Hablaron los sindicatos y algunos representantes de las autoridades. La justicia mira para otro lado, el Gobierno ni hablar. Ahora le toca el turno a los más débiles en esta historia. Los que aparecen como socios, pero sólo comparten las cadenas de la explotación. Los que no llegan a fin de mes, los que están fuera del sistema.
“Fueron tres años, doce horas por día”
Desde que Julia no trabaja más en la cooperativa, su vida cambió. Sin embargo, no se olvida de los que quedan, y quiere que alguien pague por lo que vivió. “Desde el 2006 hasta el 2009, fueron tres años, doce horas por día, ganando miseria” –explicó mientras mostraba los papeles. “Nos pagaban la mitad más o menos, de lo que cobra un empleado en blanco por ocho horas”. No causa sorpresa saber que le pagaban su sueldo en “la cooperativa Eventur (actualmente, La Lomita Ltda.), en Carosini 141, donde atendía un contador Rodríguez de apellido”. Uno de los tantos nombres de cooperativas que funcionaron en la misma dirección.
“Ni vacaciones, ni feriados”
Para que se comprenda las razones por las que se compara a estos trabajadores con los esclavos, Julia contó que “si no trabajábamos, no cobrábamos. Ni vacaciones, ni feriados, ni aguinaldo, ni salario, ni escolaridad, ni nada”. Respecto a la cobertura médica, como se puede suponer, “no teníamos nada. Había que ir a la salita o al Hospital, y guarda que perdías el día”. Sin embargo, la perversidad llega más lejos, ya que “algo nos descontaban por una obra social, o algo así” –destacó con una sonrisa cargada de bronca. Yendo un poco más lejos en la humillación a que son sometidos los miles de trabajadores que sufren el fraude laboral por cooperativas, Julia relató con brilló en sus ojos que “en algunos negocios, y hasta en un banco, cuando veían mi recibo de sueldo se reían, y me negaban cualquier crédito”.
¿Complicidad estatal?
Un dato muy grave, que debería ser investigado, si es que a la Justicia le preocupan los delitos, es la forma en que fue tratada en el Ansés. “Cuando fui a preguntar por los aportes del monotributo que me entregaban en la cooperativa, antes de renunciar, en el Ansés me dijeron que nos aportaban lo mínimo” -explicó. De más está decir, que la categoría trabajador promovido, es un eufemismo para el trabajo en negro. Es como llamarle daños colaterales a los muertos civiles de una guerra.
Mal ejemplo
En tiempos de discursos cargados de compromiso social, es importante ver cuál es la pauta que marca el Estado, tanto a nivel nacional, con casos como el de Pedraza, como en el ámbito local. Tomemos el ejemplo de cualquier recolector de residuos, que trabaja por el método cooperativo en Concepción del Uruguay. Ante cualquier accidente, también tiene que recurrir al Hospital o a una salita porque no tiene cobertura. Generalmente, no quieren ir porque se les descuenta el día. Su sueldo no alcanza los mil pesos, y están totalmente desprovistos de los más básicos derechos laborales. Con ejemplos así, poco se les puede pedir a los privados.
Nota: el nombre de Julia fue alterado para su protección. Su expediente, junto con otros, se encuentra a disposición de la Justicia en el Sindicato de Empleados de Comercio. Esperemos que estos casos no reciban solamente la condena de los ratones y las cucarachas.
Publicado por Río Bravo el lunes 28 de marzo de 2011.





