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Miércoles, 02 Marzo 2011 23:46

Diario de un escritor entrerriano

Escrito por Román Ortiz

El embarazo de Marcela, la abuela Lorenza, los tíos Beto y Luisa, y las ganas de volver a Gilbert.

La otra noche le sonó el celular al Gervasio. “¿La escuchaste a la presidenta, che gringo ignorante?” –le preguntó su hermano el Beto. “Si sabé que no me interesa la política, ¿pa’ qué preguntá?” –respondió con un poco de rabia, por los constantes bolazos de su hermano que vive de la política. “Van a dar un susidio pa’ embarazadas, como la asignación. Era porque la Marcela lo puede cobrar”. Le agradeció y se puso en campaña.

No es poca cosa tener un gurí. En realidad, con los números fríos, es un problema para la mayoría de los entrerrianos. Ni los sueldos estatales ni los privados alcanzan para que tengamos familia, así como antes. Con cinco tíos en Gilbert, más tres que se fueron a Buenos Aires, si sabrá Gervasio que antes no se planeaban los hijos. Como llegaban se los abarajaba.

¿Y cómo e’ lo de la asignación, che Luisa?” –le consultó a su hermana mayor que tiene dos nenes. “Mirá, no es moco e’ pavo, porque tené’ que vestirlo, vacunarlo, mandarlo a la escuela, con ropa y útile’, por menos de doscientos peso. Despué’ a final de año te dan el resto, como uno’ cuatrocientos y pico de peso’”. Con esa plata ni pa echarle arroz al puchero alcanza. El sobrino mayor de Evaristo, el Alan, tuvo que dejar la escuela y marchar para el campo, porque no les da para mandarlo a la escuela.

La que más contenta está, es Lorenza, la madre del Evaristo, que tenía miedo que no le dieran ni un nieto con la Marcela. “Ustede’ se preocupan por ustede’, que a mi nietito no le va a faltar nada. Que presidenta, ni que ocho cuarto, de la misma olla sale pa todos. Ahora se acuerdan porque hay eleccione, pero despué se olvidan”. A decir verdad, Doña Lorenza tiene  razón. Se habla de reactivación ferroviaria, y no se cuántas promesas decorativas más, pero está muy jodida la cosa en los pueblos del interior de la provincia. Los mismos que ayer destruyeron todo, hoy se llenan la boca de modelo y distribución, pero las vaquitas son del viejo Isacho, como siempre.

Hay veces que Gervasio no tiene ganas de contarle nada al Beto. Porque así como le cuenta, el otro le viene a dar lecciones de vida, que en todos los casos desembocan en no trabajar, y andar de perrito faldero de los políticos de todos los colores. La última no fue hace mucho. “Che, gringo, ¿no queré ganarte noventa pesos?” –le llamó por la tarde. “Beto, vos sabé bien que la plata yo la gano con el lomo” –sospechando por dónde venía la mano. “Pero dale, hermano, ¿dejate de hinchar, queré? Es para cortar la catorce por un caporale que está preso en Buenosaire”. Y su respuesta no fue una puteada, porque sabe que lo hace de corazón.    

Lo más importante es que la Marcela la lleva bastante bien con el embarazo, y hay posibilidades de volver a Gilbert para trabajar con un pariente que tiene un negocio nuevo y necesita gente de confianza. Y como sigue todo en la obra, Gervasio en cualquier momento pega el portazo. Es sabido que entre el capataz y un obrero, la empresa va a elegir con los ojos cerrados.

Publicado por Río Bravo, el 02 de marzo de 2011

 

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