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Jueves, 09 Junio 2011 16:21

El oficio de escribir por una miseria digna

Escrito por Santiago Joaquín García

Algunas reflexiones sobre el día del periodista. La figura emblemática de Mariano Moreno, el ejemplo de Rodolfo Walsh, y los tragicómicos esfuerzos por sobrevivir sin manchar lo único valioso que tenemos: nuestro nombre.

Desde el fondo de nuestro corazón de argentinos esperamos el brillar de la verdad para el bien de todos. A la Justicia, pues, referimos la última palabra sobre las graves imputaciones. Tenemos que confiar, no nos queda otro remedio que confiar. No puede atentarse permanentemente contra el pueblo, contra sus hijos humildes, con toda impunidad”.

Rodolfo Walsh, “Yo también fui fusilado” en El violento oficio de escribir.

Se sabe que todo empieza mucho antes de la Gaceta de Buenos Aires. Incluso los rastros primitivos son anteriores al Ágora de los griegos. José Acosta Montoro, en Periodismo y Literatura, nos habla del origen del hombre, y “la obligatoriedad emanada de alguna zona del cerebro creciente, de expresarse de cierta forma con los compañeros de manada para compartir alegría, tristeza, hambre, terror, miedo, satisfacción, necesidad…descubrimientos”. Entonces, ante todo se expresaron los sentimientos con el tacto, cosa que millones de años después seguimos haciendo nosotros sobre las letras del teclado. Porque si no le ponemos sangre a lo que decimos, ¿para qué escribimos?

Un poco más acá

Claro que nuestra historia más cercana, en tiempo y espacio, se asocia íntimamente con el nacimiento de la patria. Sólo han pasado un poco más de dos siglos, aunque parezcan tantos. Los periodistas tuvimos un representante de lujo en la Revolución de Mayo, que fue uno de los más fervorosos combatientes por la independencia nacional. Un verdadero ejemplo de periodista militante, que en vez de una fortuna considerable, se ganó un asesinato a traición. Fue el primero de una larga lista, que luego engrosaron Rodolfo Walsh, José Luis Cabezas, Adam Ledezma, y que se seguirá ampliando sin lugar a dudas. Y en aquel primer y emblemático número de la Gazeta de Buenos Aires, Moreno ya nos explicaba que “el poco conocimiento de las tareas que se consagran a la pública felicidad, han sido en todos los tiempos el instrumento, que limando sordamente los estrechos vínculos que ligan el Pueblo con sus Representantes, produce al fin una disolución, que envuelve toda la comunidad en males irreparables”. Nuestra tarea, desde siempre estuvo ligada al descubrimiento de las mentiras, y a la publicidad de los actos de quienes nos gobiernan. Aquellos que se desvían de este camino para reproducir los partes oficiales, no están ejerciendo el periodismo.

Miseria digna

Ocurre que el nuestro es un oficio, y como tal, debería tener una remuneración acorde a la tarea prestada. Y ahí es donde está el verdadero talón de Aquiles, por el cual nos someten las empresas periodísticas, los funcionarios públicos, y demás mercaderes de turno. Muchos compañeros están encorsetados en determinadas líneas editoriales ciegamente oficialistas, opositoras a lo que sea, y otras tantas variantes. Mientras no haya una asociación gremial que nos contenga, represente y proteja, y se cumplan los pocos derechos que hemos conquistado, no habrá libertad de expresión en su sentido más amplio. La lucha entre el monopolio estatal y el monopolio Clarín, oculta esta cuestión central, e intenta que tomemos partido por una guerra de poder que no nos tiene en cuenta. En otro sentido, son interesantes las asociaciones de profesionales, y las uniones de trabajadores incipientes en nuestra provincia. Pero sólo la unión más amplia hace la fuerza, y eso lo sabemos todos.

Oficio violento, a pesar de las modas

El libro que reúne la obra periodística de Rodolfo Walsh, lleva un nombre insuperable. Y el propio autor de la emblemática carta a la Junta Militar, fechada el 24 de marzo de 1977, lo sufrió en carne propia. Fue asesinado un año después del golpe, mientras Orlando Barone de 6,7,8, escribía sobre los “sediciosos caídos en combate” en el diario Clarín. Héctor Timerman, por su parte, apoyaba a la dictadura a través de su diario La Tarde, y se reunía públicamente con Videla. Quizás por esos motivos, cause un poco de escozor que sean ellos jueces del progresismo periodístico y del compromiso político. Ellos y sus cargos oficiales, ellos y sus sueldos abultados. Afortunadamente, existen los archivos, como también los periodistas que siguen el ejemplo de Walsh y no se prostituyen al mejor postor. Este nuevo aniversario, nos encuentra envueltos en varias discusiones. Algunas muy fecundas, y otras que nos desvían de las verdaderas obligaciones de nuestra tarea. Habrá quienes seguirán gozando de la tranquilidad que brinda la publicidad oficial condicionada, ocultando la corrupción y negando al pueblo el derecho a saber qué es lo que está pasando. Otros se comprarán muchas cosas gracias al aporte de los grandes grupos económicos, que entre tantos regalos nos dejaron la deuda externa. Pero también estaremos nosotros, los que caminamos por la calle con la frente en alto. Aunque no tengamos otra cosa que un nombre libre de manchas.

Publicado por Río Bravo el 8 de junio de 2011.

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