Uno de los escritores más nombrados y menos leídos de la literatura argentina es Macedonio Fernández. Se trata de un autor que influenció a un tal Jorge Luis Borges. Aquí les dejamos una reseña de una obra indispensable, que esperamos sirva de puerta de entrada.
Empecemos con algunos datos biográficos desordenados. Macedonio nace el 1 de junio de 1874 y muere el 10 de febrero de 1952 en Buenos Aires. Durante sus setenta y siete años de vida, ejerció como abogado, pero se destacó sin lugar a dudas en la escritura de todo tipo de textos: algunos científicos, muchos literarios, y un importante número de escritos difíciles de clasificar. Ejerció una fuerte influencia sobre Jorge Luis Borges, producto de una amistad con su padre, pero también se relacionó e influenció a otros escritores de la talla de Leopoldo Marechal y Raúl Scalalbrini Ortiz. “
Su obra, poco leída, desaparece en los márgenes de la construcción de un mito, un enigma, una figura evanescente y múltiple”, nos dice Mónica Bueno en el prólogo a
Una novela que comienza.
Así escribe Macedonio
Como siempre acostumbramos en estas reseñas, vamos a darle mayor espacio a las citas de su obra, más que a los análisis para los que no estamos capacitados. A su vez, entendemos que es una buena forma de motivar la lectura de sus obras. Veamos su excéntrica forma de describir: “
ojos negros (ya lo dije, pero no dije que eran grandes), siente frío en el invierno y calor en el verano siguiente. Este cambio de opinión no excluye firmeza de carácter. Es valiente, aunque ningún hombre lo es, y trabajador, lo que no es cierto: yo no lo creo de nadie ni de él”.
Una novela que comienza
La obra que recomendamos es una reflexión sobre la literatura, que combina con una lucidez envidiable teorías sobre el cuento y la siesta, la relación entre el lector y el escritor, y un desborde de humor desopilante. El estilo es tema para los críticos, pero se puede destacar las fina ironía, y la constante búsqueda de romper con los cánones de la estructura de los textos literarios. Sobre su propia capacidad literaria, Macedonio dice que ha: “
fracasado como escritor –quisiera acordarme de algo en que no haya fracasado para mostrar que hay variedad en mis andanzas (…) en cuanto a este fracaso en el escribir, se debe a esta rareza de no poder escribir seguido sin pensar en nada. Si yo hubiera pensado antes de escribir, lo que no es tampoco oportuno, apenas se notaría“. En uno de sus capítulos (si es que podemos utilizar ese término), Macedonio dedica su próxima obra al Lector Salteado, porque entiende que los hay de distintos tipos: “
Un lector es un lector. Aunque me ha salido uno respondón que seguramente no conoce ninguna de las maneras de aplaudir”. Las alusiones a posibles títulos para futuras obras es permanente, como así también las conjeturas sobre su futuro: “
La publicaré próximamente, pues ya han dicho admirados los críticos de manuscritos, ‘es novela que nunca antes se ha escrito’. Y ahora tampoco, pero falta poco. Tal colección de sucesos se encerrará dentro de ella que no dejará casi nada para el suceder en las calles, domicilios y plazas, y los diarios faltos de acontecimientos tendrían que conformarse con citarla”.
Si alguna de estas citas despertó la curiosidad hacia Macedonio Fernández hemos cumplido nuestro objetivo. No es bueno conocer autores por referencias, aunque los elogios provengan nada menos que del propio Borges. Por otra parte, a pesar de todos los cambios que ha experimentado la literatura como consecuencia de la explosión tecnológica, el placer por la lectura individual no se ha perdido. Si emprenden el recorrido, les deseamos un buen viaje en el tránsito por esas páginas. No serán los primeros en llevarse una grata sorpresa con este gigante poco conocido.
Publicado por
Río Bravo el 2 de octubre de 2011.