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Miércoles, 04 Septiembre 2013 14:17

Yo, El Supremo

Escrito por Martín Tactagi

En tiempos donde la política ha manipulado la historia para construirse un relato, y justificarse en el presente, resulta reconfortante el encuentro con la escritura lúcida de Roa Bastos en Yo, El Supremo.

Cuando el discurso de la historia nos habla, exige el socorro del presente para que se despliegue como un mapa de aciertos y errores a los que urge repasar críticamente. Pero cuando el discurso de la historia nos susurra con los tonos, los aromas y las voces de la literatura, del discurso de la literatura, ese pasado tiene la libertad de constituirse más allá de la realidad cotidiana, y desbordar las páginas que en vano intentan contenerla. Roa Bastos convoca ambos discursos en la novela con el propósito de construir un relato capaz de transgredir la historia oficial.

Yo, El Supremo no se deja atrapar, esparce la voz del dictador Gaspar Rodríguez de Francia a lo largo de la trama proponiendo una visión mítica y crítica, y asumiendo la compleja carga de construir una serie biográfica, histórica y ficcional. Son estos tres aspectos los que se ponen en juego en la novela, que desde lo más profundo, apartando la tierra con las manos, excava en la identidad cultural paraguaya y la hace crecer en las voces de su pueblo. Voces cultas y potentes como voces tímidas y guaraníes se abren paso entre los esteros, y florecen en un entramado de textos donde los tiempos se confunden.

¿Quién fue Gaspar Rodríguez de Francia? Esta es la pregunta que late a lo largo de la obra y que sirve de motivo para que la novela avance y retroceda sin piedad con el lector ¿Dictador populista? ¿Déspota? ¿Nacionalista? ¿Personalista? ¿Temeroso? ¿Temerario? Estas y tantas otras son las preguntas que Yo, El Supremo irá contestando en un extenso monólogo. Un monólogo cuya voz, lejos de ser diáfana, se torna compleja como la historia misma que narra, donde presenta el borrascoso escenario de la independencia paraguaya. Tiempos en los que los hombres tenían la inmensa tarea de construir desde los cimientos, naciones verdaderamente soberanas e independientes. El lector deberá adentrarse en esa trama y juzgar por sí mismo, a la luz del presente, cuánto han hecho esos hombres para merecer la piedra o el mármol.

Publicado por Río Bravo el 4 de septiembre de 2013.

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