Para quienes estamos hartos de escuchar a los autores, opinólogos, “
estudiosos” y glamorosos “
posmodernos”, el viernes pasado no fue un día más. Es difícil hoy en día encontrar a investigadores reconocidos, respetados y del calibre de Inés Rosbaco y Rosa Nassif, desenvainar del modo en que lo hicieron y lo hacen en su práctica cotidiana, contra el aluvión de los “
posmos”.
Posmodernos¿Quiénes son los “
posmos”? Son Fito Páez cantando que estar “
al costado del camino es más entretenido y más barato”; son Macri cantando Queen y Boudou rocanroleando; son Alejandro Rozitchner diciendo que la culpa de todo la tienen los que se la jugaron por un país distinto, porque no entendieron que hay que dedicarse a vivir y dejar vivir y punto, y salieron a matar o morir con un país más justo clavado en sus banderas; son las grandes editoriales publicando a autores que se citan y se elogian y se copian y se vuelven a citar y se legitiman entre sí y se aseguran la beca y los viajes por Europa hasta que se mueran y se paran en el púlpito para decirnos que ya no existen grandes relatos ni verdades, más que el gran relato del capitalismo y la gran “
verdad” de que este mundo no se puede cambiar: o nos adaptamos o estamos jodidos.
Hijos del “
fin de la historia” y del de las ideologías, y padres de la antipolítica, estos autores se arropan en un lenguaje confuso, impreciso, incluso pretendidamente poético, para publicar extensos libros y colecciones en los que no dicen nada y dicen siempre lo mismo. Y son hegemónicos en su terreno: gobiernan universidades y facultades, ministerios de educación y secretarías de cultura, medios de difusión masivos y productoras artísticas, centros de estudiantes y sindicatos.
Son kirchneristas y antikirchneristas. Difieren en sus gustos menores pero coinciden en lo más importante: los grandes sueños de emancipación “
ya fueron”, el mundo cambió y debemos adaptarnos subiéndonos al carro y viendo qué pequeños detalles podemos acomodar desde dentro. Ya no hay historia: hay hechos; ya no hay procesos: hay acontecimientos; ya no hay ideales ni realidades: hay percepciones; ya no hay identidades que construir: hay subjetividades fluctuantes; la militancia ya fue, ahora hay que vivir la vida en el momento y aportar desde “
lo micro” en lo que se pueda.
Resistencia y contraataque
De todos modos, ante esta ola que ya lleva varias décadas y que parece arrasar con todo, repartiendo méritos, sueldos acomodados, cargos, becas y viajes para quienes se suban al tren; hay quienes dan batalla. Son cientos de miles, más en realidad, en cada piquete y en cada lucha obrera, campesina o popular, que se desate en el país y en el mundo. Son los egipcios volteando a Mubarack. Pero en el terreno académico, donde los “
posmos” parecen imbatibles, también quedan soldados de las causas de los grandes proyectos emancipadores, y soldados de los buenos.
En la ciudad de Paraná, el viernes 2 de septiembre, las psicólogas Inés Rosbaco y Rosa Nassif expusieron en diferentes encuentros: la primera en el de docentes de primaria que organizó AGMER en la escuela Normal, y la segunda en la Facultad de Trabajo Social, en la presentación de su libro “
¿Es posible conocer la realidad? Nuevos y viejos debates en el Siglo XXI”, organizada por el IDEPER (el instituto de estudios en Psicología Social) de Paraná.
InésInés Rosbaco expuso ante casi 700 docentes de escuelas primarias de la provincia entera. La psicóloga es paranaense de nacimiento, pero vive y trabaja como docente e investigadora universitaria en Rosario, en la UNR. Es autora del libro “
El desnutrido escolar” (Homo Sapiens, Rosario, 2000).
En su charla, contra todo lo que podía prever quien no la conozca y haya estudiado en un instituto de formación docente en el país en los últimos 20 años, Rosbaco embistió contra la idea de asumir (y resignarse a) la escuela como “
galpón”, como lugar a “
habitar”. Y no sólo cruzó lanzas contra esta idea archi-ultra-impuesta como verdad irrefutable, y repetida hasta el hartazgo en la mayoría de los libros y las cátedras de pedagogía de las universidades e institutos superiores del país; también lo hizo con sus autores y divulgadores: Ignacio Lewcowicz y Cristina Corea, y Silvia Duschatzky.
Asimismo, no escatimó balazos para los padres de los posmodernos vernáculos, y la emprendió contra Michel Foucault, Gilles Deleuze y compañía. Señaló que éstos y sus continuadores y difusores locales nos quieren hacer creer que estamos fragmentados, que ya no hay historias sino acontecimientos que nos conmueven a cada uno en alguna fibra íntima de su propia subjetividad, que ya no somos sujetos históricos, productos de las luchas, las pasiones y los recorridos que las sociedades fueron trazando en su desarrollo y conformación. “
Nos dicen que lo importante (como docentes) es generar ‘relaciones intersubjetivas’, no conocimiento.”
Y no se quedó en la crítica, fue propositiva: habló de pensar a la escuela como lugar que brinde no sólo alojamiento sino amparo a tantos pibes con tanta necesidad de encontrar su lugar, y habló de lo contrario a la fragmentación, que es el agrupamiento. Habló de esta idea tan “
posmo”, tan “
joven”, de que a los pibes “
hay que dejarlos solos”, sin límites y a la deriva, para que se vayan “
haciendo” y encuentren por su cuenta lo que más les guste; y dijo lo funcional que es esta idea al poder, porque la capacidad de discernir, elegir y discriminar, no es innata, se construye, y en esta capacidad se debe asentar el pensamiento crítico.
Ya concluida su exposición, aplaudida por cientos de docentes (muchos sorprendidos y otros hasta emocionados), ya fuera del salón la investigadora nos contó que a esta valentía por la cual la saludamos, la está pagando cara: “
me está costando la universidad”. Y nos contó lo mucho que le está costando dar batalla desde su cátedra a una formación hegemónica en la mayoría de las carreras universitarias en la actualidad. Cada vez, nos contó, los estudiantes llegan más “
formateados” desde esta perspectiva. Pero, agregó, no se desanima ni aprieta la pausa en su andar: sigue apostando a formar equipos, estudiantes y profesionales, en la idea de que el conocimiento para la transformación de la realidad es posible.
RosaJustamente de ello vino a hablarnos, ese mismo día pero a la noche, Rosa Nassif. La psicóloga y psicóloga social tucumana, docente e investigadora, integrante del Consejo de Redacción de la revista Política y Teoría, vino a presentar el libro “
¿Es posible conocer la realidad?”, en el marco de una actividad organizada por el IDEPER Paraná.
Los estudiantes, docentes y psicólogos sociales que la escucharon, participaron luego de un intenso debate a partir de los dardos que la autora disparó. Es que Nassif no se metió con cualquiera: eligió a los autores más mencionados, citados, elogiados y “respetados” por la industria cultural y mediática y por la educación “oficial” en la actualidad: Maturana, Váttimo, Castoriadis... Y, encima, lo hizo parándose desde la teoría más defenestrada y dada por muerta (por aquellos mismos órganos de poder cultural): el materialismo histórico, el materialismo dialéctico (la base científica de sustentación de lo que comúnmente se conoce como el “marxismo”).
Rosa ha dedicado su vida a militar, estudiar, investigar y conocer, y por supuesto a educar y difundir, esta perspectiva. Está convencida de que la realidad sí se puede conocer, de que la objetividad no es un imposible sino una necesidad para quienes pretendan llegar al “caracú” de la vida social, y que todo esto debería ir de la mano de la praxis destinada a transformar esa realidad que se busca conocer; está convencida y lo muestra con rigor, generando debates y compartiendo información, y con pasión.
“
Acá cada uno tiene su verdad, y todas son válidas”, sostiene el posmodernismo, amparándose en la supuesta democratización que significaría el “
todo vale” o el “
todo da igual”. Como si el mundo no hubiese avanzado los pasos que recorrió gracias a la pretensión y a la búsqueda de conocimientos científicos que permitan entender, conocer y modificar, en base a ese proceso, la realidad misma. Nos recordó Rosa aquella frase del “Pepe” Mujica, de que “
antes queríamos cambiar el mundo y ahora queremos asfaltar algunas calles”, y con ella ejemplificó esta tendencia hegemónica en el discurso universitario y periodístico “
oficial”, a aceptar que el sistema no se puede cambiar (mucho menos revolucionariamente), y que tenemos que adaptarnos a él para conformarnos con hacerle los maquillajes que se le puedan hacer.
Párrafo aparte mereció en su planteo el rol de los medios masivos de difusión, quienes, si bien “
influyen pero no determinan”, construyen versiones interesadas de la realidad, y “
el papel de la ciencia debería ser el develar esos relatos y esos intereses”.
Batallas culturales
Las dos investigan, las dos buscan conocer la realidad, y las dos sostienen que ésta se puede (y se debe) transformar a partir de aquella búsqueda. Las escucharon y conversaron con ellas docentes y estudiantes de la provincia, y psicólogos sociales, entre otros.
“
La única lucha que se pierde es la que se abandona”, dicen las remeras que AGMER Seccional Paraná confeccionó para los delegados de escuelas del Departamento. Quizá a veces parezca la lucha de David contra Goliat, quizá a veces parezca la del Quijote contra los molinos de viento. Lo cierto es que si los grandes beneficiarios del sistema político económico actual, encaramados en el poder desde las grandes editoriales, universidades, medios masivos y gobiernos; difunden, aplauden y apologizan del modo en que lo hacen a los figurines de la “posmodernidad”, nos permitimos decir, con perdón de la expresión, “por algo será”. Y algo, desde esta otra vereda, debemos hacer al respecto.
En fin: el viernes fue un buen día. Y Río Bravo se ofrece como trinchera para construir muchos días como éste, como aporte para que algún día las vidas de todos sean de otro tipo. Más parecidas a lo que los cantores de la derrota y los divulgadores del conformismo, nos dicen que ya no es posible.
Publicado por
Río Bravo el 6 de septiembre de 2011.