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Sábado, 09 Abril 2011 15:28

Un Entrerriano en Malvinas: "salvar la vida del otro sin importar la tuya"

Escrito por Pablo Gabriel Felizia

El 6 de abril de 1982 pisó por primera vez las islas. Enfermero, Luis Almeida es uno de los entrerrianos que combatió en Malvinas. Tenía 22 años.

 

 

El 5 estaba viajando en un Hércules saliendo de Comodoro Rivadavia. Ahora está sentado en un banco en la Plaza de Mayo. Faltan dos horas para que comience la vigilia. Organizó junto a la Comisión Provincial por la Conmemoración de la Revolución de Mayo, la segunda caminata de antorchas. En aquella época tenía casi cinco años de egresado; mi profesión fue la de enfermero rescatista y fue el servicio que presté en plena guerra, es decir, hice salvataje: rescate de heridos.

 

De a poco se van acercando los caminantes desde distintos lugares de la ciudad. A un costado, sobre el piso de la plaza, se amontonan las antorchas preparadas para la ocasión. Los aviones Sea Harrier fueron los usados por lo ingleses en Malvinas. Arrojaban bombas “belugas 755”. Estas bombas explotan antes de llegar a tierra. Pesan mil libras (453.6 Kg.) En su interior contienen granadas que se dispersan a gran velocidad. Cada una de las granadas produce alrededor de 2.000 esquirlas. Su uso en la guerra está prohibido por la Convención de Ginebra pero el pirata no repara  en convenciones. Los ingleses las trajeron. Esas bombas explotaban y dentro de ellas explotaban tanbien bombas unipersonales. Salían hasta 100  y 200 con esquirlas  a una temperatura de 450 grados centígrados.

 

Un grupo de jóvenes comenzaron a repartir fotocopias con las canciones patrias. Entre ellas el Himno Nacional Argentino entero: 14 estrofas con nuestra historia de emancipación y un reconocimiento a las luchas de toda América. Yo bajaba con helicóptero amarrado con arneses desde la ingle hacia arriba a rescatar cuerpos heridos y desintegrados en un pozo de bomba. Tuve que bajar 16 metros y rescatar cuerpos y soldados en agonía.

 

Cuando se atiende a los heridos en la guerra, y sobre todo en momentos de combate, se hace el triaje. Son pautas y condiciones para decidir quién será rescatado primero. Esto es lo mas jodido de todo para mí. En el momento de la organización de la sanidad de guerra el proceso es inverso de lo que normalmente se conoce: en una catástrofe se trata de salvar primero al que está más en agonía. En la guerra ocurre al revés: se salva al que menos herido está y que con un vendaje o con una atención rápida pueda ser recuperado y puesto al frente para continuar luchando. Entre 10 o 15 personas que vos tenés, llegas al último,  seguramente murió y no podés hacer nada con su vida.

 

El trabajo del enfermero no es nada fácil en plena guerra. En un hospital y con el 107 es bárbaro. Las decisiones se tomaban en base a lo que sabíamos. Lo nuestro era salvar la vida del otro sin importar la tuya. Se arriesgaba todo el tiempo la vida pensando en cómo salvaguardar y salvar la vida del otro; sacarlo del momento de agonía en que estaba. La caminata de antorchas está por empezar. Todos tienen la escarapela del lado del corazón. Falta una hora para que comience la vigilia por el 2 de abril. Luis Almeida es entrerriano. Vive en Paraná y a los 22 años enfrentó a Inglaterra cara a cara. En la actualidad los sigue enfrentando; sigue combatiendo. Su tarea en la guerra: salvar vidas. La motivación de esta caminata está en lo profundo de nuestro patriotismo. Incentivar y transmitir ese valor para que nuevamente Argentina pueda tener potestad sobre si misma y se pueda recuperar la soberanía sobre las Islas Malvinas.

 

Publicado por Río Bravo el 09 de abril de 2011

 

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