Por casa andamos parecido, pero diferente. El gran Pato que nos gobierna hace esfuerzos sobre humanos por parecer "del campo popular". De izquierda sería un exceso. Pero los docentes, estatales, pequeños productores y trabajadores de la industria entrerriana lo ponen en aprietos. Y él siempre los espera con un palo debajo del brazo, inflación, y descuentos. Y se pasea por el mundo, bajo las faldas de la presidenta, para mendigar alguno de los pesitos, que le corresponden legítimamente a la provincia. Hasta los jueces le piden guita, porque no alcanza ni para arrimar osobuco al puchero, hermano. Para colmo, Amado Boudou dejó la Ucedé para nutrir las filas de la revolución kirchnerista, y nos manda a hacer las compras como Lita de Lázzari. Y él al Club de París les paga sin chistar el bolazo que le pidan. Así no se vale.
Y yo me enojo, más vale. Me encantaría hablar de lo lindo que está el río cuando no lo contaminan a dos orillas. De los sauces acariciando las aguas del río Gualeguay, de la imponencia del Paraná y de la claridad del Uruguay. Muero por escribir mil páginas sobre las bondades de comer pescado arriba de un diario viejo en las orillas de algún arroyo. O describir un asado con cuero cerca de un ombú, en algún campo que todavía no esté en manos de extranjeros, políticos o parientes. De una guitarreada con chamarritas, zambas, chamamé y payadores. Pero no me dejan. Y mientras algún gaucho de campo o ciudad tenga hambre, se lo debo a los que vinieron antes.
Lo más curioso es que entre pitos flautas y elecciones, estos muchachos llevan casi 8 años de gobierno. Eso si no contamos a sus progenitores/inspiradores, porque ahí nos tenemos que remontar más de treinta años para atrás. Y se llenan la boca de distribución, de las bondades del modelo, pero hay gente que duerme en la calle, que no come todos los días, que no tiene un lugar donde curarse. La verdad que de economía entiendo poco, pero un sistema que necesita pobres no sirve para nada. Y no me importa si me endulzan el oído, o me soban el lomo. La pobreza es un crimen que no tiene perdón, y sus cómplices tampoco. No tiene sentido tener el Banco Central lleno de plata, a los buitres contentos, si nuestro propio pueblo se muere de hambre.
Pensar que empezamos hablando de los personajes y los paisajes para una obra entrerriana. Allá a lo lejos y hace tiempo. A veces nos la pasamos hablando de los malos que se reciclan, y los buenos que se nos van. Por suerte existe nuestro pueblo, ese gran protagonista silencioso, que sabe hacer sus apariciones triunfales cuando todo parece convertirse en un drama. Con la chuleta tan cara, no le debe faltar demasiado. No me siento a fumar elucubrando mi próximo atajo en la espera. Prefiero la calle, sus gritos y sus mensajes. Son las notas de la partitura que me indica cuáles pueden ser las próximas melodías de nuestra historia.
Publicado en Río Bravo el 30 de enero de 2011.





