(En la foto: Julio Grondona, mandamás y casi dueño del fútbol argentino)
Hay un conjunto de nociones muy interesantes si uno analiza, precisamente, las categorías gramaticales y semánticas en los términos “ascenso”, “descenso”, “primera división”, “segunda división” y “promoción” que tanta polémica han generado en estas horas.
Lo hay por las implicancias más grandes y generales con que se pueden relacionar estos términos dentro de la historia de nuestro país y su desarrollo cultural al margen de lo estrictamente futbolístico.
Veamos: en el campeonato de “primera división” del fútbol argentino, solamente 3 de 20 equipos no son de Buenos Aires y Capital Federal; dos de ellos de hecho, son de una misma provincia (Santa Fe).
Es decir, en el campeonato mayor y más prestigioso del fútbol de Argentina, que lleva el nombre de un ex presidente nacional, 17 equipos -entre 20- son de Buenos Aires, 2 de Santa Fe y uno solo de Mendoza.
No obstante, los equipos de “segunda división” que luchan por el “ascenso” a primera son, casi el 85 por ciento, oriundos del resto de las provincias del país: desde Jujuy hasta Chubut. Por lo tanto, ser de “segunda” claramente implica no ser de Buenos Aires; ser de “primera” significa ser, justamente, de Buenos Aires (y de Santa Fe pero con muchas reservas; de hecho, el año pasado, descendió Central, uno de los pocos clubes que no siendo de Bs As fue campeón del fútbol argentino, aunque ahora ascendieron Unión y Atlético Rafaela).
Siguiendo el juego semántico de las palabras y relacionando que ser de “primera” es ser de Buenos Aires y ser de “segunda” del resto de las provincias, automáticamente uno puede relacionar también estos términos con la famosa muletilla que las personas de Buenos Aires (los porteños) usan al referirse a personas provenientes del resto del país: la famosa “sos del interior”…
Entonces, si todas las provincias argentinas son el interior, por un fácil ejercicio de dialéctica, Buenos Aires sería ¿el exterior?
Especialmente si uno toma en cuenta que en un país de 40 millones de habitantes, 18 más o menos viven en Buenos Aires, es decir, casi un 40 por ciento del electorado total del país.
Y como un dato final a estas antinomias, la selección argentina, la selección nacional, sólo juega partidos oficiales en la cancha de River en Capital Federal. Dos años atrás, cuando Diego Maradona decidió jugar en Rosario, las críticas y el escándalo fueron totales: es como si se hubiera perdido “la localía”.
Domingo Faustino Sarmiento hace casi 150 años ya, en su célebre libro Facundo (donde intentaba entre otras cosas, determinar “la argentinidad”), hablaba en el subtítulo del mismo de “Civilización y barbarie”. El sanjuanino no decía civilización "ó" barbarie, sino "y" barbarie.
Eso daba la pauta que dos estados absolutamente antagónicos convivían en una misma estructura social. En especial si leyendo el libro uno advierte que Sarmiento entendía a la Civilización en la ciudad y por ende, en Buenos Aires, y a la Barbarie en el resto del país: de allí que su ejemplo para simbolizarla (y aborrecerla) era la figura del caudillo riojano Facundo Quiroga.
Belgrano, de... Córdoba
En estos días, Belgrano (al que los medios de Buenos Aires llaman, siempre aclarando -¡¿qué?!-, “de Córdoba”) juega la “promoción” para “ascender” a la “primera” división del fútbol argentino.
Por lo tanto y teniendo en cuenta todo lo escrito anteriormente, ¿Belgrano intentará dejar el interior por la capital (¿?); la barbarie por la civilización; la segunda categoría por la primera categoría?
¿Qué significa realmente “ascender” en el fútbol argentino: ¿dejar de jugar un campeonato federal que va desde Jujuy hasta la Patagonia para pasar a disputar casi en exclusividad partidos en Buenos Aires? Y por el mismo sistema de “ascensos” y “descensos” con que se rige la AFA y la historia misma del club Pirata, de jugar en “primera”, ¿por cuánto tiempo se lo podría hacer; es decir, cuánto tiempo Belgrano podría “mantener la categoría” de primera división?
Unitarismo y federalismo al margen, este juego cruel y sádico de regionalismo, centralismo, provincianismo, capitalismo y demás ismos no intenta bajo ningún punto de vista plantear una lucha de “nosotros” contra “ellos”. Por el contrario, intenta analizar por qué hay un “nosotros” y un “ellos” cuando todos deberíamos ser más bien un “nosotros”.
Belgrano contra River no necesariamente es Córdoba contra Buenos Aires, ni Interior contra Capital, ni Barbarie contra Civilización... En todo caso, apenas, “el club” Belgrano contra “el club” River.
No obstante, el juego simbólico es tan tentador ("El Pirata intentará hundir al Millonario…"), que los vínculos son inmediatos y por eso volvemos al primer párrafo de este artículo, a lo gramatical y su semántica, ya que la pregunta en esta “promoción” que empezó el miércoles en Alberdi y termina el domingo en Nuñez, sería: ¿apenas juegan el “ascenso” y el “descenso” el club River contra el club Belgrano o algo más –aunque sea a un nivel estrictamente simbólico– se juegan estos dos equipos?
De manera más que interesante, otra de las tantas muletillas que se hablan en estos días es aquella de “¿Te imaginás a River jugando en la cancha de Patronato de Paraná?” haciendo una clara alusión despectiva a Paraná: como si Entre Ríos fuera un lugar turbio, exótico, extraño, lejano y remoto donde River jamás podría osar jugar allí.
Lo irónico está en que al fin y al cabo, River Plate es un nombre inglés que significa Río Plateado, es decir, “Río de la Plata”: un río que le debe gran parte de su afluente y riqueza, al Río Paraná precisamente.
Por ello y para terminar, la “primera” o la “segunda” división: ¿son apenas categorías meramente definidas por lo futbolístico o se definen también por una relación cultural, geográfica y política que excede el mero juego y pasa a trascender en la historia misma de este país y sus 201 años de historia oficial?
Publicado por Indymedia Córdoba/RNMA y reproducido por Río Bravo el 23 de junio de 2011.





