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Domingo, 17 Febrero 2013 11:47

Siempre se vuelve a Juanele

Escrito por Santiago Joaquín García

Allá por junio de 2005, en el número 5 de la edición impresa de Río Bravo, analizábamos el fenómeno de las grandes plumas gualeyas (Mastronardi, Manauta y Ortiz). Una reciente antología editada por Losada, que recorre toda la obra de Juanele, nos sirve como excusa para volver a posar los ojos en su enorme trascendencia.

Mientras continúan imprimiendo antologías de sus libros de poemas, nosotros lo tenemos bastante olvidado en su propio pago. Esto hay que decirlo con todas las letras. Las obras de Juanele y Marcelino Román, por citar dos ejemplos imperdonables, son casi imposibles de conseguir en Entre Ríos, fuera de las bibliotecas públicas (que tampoco tienen todo). Alguien tiene que tomar nota de esto, alguien que tenga un mínimo poder de decisión. En fin, vamos al tema que nos ocupa en esta nota. Ya habrá tiempo de hablar sobre la política cultural de nuestra provincia.

Algunos datos biográficos

Con el nombre Juan Laurentino nació nuestro poeta el 11 de junio de 1896 en Puerto Ruíz. Este poblado cercano a Gualeguay, supo tener una notable influencia política en la región. Como bien señalara Roberto Romani, en aquella nota de hace siete años, el primer documento que menciona con nombre propio a la provincia de Entre Ríos es redactado por Tomás de Rocamora en Gualeguay el 11 de agosto de 1782; y es el mismo Rocamora quien el 19 de marzo de 1783 la convierte en la primer ciudad fundada en la provincia. Estos factores, sumados a la presencia del paisaje (sobre el que volveremos pronto) son los que han convertido a Gualeguay en una de las principales usinas artísticas de la provincia. Históricamente ligado a ella, Juanele se muda después de su jubilación a Paraná, donde fallece el 2 de septiembre de 1978.

Su obra y el contexto

Hay autores que buscan la universalidad. Ese puede ser el caso de Borges, quien muchas veces utiliza el contexto (los gauchos, las calles de Buenos Aires) como excusa para sus reflexiones metafísicas. Ortiz es todo lo contrario. Gualeguay, su río y sus sauces, son temas omnipresentes, y la universalidad se alcanza por la originalidad y no por una búsqueda explícita. Decíamos en aquella nota que hay una batalla entre el poeta que se funde con el paisaje y el hombre que padece junto a sus semejantes. Y dábamos un ejemplo (que aquí ampliamos) de “Ráfaga del vacío”: 

“Ah, y mis hermanos, mis hermanos sedientos
sobre cuyas espaldas se edificó la belleza,
y florecieron todas las gracias que sonrieron a los otros,
los otros que no sintieron nunca
el perfume de sangre de las fragilísimas flores…”

Nos corregirnos a nosotros mismos planteando que para Juanele no parece suponer una contradicción, ya que él sabe que esos hombres sufrientes transforman a la naturaleza. Él mismo se funde con el entorno y se siente afectado por los padecimientos de los sectores populares. Dábamos en aquella oportunidad, el mejor ejemplo de extremo mimetismo (que también completamos) extraído de “Fui al río”:

“Fui al río, y lo sentía
cerca de mí, enfrente de mí.
Las ramas tenían voces
que no llegaban hasta mí.
La corriente decía
cosas que no entendía

Regresaba
-¿Era yo el que regresaba?-
en la angustia vaga
de sentirme solo entre las cosas últimas y secretas.
De pronto sentí el río en mí,
corría en mí
con sus orillas trémulas de señas,
con sus hondos reflejos apenas estrellados.
Corría el río en mí con sus ramajes.
Era yo un río al anochecer,
y suspiraban en mí los árboles,
y el sendero y las hierbas se apagaban en mí.
¡Me atravesaba un río, me atravesaba un río!”

Este poema también nos permite señalar algunos elementos técnicos destacados por los críticos. En primer lugar, la musicalidad de su poesía, que no se encuentra atada a estructuras fijas que la condicionen de ningún tipo. Ni la métrica, ni la rima, logran encorsetar estas palabras que fluyen, obviamente, como los ríos.

El compromiso político en Juanele

Un tema que los esteticistas intentan ocultar en la obra de Juanele, sin el menor éxito, es su profunda sensibilidad por los pesares de los hombres. Sin descuidar las formas de expresar, los trabajadores son parte fundamental de ese paisaje que obsesiona a Ortiz. Vamos con un par de ejemplos. El primero de “A la orilla del río…”

“A la orilla del río
dos vidas solas
que se abrazan.
Solos, solos quedaron
cerca del rancho.
La madre fue por algo.
El mundo era una crecida
nocturna.
¿Por qué el hambre y las piedras
y las palabras duras?”

La inefable presencia de la inundación. Algunas imágenes nos conectan inevitablemente con Manauta y su odisea gualeya. Proveniente de la poesía “De qué matiz…” es el otro ejemplo que hemos seleccionado:

“La inseguridad oscura, los ranchos, al regreso.
La niña en el camino, triste, tras la vaca melancólica.

La vida que se agazapa, dura, e indiferente, sin culpas.
La vida cruel, la crueldad que debe imponerse en la lucha dura.

La crueldad, los gestos duros y sangrientos
El alma del cielo se azulaba ahora nocturnamente”

Como vemos, el paisaje es un todo, con sus pescadores y sus ranchadas a la vera del río. No es una simple preocupación estética, es una sensibilidad profunda que ve más allá de lo que se nos dice habitualmente de Juanele. Finalmente, como dato de color que ilustra esta posición ideológica, podemos señalar que en 1917 fundó en Gualeguay el grupo de “Amigos de la Revolución Soviética”. No le debe haber caído muy bien a la prosapia local esta osadía.

¿Por qué volver a Juanele?

La ausencia casi absoluta (salvando a los docentes que hacen una labor de rescate muy meritoria) de escritores entrerrianos en nuestra educación, es una de las razones que nos obliga a volver a Juanele. ¿Alcanza con la Marcha de Entre Ríos y con las referencias históricas muchas veces incompletas? Evidentemente, no. Nosotros pertenecemos a una cultura que conserva muchos elementos surgidos incluso antes de la conquista. Desde luego, situados en un presente que no puede ser soslayado por idealismos contra fácticos. No volveremos al pasado, pero es importante que conozcamos nuestras raíces. Dejamos como cierre un extracto del poema llamado “Me has sorprendido”, en el cual Juanele reflexiona sobre su propia obra. Desde luego, esta nota es como siempre decimos un disparador, una hendija por donde entrar a una obra que supera ampliamente nuestra capacidad de análisis y la extensión de las notas periodísticas. Si luego de leerla sienten ganas de transitar sus páginas habremos cumplido nuestro objetivo:

“me has sorprendido, diciéndome, amigo,
                                      que “mi poesía”
debe de parecerse al río que no terminaré nunca, de decir …

     Oh, si ella
se pareciese a aquel casi pensamiento que accede
                                       hasta salir
                      en un amanecer, se dijera, de abanico,
                                  con el salmón del Ibicuy…:
             sobre su muerte así
abriendo al remontarlo, o poco menos, las aletas del día…

                      Seguiría mejor eso que mide
su silencio, y de que, al fin de cuentas, parejamente, es hija…

                                   Y acaso recién podría
comprometer a las nubes que le sueñan su extravío
                                                 entre dos cielos,
                                        también… “

Publicado por Río Bravo el 17 de febrero de 2013.

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