El agroempresario y terrateniente que más ha crecido de la mano de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, Gustavo Grobocopatel, también conocido como “el rey de la soja”, cerró su cadena productiva en Entre Ríos con la compra del histórico molino harinero El Tala –en Rosario del-. Esta firma entró en concurso de acreedores a principios de 2007 y ahora el empresario K modelo del modelo k, concentrador y dependiente, lo compró por 2,5 millones de dólares. Con el pan arriba de los 4 pesos en cualquier comercio de Paraná, Concepción del Uruguay, La Paz o Concordia, producirá 280 toneladas diarias de harina de trigo destinadas a exportar a Brasil.
Llamativamente, Grobocopatel arrienda desde 2003 riquísimos terrenos fiscales en el departamento Rosario del Tala, cuando bien se podrían colonizar las tierras del Estado con pequeños productores –donde no entra Grobo, con 270.000 has. sembradas en el Mercosur-. Ahora, con el molino, le cierra el circuito productivo. No faltará mucho para que el gobernador anuncie autopistas alfombradas que vayan derecho desde su nuevo molino al puerto exportador.
La tierra y el mercado son limitados, no infinitos. Si entra un grande, se van muchos chicos, y viceversa. Pero lo que viene sucediendo en Argentina y Entre Ríos en los últimos 8 años, como continuidad de los 90, es la expulsión del campo de los pequeños y medianos productores -60.000 en la era K.
Con lenguaje propio, el periódico El Cronista dice: “La inversión del grupo refuerza, además, la concentración del sector agropecuario que ya está promovida, en primera instancia, por los altos precios de los alquileres que obligan a los productores a jugar en las grandes ligas o retirarse”. Un poco más en criollo, falta agregar que la política del gobierno nacional y popular arma el mejor escenario para que esto sea así.
En la misma línea de “la 125”, las políticas del modelo K excluyente y concentrador se siguen aplicando en Entre Ríos, atando nuestro destino a las necesidades de las potencias mundiales y trabando nuestro desarrollo independiente. Pero ojo… todavía está muy fresco el recuerdo de días y noches en las rutas de los pueblos del interior en la lucha contra las retenciones móviles, por la segmentación y la coparticipación federal, y por una política verdaderamente nacional y a favor de los pequeños y medianos productores, y la mesa de los argentinos. Batalla que se ganó en la ruta y no en el Congreso. Tal vez una de las rebeliones agrarias más importantes que conoció la historia argentina fue sólo una advertencia, un ensayo, un boceto de algo más grande.





