Sobre la situación que enfrenta la niña de 11 de General Campos que, producto de una violación, tiene un embarazo de 11 semanas y solicitó a la justicia un aborto terapéutico. Datos y una mirada necesaria sobre una historia que no es un “caso” aislado.
En innumerables aspectos, la realidad supera a la ficción. Al menos eso parece en General Campos, pueblo de algo más de tres mil habitantes ubicado en el departamento San Salvador (a 15 Km. De la homónima ciudad).
Como una Caperucita moderna, una gurisita del lugar, con apenas 11 años decidió recorrer los 15 Km. hasta la capital del departamento para visitar a su abuelo. Pero a diferencia de las versiones de Charles Perrault o los hermanos Grimm, esta vez no hubo final feliz y el horror se hizo carne… Literalmente. Un joven de 17 años, amigo de un vecino de su abuelo, la violó; y como suele suceder ella calló. Por vergüenza, por miedo, por su niñez. Quizás creyó que todo iba a pasar, que más tarde sólo sería un mal recuerdo. Pero cuando nuestras bocas callan, nuestros cuerpos gritan, y un dolor de panza se transformó en la peor pesadilla: un embarazo de 11 semanas de gestación era la marca indeleble del ultraje sufrido.
La familia de la niña, a través de su abogada María Susana Benítez, solicitó la realización de un aborto terapéutico amparándose en el artículo 86 del código Penal. ¿Por qué se judicializó la situación? Muy simple, porque la niña es pobre y no cuenta con el dinero necesario para afrontar una “práctica ginecológica” en una clínica privada (eufemismo que cuesta entre $1500 y $5000, lo que cuesta la higiene y seguridad del procedimiento). De esta manera el sistema muestra sus garras:
en nuestro país 1 de cada 6 partos es de una madre adolescente. En Entre Ríos el 27,35% de los partos son de adolescentes (niñas de 10 a 19 años). En el año 2009 hubo en nuestra provincia, en los hospitales públicos, 8.233 partos, de los cuales 1904 fueron de niñas de 15 a 19 años (equivale al 23%) y 349 partos fueron de niñas de 10 a 14 años (equivale al 4,23%). La mayoría de ellos fueron embarazos no deseados. De esta manera obscena se muestra un sistema que mastica a los sujetos desde la más temprana infancia. Sistema que impone opresión al pueblo por ser pobre y a las mujeres les añade la opresión específica del género: las mujeres deben aprender que son un “
objeto al servicio de quien se siente con derecho a poseerlo”, que provoca y que es responsable (siempre, sin excepción) de lo que provoca en el otro. Sistema que produce sujetos que necesitan de la violencia para lograr el placer.
Sistema que parte de los arietes del Estado para impedir la resolución de situaciones como ésta. Por eso, ante la judicialización del caso y posterior publicidad del mismo, la reacción de gobierno entrerriano profundizó el camino de perpetuar la culpabilización de una niña que cometió el “
pecado” de ser pobre y reclamar por sus derechos. En este sentido el “
Ministro” de Salud provincial: el, vaya ironía, médico Hugo Cettour declaró: “
el caso no entra dentro de las pautas legales en las que debe permitirse interrumpir el embarazo”. "
Una vez que la niña tuvo su primera ovulación, tiene las condiciones físicas para sostener un embarazo; la naturaleza es sabia, una vez que tiene su primera menstruación el cuerpo está preparado”. Parece que este funcionario es incompetente para el puesto que ocupa, dado que la
Organización Mundial de la Salud define: “
la salud como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.” El desgarramiento provocado por el abuso, el embarazo como marca indeleble, la destrucción de la niñez por la maternidad impuesta ¿no califica como falta de salud señor ministro?
Para colmo de males, el Poder judicial tampoco es ejemplo de nada. El pedido de interrupción del embarazo recayó en el juzgado de Familia a cargo de Raúl Tomaselli. El “
magistrado” anticipó con sus declaraciones la seriedad con que tomará la decisión: “
Yo no puedo hablar de algo que no sé, yo no vi nada, habrá que ver, depende del tipo de recurso que se presente, los plazos que exige, y además -deslizó
- hay que ver si me dan los plazos para resolverlo porque yo no voy a estar acá de corrido”… Este impresentable, además, no parece tener las competencias éticas para ejercer el cargo de juez dado que le fue iniciada una causa para que reconozca a un hijo de 18 años y cumpla con la correspondiente cuota alimentaria.
De esta manera podríamos gritar ¡cartón lleno! Otra niña condenada a “
jugar a la mamá” las 24 horas del día. Otra víctima de violencia sexual castigada a llevar por siempre la marca del horror. Otro crimen que podría haberse evitado.
Pero no todo es negrura en el cielo de tormenta. Así como hay claros por donde se cuela el sol, las mujeres seguimos luchando para ganar espacios, para rediscutir el lugar que este sistema nos asigna. Numerosas voces se alzan para reclamar los derechos de esta niña. Para modificar la legislación vigente, que se apliquen efectivamente Protocolos de Atención para las víctimas de violación. Para reclamar la educación sexual para decidir (que en Entre Ríos está frenada a pedido de la Iglesia Católica), los anticonceptivos para no abortar (que en nuestra provincia se entregan esporádicamente o no se entregan en hospitales y centros de salud) y aborto legal, seguro y gratuito para no morir.
Quienes hemos participado de los Encuentros Nacionales de Mujeres sabemos que es posible porque para caminar hay que arrancar… Y para conquistar nuestros derechos, tenemos que luchar.-
Fuentes:“
Mujeres. Nuestras Vidas, Nuestras Luchas”. Grupo Taller “Entre Nosotras”. Editorial Ágora. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 2009.-
http://www.diariojunio.com.ar/noticias.php?ed=1&di=0&no=48337http://www.cadenaentrerriana.com.ar/index.php?cadena=15724http://www.apfdigital.com.ar/despachos.asp?cod_des=182984&ID_Seccion=1http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-185638-2012-01-17.htmlhttp://www.unoentrerios.com.ar/Publicado por
Río Bravo el 18 de enero de 2012.