El lavado de cara integral que la Municipalidad de Paraná y el Gobierno de Entre Ríos le están pegando a la ciudad y a la escuela Del Centenario, respectivamente, resulta ofensivo y humillante para los miles de paranaenses que viven cotidianamente en otro mundo, alejado en miles de kilómetros de semejante puesta en escena.
La excepcional ocasión que representa la visita de nueve presidentes latinoamericanos para la Cumbre del Mercosur, a desarrollarse en la tercera semana de diciembre en la capital provincial, motivó operativos de maquillaje y emparchado general de una zona de la ciudad, que ofuscaron aún más los ánimos caldeados hace ya rato entre los vecinos.
Incluso más chocante que la comparación entre las sendas peatonales lustrosas, brillantes y recién pintadas, frente a las bombardeadas calles de cualquier barrio de la ciudad; la frutilla del postre, sin dudas, es la escuela Del Centenario. Este será uno de los principales escenarios de las actividades oficiales. Es abismal el contraste entre su fachada inmaculada, los aires acondicionados que allí desembarcaron, las aulas relucientes y las condiciones de seguridad extremadas; frente a la realidad cotidiana de cientos de escuelas que suspenden clases a menudo por falta de agua, que reclaman durante meses desmalezamientos que no llegan, cuyas paredes se electrocutan con cada lluvia, por mencionar algunos de los reclamos más comunes. La propia escuela Del Centenario sufrió durante años problemas en las instalaciones eléctricas, inundaciones, deterioro de paredes por humedad y desgaste y falta de dispositivos de seguridad en las escaleras. Luego vino la obra, que aportó otros años de convivencia con conflictos por las condiciones de trabajo y de seguridad. Escombros y andamios en lugares de tránsito de los niños, exposición al ruido y al polvillo con consecuencias de salud para los trabajadores y los alumnos, aulas provisorias que agudizaron dichas condiciones, sin salida de emergencia, paupérrima ventilación e iluminación; todo ello terminó ahora como por arte de magia cuando hubo que alistar en meses todo para el gran evento de diciembre.
Situación antagónica es la que vive la escuela técnica N°100, Puerto Nuevo, cuya comunidad escolar lucha por su supervivencia y ha denunciado reiteradamente la política de vaciamiento y atropello que han debido soportar, de parte de los gobiernos de distintos niveles, incluso del municipal. A su alrededor, en cambio, la costanera ha sido embellecida y toda la zona puesta a punto, ya que es zona de posible transitar de algunos de los miles de visitantes que recibirá la ciudad en estos días. Como una isla en el medio de la ostentación, la escuela se mantiene con los mismos problemas que llevaron a sus estudiantes, docentes y directivos, a desarrollar una importante lucha a lo largo del año, con la que al menos consiguieron que se reforzara la seguridad para el establecimiento.
Cierra así el año con un sindicato docente (en este caso, la seccional Paraná de Agmer) denunciando las mismas falencias que señalan desde antes de comenzar el ciclo lectivo, algunas de las cuales incluso se han profundizado. La escuela Del Centenario, por el contario, parece ser la alfombra bajo la cual las autoridades provinciales buscan barrer todo lo que nuestros ilustres huéspedes y sobre todo los periodistas que los acompañarán, no deben ver.
La campaña presidencial de Urribarri tiene a la educación como uno de sus ejes. Esta hipocresía es la que los maestros y Agmer Paraná denuncian, aclarando que esto no implica un repudio a la Cumbre como tal. Pero si esta ocasión permite dar mayor visibilidad a sus necesidades y reclamos, no la desaprovecharán, aseguran. “Bienvenidos a la provincia con el salario docente más bajo del país”, reza la bandera que la seccional local del sindicato docente exhibirá por estos días. Ironizar para no cansar, sin dejar de luchar, parece ser la idea de aquellos que, viviendo en Paraná, quedan fuera de la fiesta oficial.
Publicado por Río Bravo el 27 de noviembre de 2014.

