Thiago Albornoz estaba por cumplir tres años. Fue internado en el Hospital Justo José de Urquiza el 10 de julio por una infección en los ganglios. Evolucionó favorablemente, pero por causas que aún no han sido determinadas (vinculadas con el suministro de una medicación), falleció repentinamente. A partir de allí, su familia vivió una odisea que incluye el traslado que ellos mismos hicieron de los restos del niño, y la exigencia de una autopsia en Oro Verde, para evitar que se adulteraran pruebas en el mismo centro de salud. Si bien los resultados de la pericia médica aún no están disponibles, este caso destapó una olla a presión que deja al descubierto la crisis sanitaria que vive nuestra ciudad.
Algunos casos
Recorriendo los pasillos del hospital, dialogando con pacientes y empleados, uno se entera de cosas que son por lo menos llamados de atención. “A mi hija le hicieron una cesárea y tuvo que volver con graves infecciones” – nos explica un damnificado. Y agrega: “lo más preocupante es que no es la única, y uno acá se entera de un caso tras otro”. Así seguimos recorriendo las voces, y otra de las personas nos cuenta que “mi hija se cayó de la moto, y le pusieron una venda sobre la mugre del asfalto, sin limpiarla. Si yo no me doy cuenta de limpiarle la herida, podría haber tenido una infección mucho peor”. Así podemos seguir detallando que hay personas que fueron anestesiadas dos veces, porque en la primera sentían todo. Tenemos un operado de vesícula que vuelve a los 4 días para que lo vuelvan a abrir. Y sigue la lista.
Falta de personal e insumos
Una de las carencias fundamentales tiene que ver con el recurso humano. Un tema gravísimo es que muchas veces no hay anestesista de guardia. Muchas guardias son ambulantes, con los médicos de guardia que también están recorriendo el hospital chequeando el estado de salud de los ingresados. Hay pocos enfermeros que no pueden con todas las internaciones. A su vez, los sueldos paupérrimos llevan a que abunden los residentes, faltos de experiencia, inadecuados para asumir grandes responsabilidades como las que supone un centro de salud de referencia. La falta de personal también afecta la atención. Por ejemplo, ningún familiar se puede quedar nunca, lo cual hace imposible a muchas personas atender adecuadamente a sus seres queridos. Tampoco se debe dejar de lado el aspecto más fino de la atención. Todas estas carencias vuelven más irritables a los empleados del hospital que muchas veces “te atienden y no saben qué te hacen, no le explican a los familiares nada de nada” – nos comenta otra paciente. Algunos, sensibilizados con el caso de Thiago, afirman que “a la gente ignorante le dicen muerte súbita y no reclaman nada. Gracias a Dios, estos padres no se quedaron quietos”.
Un colapso general
Claro que para hallar las razones de esta crisis desatada hay que hilar bien fino. Entre todos los pacientes, nos encontramos gente que viene de la ciudad de San José, que nos cuentan que: “en nuestro hospital no hay insumos, te vas a internar y te mandan a comprar el suero. Te derivan para acá (Concepción del Uruguay), y acá terminamos todos amontonados”. En los centros de salud barriales, el panorama es preocupante. Vecinos del barrio 30 de octubre denunciaron que les “dan medicamentos vencidos”, y que “mucha gente ni se fija en la fecha de vencimiento y los toma igual”. También debemos sumarle el estado de las obras sociales, que “se comen” mucha plata con los convenios tercerizados con los sanatorios. Es decir, que el problema no es solamente del Hospital, pero estalla allí por ser la referencia. La salud es un negocio, incluso la estatal, y la inversión en salud es insuficiente, o no llega a los beneficiarios perdiéndose en el manejo poco claro de recursos.
La maldita política
Nuestros “dirigentes” locales, que hacen un uso indebido de la palabra política, pagan sus favores la mayoría de las veces con cargos en el Hospital Justo José de Urquiza. Esta práctica (que repiten Lauritto, Scelzi y Bisogni, por citar a los principales), está tan fuera de control, que un dirigente social les ha dedicado una reflexión: “si fueran a trabajar un día todos los que hay nombrados en el hospital, los pacientes no entrarían”. Más allá de las bromas, esto tiene consecuencias muy graves, porque los que llegan por ese trampolín muchas veces no trabajan o lo hacen a desgano. A su vez, debe tenerse en cuenta que en ese heterogéneo grupo hay personas con antecedentes criminales, y abunda la gente sin capacidad ni idoneidad. Pero lo más grave es que los que tienen que dar el ejemplo hacen lo contrario. Tal es el caso del ministro de salud, Hugo Cettour (tristemente célebre por oponerse a la interrupción del embarazo de la nena violada a los 11 años), quien envió “dos psicólogos y un puntero para frenar la marcha” a la casa de los padres de Thiago –según denunciaron los vecinos. En vez de pensar soluciones para la crisis sanitaria, intentan esconder los problemas. Así no vamos a ninguna parte.
Una lucha que continúa
El reclamo de los padres de Thiago no ha culminado. “Hoy nos pasó a nosotros, mañana te puede tocar a vos” –dicen los familiares y amigos. Es por eso que preparan una marcha para el próximo viernes 28 de septiembre, que esta vez se dirigirá hacia Tribunales. Cabe destacar, que a pesar de la irreparable pérdida que ha sufrido esta familia, la marcha al Hospital Justo José de Urquiza se desarrolló en forma absolutamente pacífica. Más allá de lo que digan los resultados de la autopsia, lo que se espera es que se tomen cartas en el asunto. No puede ser que la gente se muera por causas evitables mientras los funcionarios aumentan su patrimonio en forma escandalosa. Por lo pronto, habrá que ver si estos reclamos tienen algún eco. Seguiremos informando.
Publicado por Río Bravo el 22 de septiembre de 2012.





