“Están jugados”, decía un vecino que se sumó a la reunión en defensa de la Terminal de Concepción del Uruguay que se realiza todos los viernes a la tarde. Se refería al intendente Marcelo Bisogni y al vicegobernador José Eduardo Lauritto, quienes impulsan contra viento, marea y tsunamis, la entrega de la Terminal y el Mercado 3 de Febrero a cambio de un tinglado alejado de la ciudad, y defienden la construcción del Puente a la Isla del Puerto, la obra de los 100 millones que dañará el medio ambiente y servirá para decorar la costa de una ciudad abandonada.
“Con las coimas de estas dos obras se pueden ir a vivir adonde quieran”, asegura un referente de la oposición. Las sospechas son fuertes, teniendo en cuenta que se depreció la manzana de la actual Terminal para que la oferta de Miguel Marizza (ver “El neomenemismo y la entrega del patrimonio uruguayense”, en este sitio) parezca más suculenta. En el caso del Puente a la Isla del Puerto, las críticas pasan porque si bien la obra tiene un costo aproximado de 100 millones, la empresa Pietroboni (cuándo no) tiene autorización de superar esa barrera en caso de “necesidad”. Dentro de ese exceso, podrían entrar los favores que se pagan habitualmente en nuestro país por cada obra adjudicada. Mientras tanto, hay un bache en la Avenida Costanera que se tapa con un fierro en forma de trípode mirando para arriba, y está a punto de cumplir años. Toda una imagen para que los visitantes vengan a elegir “este polo turístico”, según los dichos del intendente. Eso, por no hablar de las calles de los barrios, que merecen un informe especial por su estado de abandono imperdonable.
Anteojeras y tapones en los oídos
Más allá de las dudas, lo importante no es la razón por la cual los funcionarios avanzan con medidas anti populares, entregando el patrimonio y apoyando obras caprichosas e innecesarias. El hecho que genera indignación en los uruguayenses, y que llevó al repudio y a la indiferencia en los últimos actos oficiales, es la desconexión que tiene la clase dirigente con los problemas del pueblo. “Viven en un termo, o no sé”, graficaba una vecina del Barrio San Vicente en tiempos de lucha por el entubado. Ese supuesto “autismo”, que es claramente intencional y premeditado, es lo que abrió el camino a las jornadas de diciembre de 2001, el gran cuco de la clase política. No vaya a ser cosa que mientras venden humo progresista, la gente vuelva a ponerlos en su lugar. La realidad es que mientras se pelean los de arriba, la gente padece la inflación que le entrega al Gobierno Nacional y Antipopular 21 centavos por cada peso que suben las cosas, gracias a uno de los IVA más altos del mundo. Y otra vez la Deuda Externa ilegítima, fraudulenta y de la dictadura, se llevará la gran parte de los recursos del Presupuesto Nacional 2011. En ese contexto, Concepción del Uruguay es sólo un botón que sirve como muestra de la realidad nacional y provincial. Mientras el pueblo sufre necesidades, el neomenemismo sigue aportando “para la corona”. Aunque los Verbitskys ahora se hagan los distraídos.





