Con el argumento de que “Nombrar es reconocer. Y reconocer también es reparar, visibilizar y construir futuro”, la Municipalidad de Paraná, a través de la Subsecretaria de género, diversidad, niñez y adolescencia, a cargo de Mercedes Solanas, presentó el 7 de mayo pasado en el Centro Deportivo Municipal Raúl Alfonsín su convocatoria para organizaciones de mujeres y feministas, colectivos LGBTIQ+, espacios que trabajen violencias por razones de género, instituciones educativas, centros de día y organizaciones vinculadas a discapacidad, redes territoriales y comunitarias y ciudadanía en general. El objetivo es que se sugieran nombres para la Casa de la Mujer, pronta a ser inaugurada con un esquema reformulado y potenciado para que abarque más funciones y comodidades que antes.
La Casa de las Mujeres de la Municipalidad de Paraná fue creada en el año 2014 mediante el Decreto N° 410/2014, por decisión política de la entonces intendenta Blanca Osuna. En la actualidad, bajo la gestión de la intendenta Rosario Romero, se sostiene esta política desde el ámbito local en un contexto de desmantelamiento de políticas públicas nacionales orientadas a la protección de los sectores más vulnerables. En este escenario, se impulsa la consolidación de un espacio físico propio para Dispositivo Territorial de Protección de Personas en Situación de Violencia por Razones de Género de la Municipalidad de Paraná, fortaleciendo su capacidad de respuesta y alcance territorial.
La idea es definir de manera participativa y colectiva el nombre de “un lugar fundamental en la promoción de derechos y el abordaje de las violencias por razones de género”. La convocatoria apunta de este modo a que el Dispositivo Territorial de Protección de Personas en Situación de Violencia por Razones de Género de la Municipalidad de Paraná, "Casa de la Mujer", no lleve “cualquier nombre: llevará la historia de quienes abrieron caminos, sostuvieron luchas y transformaron la vida de otras personas en nuestra ciudad; un nombre que represente la historia, las luchas y el futuro de nuestra ciudad en materia de derechos de género.”
En respuesta a esta convocatoria, distintas organizaciones plantearon sus propuestas y tres de ellas fueron tomadas por el jurado (integrado por: una representante del HCD, una representante del ámbito académico y una referente del movimiento de mujeres) para que pasen como finalistas a la instancia de votación participativa de manera digital. Las tres propuestas que se someterán a votación son: Sara Inés Isaac, la militante feminista y defensora de los derechos humanos Ana María “Coty” Sosa y militante y activista trans Lucia Torres Mansilla “La Loba”. El nombre final será el más votado en este enlace hasta el miércoles 3 de junio.
La propuesta de la Multisectorial de Mujeres Entrerrianas
La Multisectorial de Mujeres Entrerrianas, que reúne a diversas organizaciones políticas, sindicales, sociales, que hacen de la lucha por los derechos de las mujeres su causa, con especial pero no exclusiva atención a la denuncia de la violencia machista, y que ha sido un pilar de la organización de los Encuentros Nacionales de Mujeres cuando aún no tenían la enorme masividad que tienen en la actualidad; propone a Sara Inés Isaac como el nombre para la Casa de la Mujer de Paraná.
Sara fue una militante social, trabajadora de la salud pública cesanteada por la última dictadura cívico militar, la misma que le prohibió seguir estudiando Ciencias de la Educación cuando le faltaban dos materias para recibirse, por lo que tuvo que esperar el regreso de la democracia para retomar ambos proyectos de vida: su trabajo y sus estudios. Hasta que falleció, en mayo de 2022, Sara militó y construyó organización popular entre las y los trabajadores ocupados y desocupados y posteriormente entre las y los jubilados, siempre en los barrios más postergados y castigados fundamentalmente de Paraná.
A continuación, el texto completo que fundamenta la elección de Sara como una mujer cuyo nombre merece ocupar ese lugar, de acuerdo a los objetivos de la convocatoria: “reconocer a mujeres y diversidades con trayectoria significativa en la ciudad (y) promover una memoria colectiva viva, centrada en referentes de transformación social”.
Por qué Sara Inés Isaac
Para muchas mujeres que nacimos, crecimos y vivimos en Paraná, el nombre de Sara Inés Isaac es sinónimo de refugio. Nombrarla: Sara, Sarita, Sarunga, nos remite a un lugar seguro, donde éramos capaces de tramar con otras un mundo con lugar para todas las personas.
Su historia está fundida a las condiciones de vida de las mujeres estudiantes, trabajadoras ocupadas, desocupadas y jubiladas, de los barrios populares de la ciudad de Paraná. Hija de un inmigrante de Siria, y de una ama de casa trabajadora que le dio hermanos que se criaron junto a ella capeando la pobreza. Sara nació un 19 de marzo de 1938, y se conmovió desde muy pequeña con la historia de las mujeres que la rodeaban, que trabajaban a destajo limpiando, lavando y planchando para las clases pudientes de la ciudad, atravesadas por la más cruda violencia patriarcal. Fue esa vida humilde, difícil, proletaria, la que la empujó a estudiar y a trabajar en dos grandes problemas que todavía hoy condicionan la vida de las mujeres, las diversidades y las clases populares: Salud y Educación. Como trabajadora del Estado provincial, fue una activa defensora de la salud pública desde su puesto de lucha en el Hospital San Martín. Durantedurante la última dictadura militar fue cesanteada de Salud Pública. En ese marco, hace algunos años la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) reconoció a Sara junto a otras y otros estatales de la provincia cesanteados por causas políticas durante la dictadura genocida.
Participó en tantas luchas durante más de 70 años, que solo podemos hacer una breve referencia a algunas de ellas: en solidaridad con el Cordobazo, en defensa de la Escuela Hogar en épocas de la dictadura de Onganía. Fue parte también de la creación de la regional Paraná de la CGT de los Argentinos, contexto en el que conoció a quien luego sería su compañero, el delegado de la Unión Ferroviaria, Miguel Lara.
Fue fundadora y parte de la mesa de conducción provincial de la CCC y se abocó al trabajo en el territorio, concretamente en los barrios del sudoeste de Paraná. Ya jubilada, fundó el Movimiento de Jubilados y Pensionados que protagonizó grandes luchas durante las décadas de los 90 y 2000. Trabajó activamente junto a la comisión de recuperación del ex Frigorífico Santa Elena. Militó contra el hambre y la desigualdad toda su vida, sin aflojar ni siquiera de cara a la represión que se cristalizó en las calles de los años 90, o durante las sangrientas jornadas del Argentinazo de 2001. Su mano amorosa le dio calor y sabor a las ollas populares de los trabajadores ocupados, jubilados, desocupados y estudiantes que construyeron aquella enorme herramienta que fue la Multisectorial de Mujeres Entrerrianas para enfrentar al gobierno de Montiel.
Sara siempre creyó en la organización, en la construcción del camino colectivo. Con profunda sensibilidad, trabajó incansablemente para que las mujeres más humildes pudieran vivir la experiencia de los Encuentros Nacionales de Mujeres en distintos puntos del país, pero también integrando las comisiones organizadoras de los encuentros que tuvieron a Paraná como sede.
Formó parte desde el año 2005 de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Su imagen en la vigilia frente a la Casa Gris durante la sesión que convirtió la iniciativa en ley, es una postal que todavía nos conmueve e interpela a quienes tuvimos la fortuna de abrazarla aquella noche. Es que si Sara emprendía la lucha por algo, no había lugar a dudas para quienes la acompañábamos, respecto a la justeza del reclamo.
Su militancia política trascendió su pertenencia orgánica al Partido Comunista (PC) primero, y al Partido Comunista Revolucionario (PCR) después, a partir de los comienzos de los años 90´. Antes, en plena dictadura, también integró la Unión de Mujeres Argentinas (UMA) junto a otras mujeres compañeras de trabajadores estatales y ferroviarios.
Puso su vida y su salud, al servicio de las vecinas y vecinos asediados por el hambre, la tristeza y la persecución política en los tiempos más difíciles. Cosió, tejió, alimentó, enseñó a leer y escribir, curó, acompañó a madres y niños, abrazó a todas aquellas personas que acudieron a la casa familiar en el barrio San Agustín, hasta que su enorme corazón se paró un 16 de mayo de 2022.
Podríamos detallar innumerables actividades emprendidas por Sara para construir solidaridad y refugio: Desde montar un taller de tejido en su casa para confeccionar guantes, medias y pasamontañas para nuestros gurises en Malvinas, hasta visitar a cada familia del Volcadero de Paraná para organizar la búsqueda de medicamentos, alimentos, abrigo, juguetes y útiles para los chicos que crecían atosigados por el humear constante de las pilas de basura. Abuelas, madres, hijas y nietas recuerdan a Sara, y seguramente cuentan a quienes no la conocieron sus historias, porque de alguna u otra manera les tocó la vida y las cambió para siempre.
Sostener a las amigas y compañeras de sus hijas durante las horas más difíciles, con su gran sensibilidad e inteligencia, y ese convencimiento sobre que construir redes que nos sostengan nos aproxima a una vida más cercana a la que soñamos vivir. Madre, docente, trabajadora, vecina, militante: cada una de sus dimensiones abrazaron a otras y otros en un hacer concreto y cotidiano, en una trama indestructible, tan necesaria en esta actualidad de discursos odiantes, violencia y desigualdad para tantas y tantos. La vigencia de Sara nos susurra al oído las tareas pendientes.
Sara, también fue estudiante y egresada de nuestra universidad. Como todo en su vida no fue fácil y estuvo signado del despojo de la violencia política y concreta que impartió la última dictadura cívico- militar y eclesiástica, que la expulsó de la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNER, donde estudiaba para ser Profesora de Enseñanza Superior en Ciencias de la Educación.
Había ingresado como estudiante en 1968 y con 32 asignaturas aprobadas y a sólo 2 materias de recibirse, fue expulsada en mayo de 1976 a través de una comunicación verbal del decano interventor Carlos Uzín.
Con el retorno de la democracia, el 30 de enero de 1984 Sara solicitó su reincorporación a través de una nota a las autoridades de la facultad. El 26 de abril del mismo año la decana normalizadora Martha Saldías de Uranga autorizó el reingreso de la estudiante para retomar sus estudios y, finalmente, el 10 de diciembre de 1984, el día de los Derechos Humanos, obtuvo su título.
Porque se cumplen 50 años del último golpe de estado al que Sara enfrentó con la integridad y fortaleza dignas de las mejores mujeres de nuestro pueblo, porque su hacer es el ejemplo que necesitamos para reconstruir las redes rotas, porque su feminismo que parió nuestro feminismo nos sigue hablando con valentía y coraje, porque aquellas mujeres que no la conocieron merecen conocer su historia, porque reconocerla es un acto de justicia, es que proponemos que la casa refugio lleve su nombre. Para que sus paredes se mantengan erguidas sobre su convicción vital para entrelazarla con las de otras mujeres y diversidades. Para contagiarnos de su escucha y su ternura como herramienta política para cambiarlo todo. En un mundo capitalista y masculinizado, su vida es un fueguito que todavía nos da calor.
Porque Sara es refugio, pero sobre todo es promesa de que podemos levantarnos si somos capaces de reconstruir la red.
Publicado por Río Bravo el 28 de mayo de 2026.





