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Miércoles, 01 Diciembre 2021 08:25

Ricardo Flecha y la guarania, una síntesis del legado guaraní y la resistencia de los pueblos

Escrito por Claudio Puntel

En 2025, la guarania cumplirá cien años de existencia y sigue floreciendo vigorosa y remozada de la mano de Ricardo Flecha. El músico asunceño viene batallando y llevando por toda la geografía del Paraguay este género musical (y la obra de José Asunción Flores) fuertemente arraigado en la cultura guaranítica, esa que las élites del continente han buscado borrar.

En 2017, con Donde la guarania crece, arrancó una serie de ciclos en los que combina discos y giras en la difusión del género, junto a otros músicos e intérpretes y hasta con orquestas sinfónicas.

El viernes pasado, frente al Panteón de los Héroes, en pleno centro de Asunción, puso el broche de oro al ciclo La guarania florece en los territorios de la patria.

“Desde el año 2010 estamos encarando actividades de manera sistemática, haciendo conciertos, grabando discos, haciendo conciertos con formatos populares, pero también con un formato sinfónico”, cuenta Flecha en una charla a la distancia con Río Bravo, mediada por la tecnología digital.

La empresa –recuerda– arrancó en 2013 con un disco que se llamó Donde la guarania crece: "Es un texto de Augusto Roa Bastos, dedicado a José Asunción Flores. El segundo material se llamó La guarania crece en los territorios del agua, porque pensábamos en ese momento que eran dos elementos muy importantes de nuestra cultura que están en peligro de extinción. El último disco que grabamos, se llamó La guarania crece sin fronteras”. Y explica que en el segundo material, La guarania crece en los territorios del agua, se grabaron "nueve guaranias nuevas con jóvenes creadores. En tanto, Guaranias sin fronteras, consta de guaranias dedicadas al Paraguay –compuestas por extranjeros, con participación argentina. Tuvo tres invitados: Teresa Parodi, Chico Buarque de Hollanda y Juan Carlos Baglietto.

Flecha relata que en el segundo trabajo incluyó “canciones muy hermosas como Por un caminito, que es una canción de Eladia Blázquez, La canción del arpa dormida, que es de Atahuapla Yupanqui y de Herminio Giménez, dedicada a un artista paraguayo, Don Félix Pérez Cardozo que dejó una grata obra para todos los paraguayos y una sensación de cariño y amistad en los años que pasó en Buenos Aires”.

También repasa su trabajo “con orquestas sinfónicas en Asunción, que se llamó La guarania en los barrios; con la Orquesta Sinfónica de la Policía Nacional, porque Flores fue un integrante de esa orquesta; luego hice con la Orquesta Sinfónica Nacional, con la que grabé un disco que se llama Flores Para el Paraguay”.

Ricardo Flecha refirma en sus palabras lo que evidencia el racconto de su obra en esta última etapa: no dice que no se detiene nunca.

El ejemplo paterno

No duda en contar que la guarania llegó a su vida muy temprano, “cuando tenía más o menos diez años. Yo nací el 22 de diciembre de 1961 y creo que en el año 71 llega a través de mi padre, que era un músico aficionado y amigo de José Asunción Flores y otros grandes músicos, como el Trio Larramendia, que después fueron a trabajar y a vivir a Buenos Aires. Llega a través de las canciones que él me cantaba”. Pero advierte que al poco tiempo hubo un “momento más emotivo, en que me dije ‘ésto es lo que tengo que hacer, lo que tengo que ahondar’. Fue a los 13 años”. En aquel momento escuchó “un disco de música paraguaya de un grupo Vocal Dos, con los arreglos de una persona que en aquel momento yo no soñaba que treinta años después íbamos a trabajar juntos. Los arreglos de aquél disco fueron de Oscar Cardozo Ocampo. El querido Oscar hizo esos arreglos y yo, al escuchar ese disco, definitivamente me enamoré de la música paraguaya y en especial, de la guarania”.

Entre los grandes creadores y cultores del género, el músico destaca que “en la misma época de la creación de la guarania hubo muchos creadores muy importantes, como el caso de Emilio Bobadilla Cáceres, el caso de Diosnel Chase, el caso de Francisco Alvarenga, de Mauricio Cardozo Ocampo, Agustín Barboza, Severo Rodas, Emigdio Ayala Báez y del propio Demetrio Ortíz”.

Historia de la guarania

En el desarrollo de éste género paraguayo por excelencia, distingue “dos etapas fundamentales”. En la primera, a la que distingue como “el génesis”, ubica la inquietud de José Asunción Flores, quien “sostenía que al paraguayo le faltaba una forma de expresión que tuviera que ver con su andar nostálgico y melancólico. Esa primera época de la guarania surca un camino más ligado a su formación musical. Flores tenía una formación clásica y había hecho algunas canciones y melodías muy populares que después él transformó en lo que se llamó poemas sinfónicos. Él pensaba que la música sinfónica es la que iba a dar universalidad a la guarania”. Y luego una segunda etapa, a partir de “la década del '50, cuando parecen cultores como Demetrio Ortíz, Egmidio Ayala Báez, Neneco Norton y muchos otros que le dan una sonoridad un tanto diferente a la del génesis”. Piensa que una impronta fundamental surgió con el exilio de muchos artistas, que la instalación de varios de ellos en Buenos Aires “hizo que se encuentre con otras corrientes musicales importantes. Aquí en Paraguay, mucha gente llama despectivamente a esas guaranias, las de Demetrio Ortíz, el caso de Recuerdos de Ipacaraí, Mis noches sin tí, 'guaranias aboleradas'. Yo en realidad trato de rescatar eso, porque me parece que el bolero fue un género musical que trascendió muchísimo y enriqueció el imaginario sonoro de América Latina”.

 

Discrepa con el “término despectivo de guarania abolerada”, porque “la guarania y el bolero se encontraron y perfectamente encajaron”.

Una música para el subcontinente

Hay dos constantes en la obra de Ricardo Flecha, una es la guarania, como ya vemos. Y la otra es la difusión de lo más bello y profundo del cancionero latinomaericano. Por ello, es valiosa su mirada sobre la articulación del género con otras manifestaciones musicales de América Latina. Valora que “la guarania trasciende accidentalmente también, porque Flores va al exilio y si bien su creación fue en el Paraguay, luego va a al exilio en Buenos Aires y al encontrarse con grandes músicos como José Bragatto y otros músicos que le ayudaron a construir su sueño de la guarania sinfónica, creo que hizo que de alguna manera la guarania fuera conocida en muchas partes”. Y brinda un puñado de ejemplos: “Una de las guaranias más conocidas de Flores es India, grabada por muchos intérpretes, entre ellos Nana Moskouri, la cantante griega; también la grabaron Gal Costa y muchos otros; y la otra, tan difundida, es Recuerdos de Ipacaraí; la cantaron Caetano Veloso, Julio Iglesias, mucha gente. Creo que fue gracias a que Flores asentó su obra en Buenos Aires, que es la caja de resonancia de América Latina junto con ciudad de México. Uno llega a esas ciudades y si logra la atención de la gente, el trabajo que uno hace, cobra dimensiones universales. Por eso creo que la guarania tiene esa impronta, llegó a todos los países limítrofes con muchísima fuerza”.

La guarania y la música de nuestro Litoral

“Hay muchos puntos de contacto y similitud entre la guarania y el chamamé”, asegura Flecha y recuerda que “somos descendientes de la gran nación guaraní, de los tupí guaraní. Que en realidad estaban en todo el Paraguay, parte de la Argentina, parte de Bolivia y todo el Brasil. Esa gran nación guaraní que tiene cerca de quince mil años y de alguna manera nos legaron pautas culturales como el idioma, y algunas costumbres como el caso del tereré, el mate y algunas hierbas”.

“Quien miente la palabra, traiciona el alma”, decía Galeano, ilustrando sobre el concepto del Ñe’é. Ricardo nos recuerda que “los karaí, los chamanes, eran los dueños de la palabra, los encargados de guiar a toda esa gran masa de nativos hacia la Ivy Marane’ÿ o "tierra sin mal", que existía. Contrariamente al paraíso cristiano, que tenés que morirte para llegar a él, tenés que hacer todo un proceso en tu vida para ganarte el paraíso, los guaraníes creen que eso existe y que existe en un lugar donde las flechas vuelan solas y las frutas caen de los árboles. Eso cuentan los karaí o chamanes. Ellos nos legaron la palabra, si bien los guaraníes no son como los aztecas, los incas o los mayas, que nos legaron grandes ciudades, pirámides, conocimientos del cosmos; los guaraníes nos legaron la palabra, la "palabra-alma", la palabra que sale del alma. Ellos le daban un valor a la palabra, que lo que uno decía tenía que cumplir. Y ese gran legado es lo que nos une a muchos de nosotros”. De toda esta sabiduría se nutrió el creador de la guarania, quien “se adentró en muchos de esos pueblos originarios y convivió tiempos con ellos, enriqueció su obra; porque con la guarania nace la reivindicación del idioma guaraní, por lo menos en la música que fue un movimiento grande entre la década del '20 y del '30 acá en Paraguay”.

En el panorama que traza Ricardo Flecha no quedan ausentes nuestras elites y su accionar en la censura de nuestra cultura más genuina. Porque “a los grupos de poder, la oligarquía en Paraguay, no le gustaba que la gente hable en guaraní. Decían que el guaraní entorpecía al español, una teoría peregrina, una teoría infame”. Y recuerda que Flores, “cuando hace la creación de la guarania elige a uno de los poetas más importantes del Paraguay, que se llama Manuel Ortíz Guerrero, un experto en los dos idiomas. Y construye canciones mezclando los dos idiomas de manera fantástica, echando por tierra lo que sostenía la oligarquía y los grupos de poder en el Paraguay”. Por eso reivindica que “el guaraní es un idioma de resistencia”. Traza puntos de unión y “sentimientos similares con el chamamé. De hecho uno de los experimentos de Flores fue con una canción que se llama Mba'érepa reikuaase, que sería en español¿para qué querés saber? Esa canción estaba en ritmo de polca y él empezó a ralentar ese ritmo hasta convertirla en guarania”.

Concluye valorando los nexos con nuestro litoral y con el chamamé, “porque compartimos las mismas raíces. Estamos tan cerca y el ritmo del 6/8 es un ritmo que se extendió por toda América Latina; es un sello que nos caracteriza y que nos une”. Y agrega que pautas culturales “como el tereré, el mate, lo único que hacen es reafirmar nuestra identidad, nuestro sentido de comunidad, que somos todos hermanos y venimos de una misma raíz que es la raíz de los guaraníes, Creo que esto es así y que Flores entendió al construir todo ese imaginario de la guarania”.</p><p>

El mundo se merece conocer y apropiarse del legado de los karaí, nutrirse de su sabiduría y el proyecto de vida del Ivy Marane’ÿ. El reconocimiento de la guarania como Patrimonio Intangible de la Humanidad va a contribuir a que los pueblos del planeta reciban mucho más que un género musical bello y profundo. Y Ricardo Flecha tendrá mucho que ver con ello.

Publicado en Río Bravo el 1 de diciembre de 2021

Modificado por última vez en Martes, 10 Mayo 2022 21:23

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