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Martes, 24 Enero 2012 17:15

La argentina, según Lenin

Escrito por Rafael Sosa

En el medio de una escalada en el conflicto por las Islas Malvinas, la gran obra “el Imperialismo, fase superior del capitalismo” de Vladimir Lenin, adquiere trascendencia. Ante todo, para entender qué lugar ocupa nuestro país en la situación actual de crisis. También, por qué no, para desnudar los falsos discursos nacionales en boca de muchos traidores a la patria.


Hubo un tiempo en el que lo dieron por muerto. Querían presentar la caída del Muro de Berlín (que se había comenzado a construir ya muerto Stalin), como el fin del comunismo. Después hicieron lo propio con la Perestroika, aunque a la URSS no le quedaba nada de leninismo desde hacía décadas. Sin embargo, Vladimir Lenin se las ingenia para volver, siempre. En estos días, el primer ministro británico, David Cameron, se burló de él también (ver) al hablar de “colonialismo” y de la “autodeterminación” de los kelpers plantados por Inglaterra tras las sucesivas invasiones iniciadas incluso antes de 1833. Lenin escribe en su texto de 1914, “El derecho de las naciones a su autodeterminación”, precisamente en contra de los intentos de colonización y dominación que imperaban durante esos tiempos de guerras imperialistas. Es muy necesario volver a leer esos textos.

El imperialismo, otra vez de moda

La palabra imperialismo, está nuevamente en boca de muchos en nuestro país. Incluso aquellos que teorizaron sobre el fin de la historia, de las ideologías, y de todo lo que tuviera que ver con el marxismo, ahora se llenan de imperialismo la boca. Para separar la paja del trigo, y las palabras de los hechos, hablemos del libro que mejor analiza esta etapa del capitalismo: “el Imperialismo, fase superior del capitalismo”. El texto es escrito, al decir del autor, “con la ayuda de los datos generales irrefutables de la estadística burguesa y de las declaraciones de los sabios burgueses de todos los países”. Con esto queremos aclarar que no se trata de un panfleto, sino del estudio científico de las características de un sistema económico que aún persisten. Por ejemplo:

-“La concentración de la producción y los monopolios” (véase Telefónica, las petroleras, Siderar, y por qué no la fusión de Cablevisión y Multicanal autorizada por el gobierno nacional, entre tantos ejemplos).

-“Los bancos y su nuevo papel”. (¿A quién están más preocupados en salvar las potencias imperialistas ahora? ¿A quién se compensó por la crisis del 2001 en la Argenina? Claro que sí, a los bancos).

-“El capital financiero y la oligarquía financiera” (sobre la especulación basta recordar la crisis inmobiliaria que se desató en España).

-“La exportación de capitales” (¡Todos coinciden en que necesitamos inversiones extranjeras! ¿Ah, sí?).

-“El reparto del mundo entre las asociaciones de capitalistas” (Un ejemplo en la Argentina, fue la forma en que se repartieron el país Telefónica y Telecom).

-“El reparto del mundo entre las grandes potencias” (Afganistán, Irak, Siria, y otras formas más sutiles que ya pasamos a analizar).

Esto es menos que un resumen, apenas una reseña de los temas que trata el texto. Sin embargo, nos vamos a detener especialmente en uno, por su trascendencia, y para comprender el resto de la nota, y el lugar que ocupa la Argentina en el mundo. En el texto, Lenin divide a los países entre opresores y oprimidos. Los países opresores, son los imperialistas, las grandes potencias que luchan por el reparto del mundo. Del otro lado, están los oprimidos, aunque existen diversas formas de dominación. “Para esta época son típicos no sólo los dos grupos fundamentales de países: los que poseen colonias y los países coloniales, sino también las formas variadas de países dependientes políticamente independientes, desde un punto de vista formal, pero, en realidad, envueltos por las redes de dependencia financiera (Nota del autor: como la deuda externa) y diplomática”. ¿Y adivinen qué país pone como ejemplo Lenin de país dependiente desde el punto de vista financiero? Claro que sí, a la Argentina y su dependencia de Inglaterra, en los tiempos del Centenario, del modelo agroexportador y los ferrocarriles. La discusión pasa por si la segunda independencia se ha concretado, o no.

La dependencia está vigente en la argentina

Hablemos de nuestro país. En la obra “Los profetas del odio y La yapa” de Arturo Jauretche (ahora utilizado hasta por Pepe Albistur, jefe de campaña de Carlos Menem y ex funcionario kirchnerista), se podía leer en 1957: “A la estructura material de un país dependiente corresponde una superestructura cultural destinada a impedir el conocimiento de esa dependencia, para que el pensamiento de los nativos ignore la naturaleza de su drama y no pueda arbitrar propias soluciones, imposibles mientras no conozca los elementos sobre los que debe operar, y los procedimientos que corresponden conforme a sus propias circunstancias de tiempo y lugar”. Clarísimo.

¿Existe hoy esa superestructura cultural? Evidentemente, sí, porque la dependencia persiste. De todos modos, no pueden ser señalados el grupo Carta Abierta, programas como 6,7,8, y sus repetidoras en varios canales, diarios, revistas, blogs y demás, como operadores directos de dicho engaño, sin señalar ciertos matices entre ellos. Aunque está claro que hay un grupo de intelectuales que elabora un discurso nacional para ocultar la entrega la que nos somete este Gobierno. De eso no hay duda. Lo cierto es que la dependencia económica persiste. Una descripción brevísima de dicha situación, señalaría el destino de la mayoría de nuestros fondos al pago de la deuda externa ilegítima, los recursos estratégicos en manos de capitales extranjeros, la compra de manufactura extranjera que se podría producir en la argentina (trenes chinos o españoles) a cambio de la compra de materias primas (soja), por parte de los mismos países, y los beneficios para empresas multinacionales en algunos casos monopólicas. Aún a costa de destruir nuestra cordillera, para saquear el oro, contaminar el agua, y llevarse todas las ganancias al extranjero. Eso es dependencia, qué duda cabe.

Malvinas y el anti-imperialismo

Es importante destacar que en estos días el Gobierno ha retomado el tema Malvinas (después de que quiso dejar afuera del Festejo del Bicentenario a los ex Combatientes). Es evidente que lo hace porque quiere recuperar la iniciativa política, aprovechando los 30 años que se cumplen de la guerra. Sin embargo, el tema Malvinas es muy sentido por los argentinos, y es una reivindicación muy justa. Por lo tanto, todas las medidas positivas que tome el Gobierno deben ser apoyadas, a pesar de las razones que las guían.

Sin embargo, también es importante señalar las medidas que no se están tomando, ni se tomaron en 1982, como la guerra económica, que involucra expropiaciones, congelamiento de créditos, y tantas otras medidas que seguramente, Chávez, por citar un ejemplo, tomaría. De todos modos, el anti-imperialismo no se agota en Malvinas. Y aún si el Gobierno recuperara las Islas, hay lazos de dependencia que deben ser rotos. El ejemplo de la Mega Minería es notable. En primer lugar, porque las potencias imperialistas se llevan nuestros recursos, a cambio de monedas. Y peor aún, porque lo hacen destruyendo el recurso más vital de todos: el agua. Sin embargo, no es el único ejemplo. La entrega que se ha hecho a las petroleras (incluso a la British Petroleum, de capitales ingleses) es imperdonable. Por lo tanto, la cuestión del antiimperialismo no pasa por lo fuerte que grite la presidenta, o los discursos cargados de emotividad y patriotismo que pueda pronunciar. La esencia de la lucha contra el imperialismo, pasa por las medidas que se toman para romper los lazos de dependencia. Todo lo demás, no sirve para nada. Aquí abajo adjuntamos un link para leer el libro de Lenin. Afortunadamente, su vigencia es cada vez más indiscutible.

http://www.marx2mao.com/M2M(SP)/Lenin(SP)/IMP16s.html

Publicado por Río Bravo el 24 de enero de 2012.

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