Mudanza a la biblioteca, las poesías de tío Jorge, y los abuelos que no se rinden.
Gervasio, Marcela y el pequeño Tomasito terminaron su contrato de alquiler en el departamentito. El dueño quería aumentarles trescientos pesos, y esa fue la excusa perfecta para aceptar la oferta del tío Jorge, de mudarse a su “
espacio cultural”, como le gusta denominarlo al hermano de Lorenza.
Partieron “
con los poquito’ petate’ que tenemo” le dijo con una sonrisa, la hija de Isabel a su suegro, cargados en la F-100 de Roquecito. El inefable Beto acusó un “
dolor fuerte en la espalda”, pero todos se imaginaban que el puntero no iba a colaborar. Mientras cargaba la mesa, Don Evaristo cambiaba un viejo dicho para definir a su hijo: “
Si al que madruga Dios lo ayuda, m’hijo es un ateo con más culo que cabeza”. Roque pensaba lo mismo, pero no le gustaba hablar mal del hermano de su yerno, que “es guapísimo para el laburo”.
Gracias a todas las manos todas, menos las de Beto, la mudanza fue bastante rápida. Detrás de la casa que funciona como Biblioteca, Centro Cultural, Club Social y Deportivo, entre otras cosas, había una piecita bien amplia donde vivirán nuestros amigos hasta terminar su casa. Tiene un bañito independiente, y es “
bastante luminosa”, al decir de Cecilia, quien también destacó “
la energía” y otras cosas que sólo la hermana de Marcela parece comprender.
Y una vez que todo estaba relativamente en su lugar, porque todos sabemos que las mudanzas “
duran hasta la próxima mudanza”, como dijo Roquecito mientras le agradecían por haber puesto la chata, el tío Jorge les explicó lo que necesitaban saber para vivir allí. Fiel a su estilo, lo hizo con una pila de libros que quería compartir con sus nuevos “
inquilinos”. Gervasio armó el mate y los tres se sentaron en la mesita que había junto a la ventana.
Cuando lo ve trabajar tan duramente, Jorge piensa que su sobrino es como “El niño yuntero” de Miguel Hernández, y entonces sopla tierra en el libro de tapa negra y lee:
“
Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado”.
Marcela dice que en la obra trabaja menos que en el campo, y tiene razón. “
No te olvidé que allá también ligábamo’ comida, y ahora tiki taka en el súper”, retruca Gervasio, pero reconoce que le quedan energías para jugar con su pequeño hijo. Mientras tanto, en la televisión aparece Grondona, y repite su frase: todo pasa…….(menos él)…..”
Estuvo con los milico, ahora roba con éstos, y encima me hace acordar al poema de Álvaro Yunque” –se enoja tío Jorge y marcha para la biblioteca. Rápidamente, vuelve con la referencia en sus manos:
“
Toda pasa: Glorias, muertes,
Revoluciones, miserias,
líderes, credos, proclamas,
martirios, héroes, poetas,
odios, fracasos, victorias,
fes, entusiasmos, ideas,
desolaciones, tiranos,
hazañas, cruces, banderas,
maquinarias, traiciones,
gritos, puños, sables, fechas,
ruegos, himnos…¡Todo pasa!
Todo pasa, el pueblo queda”.
Las citas se repiten, una y otra vez, sin que el tío tarde más de cinco minutos en encontrar un libro, y Gervasio y Marcela intercambian miradas cómplices ante cada nueva excursión. De pronto, con ese sentido de la oportunidad tan especial que tienen los chicos, Tomasito se pone a llorar y nos trae a todos de vuelta a la rutina. Mamadera, morisqueta y la próxima la seguimos…
Publicado por
Río Bravo el 8 de septiembre de 2011.