“Yo que nací con Videla
yo que nací sin poder
yo que luché por la libertad
y nunca la pude tener”
Demoliendo hoteles, Charly García
Algunas vidas llegaban, mientras tantas otras se iban. Aquel 27 de abril de 1982, mi familia me daba la bienvenida con alegría, y en la guerra moría el suboficial Félix O. Artuso realizando una maniobra con el ARA Santa Fe (S-21). Ese submarino que sirvió en la Segunda Guerra Mundial, finalmente, se hundiría mientras Inglaterra se lo llevaba en 1985, preservando con ese gesto toda su dignidad. La misma que tuvieron nuestros soldados con su heroísmo. Y esa que no tuvieron la inmensa mayoría de los altos mandos militares, que brillaron por su ausencia en el conflicto cuerpo a cuerpo. Ese mismo día, la periodista Virginia Gamba publicaba una nota en el diario La Nación titulada “Gran Bretaña: al rescate del orgullo herido”, que hablaba sobre la política exterior británica y las diferencias entre Malvinas y el conflicto con Egipto por el canal de Suez. Muchos años después, Gamba escribiría un libro junto a Lawrence Freedman llamado “Señales de Guerra”, que habla sobre política exterior, pero no llega ni por asomo hasta el fondo de la cuestión. Por lo menos, al fondo que a nosotros nos interesa.
Ayer nomás
Parece tanto tiempo, porque ha corrido mucha agua bajo el puente, pero no son pocas las veces que me asombro por haber nacido con Malvinas. De hecho, si hubiese sido mujer, tal vez hoy me llamaría Victoria o Malvina. No son pocas las que conozco de mi edad. Sea por esa cuestión cronológica, o por la educación recibida, siempre me generó intriga el tema. Recuerdo la forma en que miraba a los ex combatientes que pedían plata en el tren, en tiempos de alfonsinismo y menemismo, quienes continuaron la política de desmalvinización iniciada por la dictadura. Me parecía muy injusto, y siempre pregunté y leí con devoción todo lo relacionado con la Guerra. Gracias a eso, conocí lo que era Imperialismo, Estrés postraumático, y actualicé mis ideas sobre los conceptos de Patria y Heroísmo, que supieron ser un eterno retorno a la Revolución de Mayo. “El que no quiere a su patria no quiere a su madre”, dice Calle 13. Eso lo aprendí con Malvinas.
Las Malvinas son argentinas
Después de toda esa etapa juvenil, marcada por una educación familiar que chocaba con los discursos y las políticas oficiales, llegó el momento de transitar un camino propio. La participación política tuvo su adelanto durante la Ley Federal de Educación, pero recién se volvió cosa seria con el Argentinazo de 2001. En un encuentro universitario de aquellos años, recuerdo un discurso de un ex combatiente que me puso la piel de gallina. Volvió esa vieja avidez por información, pero esta vez con una mirada un poco más crítica, y una comprensión mucho más profunda de nuestra realidad. Sabía que Argentina era un país oprimido, en disputa por varios imperialismos, hecho que se había evidenciado en la diversidad de las privatizaciones. Un toco para los españoles, otro toco para los franceses, etcétera. Recordaba con odio las humillaciones de Di Tella frente a los ingleses, y preguntaba a los que consideraba referentes del anti imperialismo, cuál era el camino correcto. Con algunas respuestas y, por qué no, cierta incertidumbre, llegué hasta nuestros días. El punto de partida, que plantea que las Malvinas son argentinas, nos obliga a un compromiso por su conjugación en el presente.
Treinta años después
Un gobierno dictatorial manchado con sangre, que había atado nuestro comercio exterior a la URSS y nuestra economía al vaciamiento por parte de monopolios imperialistas de diverso color, no iba a garantizar la soberanía nacional. Los gobiernos de posguerra practicaron el silencio o la entrega abierta, con tratados como el de Madrid, con el que Menem nos humilló enormemente, obligándonos a pedirle permiso a Inglaterra para comprar un tornillo. Después llegó el kirchnerismo, y con su política de doble discurso dispuesta a cerrar la crisis de las clases dominantes, empezó a vender humo anti imperialista. Lamentablemente, y pese a los espejitos de colores, se mantiene la dependencia económica por medio de la deuda externa y la entrega de recursos estratégicos. Más aún, siguen vigentes los acuerdos de Madrid y de Londres. Tampoco se ha reglamentado la ley 26659, que prohíbe ejercer actividades comerciales a las empresas británicas vinculadas a las petroleras que operan en la plataforma continental. Por ejemplo, las relaciones que tienen bancos como el HSBC (Anglo-Chino) o el Barclays con la minera Alumbrera o el pago de la deuda externa. También hay capitales británicos en la rapiña de cobre y oro en 40 mil hectáreas salteñas. Hasta la British Petroleum (dueña del 60% de Pan American), que se ha beneficiado enormemente con este “modelo”, se encuentra involucrada. Y, el peor dato de todos, muestra del verdadero carácter anti popular de este gobierno: se reprime con la Policía Federal, la Gendarmería y carros hidrantes, a los ex conscriptos, constantemente humillados desde 1982 hasta nuestros días. Cabe recordar que en los festejos del Bicentenario, cuando Malvinas no era un tema de moda, los ex combatientes “se colaron” en los desfiles de la fiesta patria con una bandera de 20 metros de largo que decía “Gloria a los 649 héroes de Malvinas”. Tenían mucho más derecho que Nilda Garré y Aníbal Fernández, quienes los miraban con estupor desde los palcos. El plan de ocultamiento, había fracasado.
En conclusión, el debate sobre Malvinas pone sobre el tapete la persistencia de una dependencia financiera asfixiante, que sufre nuestro país con diversas potencias, y que se evidencia en el brutal ajuste que está sufriendo nuestro pueblo, mientras se sigue garantizando el pago a la banca imperialista y el saqueo de nuestros recursos con contratos leoninos. Todo eso, por supuesto, adornado con discursos nacionales, populares, y amagues diplomáticos. Afortunadamente, hay un pueblo que les hace el mejor homenaje posible para nuestros héroes. Defender sin claudicar la Patria, en todas sus dimensiones, como a la propia madre. Un pueblo que repudia a toda forma de opresión imperial, y que quiere recuperar lo que le pertenece. Algún día, volveremos.
Publicado por Río Bravo el 02 de abril de 2012.





