Jorge Suligoy cuenta que si bien nació en Calchaquí, Santa Fe, “de bebé me llevaron a vivir a Misiones, así que soy misionero”, se presenta. Y explica que “a diferencia de otros que han disfrutado las bondades de la ciudad, a mí me llevaron a vivir al medio del monte”. Algún provecho habrá encontrado en este lugar de crianza, pues considera que cada año de vida ahí es como dos años en la ciudad, más o menos. “La vida ahí en el monte es otra cosa; hay muchas cosas en contra que son la falta de algún confort; pero lo que he ganado en espiritualidad y como persona, como todo aquél que está en contacto con la naturaleza, a uno lo va haciendo mejor persona”.
Este artista dice que al estar en Entre Ríos, “me siento como en mi casa. Cuando veo tanto verde, tantos sauces y tantos árboles, la verdad es que uno se siente como en casa. La geografía misionera, si bien es otro el color de la tierra y otro tipo de vegetación, el concepto de naturaleza es el mismo”. Y describe el paisaje entrerriano que tiene enfrente, “acá es un poco más variado, hay algo de frutos, eucaliptos; Entre Ríos es una provincia tan completa y tan maravillosa”. No se cansa de decir que se siente atraído por Entre Ríos “porque tengo la sensación que el humano entrerriano, el hombre entrerriano es lo que conceptualmente más se acerca al ser nacional que yo pretendo como síntesis”. Explica que en nuestra provincia, “el pueblo en sí ha logrado una síntesis maravillosa. Yo siempre considero que son muy buena gente, muy buenos anfitriones, tienen una riqueza cultural no explotada; además de ser buena gente, el entrerriano tiene una madurez desde el punto de vista de la identidad. Está en un proceso de maduración que cuando explote, esta provincia tiene mucho para dar musicalmente”.
Suligoy se refiere a las provincias de nuestro litoral como “una nación chamamecera” que “tiene como eje común que nosotros vivimos el chamamé”. Afirma que “el chamamé no es una música para cantar y bailar, es una música para vivir”. Considera que es “muy importante que se entienda que el chamamé es un código de vida. Nosotros tenemos chicos, los hacemos, los educamos, los criamos, caminan, comen, viven, aman como chamameceros”. De inmediato define: “Y cuando digo chamameceros, digo gente de buena madera. Gente cariñosa, bondadosa, humilde; con mucha personalidad, pero muy humilde. Gente que tiene la mano tendida a sus hermanos, a sus amigos y que el vino es un motivo de encuentro y no de pelea”.
Escarba un poco más y afirma que “hay cosas que uno va generándose y tienen que ver con la pelea, con la lucha cotidiana; la que nos hace fuertes, nos hace mejores, nos hace que esa identidad sea firme”. Recuerda cuánta bronca le daba ver en el escenario mayor de Cosquín aquellos grandiosos ballets que rendían un culto majestuoso a la zamba y a la chacarera, pero “cuando venía el chamamé, aparecía un personaje borracho con un machete en la mano y me molestaba mucho, porque nosotros no somos eso. Nosotros somos otra cosa. Somos un símbolo de vida, un código de esperanza, somos una comunidad que se mueve en el mismo sentido para lograr un bien común”.
Bautizado por Julio Lohrman como “el zorzal misionero”, elige recordar a su comprovinciano Félix Chávez, hermano de Héctor, el integrante del dúo Ubeda - Chávez, “quien compuso unos versos que dicen ‘Voy a llenar el tintero del alma con tinta de rosas, jazmín y malvón y buscaré en tu mirar las palabras más dulces y hermosas que creó el amor’. Si tuviera que elegir qué enviar en una cápsula al espacio, me quedo con estos versos de Félix Chávez”, asegura. De inmediato reflexiona “hemos pasado de esos versos maravillosos a ‘entregá el marrón’, sin escalas. Entiendo que estamos en una sociedad que te lleva por delante, pero la música no necesita ninguna justificación. Si vos querés hacer plata, dedicate a hacer otra cosa, hacete usurero, algo así, pero no uses la música para hacer plata”.
Jorge Suligoy, quien promete “cantar de corazón abierto para los que vayan” al recital, adelantó que ofrecerá al público paranaense “un espectáculo intimista con esta poesía dicha de otra forma, cantada de otra forma. Llevaremos todas estas vivencias de cinco pasaportes gastados, de haber recorrido el mundo varias veces; de haber actuado en escenarios importantes; a veces para miles de personas y otras para cinco o seis; pero con la misma vehemencia para dos que para doscientos. Para mí la música es sagrada y es un mito que yo comparto con los demás”.
Publicado por Río Bravo el 12 de abril de 2013.





