Diamante, no se conoce. Hay muchos programas que no tienen ninguna relación con La Calandria. Basta escucharla un ratito nomás y uno se da cuenta. Es una cosa que le agregaron a LT14 no sé porqué. Y además yo había estado 14 años en AM y no tenía porqué irme de un día para el otro. Sí aceptaba que se transmitiera el programa de AM por la FM.
Pero no nos pusimos de acuerdo. Yo tengo elementos para suponer que era una cuestión política, pero no lo puedo asegurar porque no tengo pruebas. Supongo que es una presión del Ministerio de Cultura y Comunicación, casi estaría seguro de eso, porque ya me ocurrió un mes antes en el Festival (de Doma y Folklore) de Diamante.
—¿Qué pasó con el Festival?
—Estuve 35 años consecutivos. Nunca hablé pidiendo un lugar, siempre me hablaron, todos los años desde el primero. Este año no me llamaron. Nunca supe porqué. Pero tengo algunas versiones de que fue por un pedido del Ministerio, porque este año iba por la TV Pública.
—¿Usted solía hacer críticas políticas desde el escenario?
—No, por supuesto que no. De todas formas, son suposiciones. Además, no me molesta a mí. El organizador de un espectáculo tiene todo el derecho a invitar a quien quiera. No estoy ofendido ni molesto por eso. No puedo negar que me afectó que no me avisaran. Me enteré por los diarios. Después de 35 años, lo menos que podía pretender era que me avisaran. Es lo único que reprocho, porque están en todo su derecho a hacer lo que les parezca o convenga. Pero a lo largo de mi carrera me han llamado varias veces para suplantar a alguien, y siempre primero he preguntado porqué lo van a hacer.
Sí hago críticas en mis columnas: las tengo todos los días en LT39 de Victoria, LT38 de Gualeguay y Radio Cero de Gualeguaychú, y los domingos en el diario El Día de Gualeguaychú, y opino. Esas son las cosas que les molestan. Pero yo estoy acostumbrado a eso: a decir lo que siento, lo que pienso, y creo que es lo que tengo que hacer. Nunca les voy a decir que está fantástico lo que hacen. Hay dos escuelas que no están funcionando en nivel inicial porque no les han adecuado las aulas. La Nº 22 Jorge Newbery y la Nº 11 Provincia de Santa Fe; el nivel inicial no ha funcionado en todo el año, no han empezado los gurises. Y el gobernador está hablando con (Joseph) Stiglitz de economía internacional en Nueva York. No, viejo, vamos a aterrizar un poco. Hay muchas cosas que hay que arreglar y hay que decirlas. Yo las digo y no les gusta. En verdad, no tengo elementos para sostenerlas como motivo para los problemas que tuvo La Calandria, pero no hay otra explicación.
De todos modos, La Calandria no es un programa político, es cultural. Por supuesto que a veces hay que hacer alguna crítica en el orden cultural y lo hago. Pero no tienen la rispidez que suelen tener las críticas políticas. Al fin y al cabo, la política cultural nunca va de contramano con la política general de un país.
En Entre Ríos, mejor no hablar de ciertas cosas
—¿Cómo ve la situación del periodismo en Entre Ríos?
—Muy complicado. Si nos valemos de los moldes tradicionales, tenemos que decir que hay libertad de prensa. Porque no hay diarios clausurados, periodistas presos, imprentas empasteladas ni ediciones secuestradas, que era lo que se acostumbraba antes. Sin embargo, ¿tenemos realmente libertad de prensa? No. Porque en Entre Ríos casi todos los medios responden al gobierno, con algunas excepciones. Los ha comprado un amigo o una empresa vinculada con el gobierno, o son sostenidos a través de la publicidad oficial: periodistas, emisoras chicas, páginas de Internet, que figuran como medios independientes y tienen ese aporte. No hay libertad de prensa, o está muy limitada. No hay clausura o prisión, pero sí otro tipo de reprimendas. Por ejemplo, la presión del dueño del medio.
Hay dos cuestiones muy importantes sin regular. Una es la distribución de la publicidad oficial. Hace unos años me llamaron unos diputados porque querían reglamentarla. Ellos proponían regirse con encuestas sobre la aceptación, la cantidad de audiencia o la opinión de la gente sobre los distintos medios. Pero yo les dije: “ajá, ¿y quién hace la encuesta?” ¿Nos vamos a guiar por eso para reglamentar la distribución de la pauta? Otra faltante es una ley sobre el acceso a la información pública. Si uno quiere averiguar sobre esto te mandan a Presupuesto. Y este es un terreno inabordable para quienes no somos contadores del Estado. Esto es de la época de los milicos, ellos hicieron confuso el presupuesto. Y esa confusión se fue acentuando con el tiempo. Hay que buscar, inventar una forma de interpretar el presupuesto, con un léxico accesible a todo el mundo. La gente tiene que saber qué se hace, en qué y cómo se gasta.
—¿Ha sido usted blanco de censura?
—A mí me censuraron y me echaron de El Diario de Paraná en octubre de 2010, cuando lo vendieron los Etchevere y lo compró la empresa Grenón. Yo tenía una columna. Y dejé de existir un día que escribí un artículo sobre la inseguridad: la empresa me declaró prescindible y me fui. Querían que publicara sobre folklore. Que en vez de hablar de la inseguridad, lo haga del Chaqueño Palavecino. Pero no, muchachos. Y eso se da en toda la provincia. No puedo asegurar que en todos los medios, pero es similar en todas partes. Hay una intención de establecer el pensamiento único que ha ido creciendo durante los últimos 10 años. Una modalidad típicamente fascista: que no haya ninguna voz disidente, que todos aprueben. Y al que no apruebe, castigarlo”.
Mario Alarcón Muñiz nació en Victoria y realizó sus estudios primario y secundario en la ciudad de Gualeguay. Luego de estudiar en la escuela de Periodismo de Buenos Aires, a lo largo de más de 60 años de trayectoria ha trabajado en gran cantidad de radios, diarios y televisión. Ha publicado su reconocido y premiado libro “Entrerrianías”, de crónicas y relatos sobre nuestra provincia, del cual piensa concretar el segundo tomo. Tiene seis hijos junto a Luz Halle.
(*)
Colonia Avellaneda: Radio Cooperativa Aire Libre
Concepción del Uruguay: Radio Uner 91.3
Concordia: Radio UNER 97.3
Crespo: Radio Estación Plus
Diamante: FM Futura
Federal: Radio Venecia
Feliciano: Radio Líder
General Ramírez: FM Galaxia.
Gualeguay: AM LT38 Radio Gualeguay
Gualeguaychu: Radio Del Pueblo
Hasenkamp: Radio Siglo XXI
María Grande: AM Cooperativa Estirpe Entrerriana
Maciá: Radio Integral
Parana: Radio Uner 100.3
Piedras Blancas: FM Municipal
Sauce de Luna: FM Libertad
Tabossi: FM Tabossi
Viale: FM Melodía
Villaguay: Radio Municipal
Publicado por Río Bravo el 8 de mayo de 2014.





