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Domingo, 18 Octubre 2015 10:10

Día de la madre

Escrito por Daniela Vera

Las imposiciones, las luchas, los estereotipos, las rebeldías, el negocio, los recuerdos de vida, la muerte y la memoria. Todo se enhebra y se hace río de palabras y emociones en esta nota para compartir, sentir y regalar.

 

"(…) Ahora comprendo que en realidad yo tenía miedo de morir antes de que Odiseo fuera capaz de conocerme, de saber que yo, yo, era su madre… “Las tierras blancas”- J.J. Manauta (1956).

Hace dos años y casi 5 meses nació mi hijo. Llegó y después de unos meses la vida (y la muerte) me cagaron bien a palos, perdí el rumbo, las ganas de verme al espejo, de andar en bicicleta, de mirar películas, de comer mandarinas, de mirar el río correr, de escuchar… Sin embargo la pelea por seguir viviendo se manifestaba cientos de veces en la gran alegría de descubrir los aprendizajes del pequeño pedacito nuestro, con sus sonrisas, las palabras dichas por primera vez, los abrazos, su respiración en sueños, con la creación de un vínculo bello, doloroso, intenso, enorme.

Todos los días, al menos un ratito, me detengo a mirarme en este rol, peleando contra las presiones sociales que nos imponen, dándole batalla al “deber ser” madre, que es un monstruo que nos persigue a todos lados donde caminemos, nos discursea a través de la gente, por la tele y la radio. Cuando aún no somos madres nos marca un reloj con el tiempo que se nos pasa, nos trata como “madres en potencia” (¿); se aparece en nuestros sueños y hasta en nuestras propias expresiones sobre lo que sentimos en esto de la maternidad.

Hace 2 años y casi 5 meses que pude entender cabalmente las siestas de lectura de mi vieja, sus mañana de domingo escuchando vinilos, cantando en la cocina a pesar de los que dormíamos. Comprendo sus silencios en las noches de verano, sus cigarrillos pensativos, sus soledades… Hace dos años y casi 5 meses que admiro el empuje de mi vieja, las ganas de verme a la vuelta del trabajo, los juegos relajados, las noches de vacaciones escolares en la plaza. Admiro su iniciativa para presentarme la vida, combatiendo la pobreza, la hiperinflación, el hambre, la falta de laburo, la familia enferma con adicciones, cáncer, locura. Cada vez que mi hijo me propone un juego, pienso en mi vieja, en su maternidad soltera, y pienso que todo tiene que ver con ella.

¡Qué difícil se hace a veces, mujeres mías! Desde que nació Camilo, hace 2 años y casi 5 meses, tantas veces pensé: no puedo. Y sin embargo podía... Hasta acá pude, justamente, como me fue saliendo, con la ventaja de no estar sola, y de tener un compañero que hace muy buen uso de su presencia, de sus tiempos, de sus ganas. Sin embargo, tengo la terrible certeza que esa sensación de imposibilidad me va a acompañar, junto al monstruo del “deber ser”, para siempre, pero que las batallas previas me van marcando un camino, que hay que transitarlo. Si bien conocía por otras sobre eso de dormir poco, comer mal, tener que prepararse mucho antes para salir con una catarata de cosas, etc, etc, recuerdo a pocas que me hayan dicho sobre el transitar el dolor del vínculo, del parir una vez, pero ya pasado eso, los miedos siguen siendo grandes, siguen estando. Poco sabía sobre el nuevo y espantoso miedo a la muerte, que sea repentina, sin darle la posibilidad al pibe para que llegue a acordarse por sí mismo de mí.

Pienso que si bien no hay una graduación en esto de ser madre, merece la pena masticar los logros uno por uno. Creo que es tan satisfactorio el combatir y ganarle la bronqueolitis y los resfríos, hacer el clic junto con el pibe de que todo no se puede, tener la convicción sobre la libertad de elección en juegos, y llegar a un lugar y ver que el pibe varón juega con juguetes de todo tipo, con naturalidad acuna y pasea bebés en coches, hace la comida en cocinas, juega a la pelota y sube a bicicletas, observa libros, peina y se pone cremas… Vale tanto, tanto, tanto insistir en llevarlo al jardín hasta que deja de llorar y verlo salir con una gran sonrisa.

Puedo decir, después de 2 años y casi 5 meses, que la maternidad puede ser hermosa si es compartida, pero no sólo en el cuidado cuando vos no estás. Hablo de compartir los disgustos y que los amigos te escuchen atentos, y aunque no haya mucho para decir, sus miradas sean de comprensión, sin juzgar la angustia. Hablo de participar a los afectos en las cosas maravillosas que aprendemos en este rol, y que haya una vuelta de alegría, de compañía. Me pasa que la vivo más hermosa porque tengo la posibilidad de abrazar a mi vieja, y aferrarme a ella hasta que sepa que la entiendo un poco más, y la amo otro tanto. Y centralmente, porque en ese camino fui entendiendo que este rol es uno más y para nada sencillo, que puede hacernos sentir frustradas. Que también podemos ser militantes, amigas, laburante, amantes, profesionales, compañeras, estudiantes, y todo lo que hagamos, sin sentir culpas por estar bien con todo eso.

Por todo esto, el tercer domingo de octubre celebro los aprendizajes, el saberme imperfecta pero valiente. Celebro la vida que fuimos eligiendo con los míos. Festejo los abrazos y las risas de mi hijo. Me homenajeo por animarme y avanzar. Homenajeo a mi vieja por su fortaleza, por su empuje en mi crianza. Homenajeo a mis amigas por ir haciendo sus caminos propios, y con muchas de ellas poder abrazarnos los miedos compartidos, y las ganas de lucharla. Pero fundamentalmente celebro que colectivamente las mujeres vayamos animándonos a discutir los roles impuestos, un lugar asignado socialmente. Festejo a las miles que antes que yo me ayudaron a cuestionarme la vida, la maternidad, el orden establecido. Me enorgullece sentirme parte de un colectivo de mujeres forjadas en XXX Encuentros Nacionales, marchando por toda la Argentina, gritando verdades, abrazando penas y alegrías. De caminar embarrándome, conociendo, aprendiendo de una inmensa cantidad de congéneres valerosas, de pura sangre y dignidad rebelde. Soy dichosa de ser parte de un movimiento de mujeres de argentina, el más avanzado e insolente de Latinoamérica. Soy feliz de poder decir todo esto, sabiéndome entre miles, sólo una más…

¡Feliz día para mí! ¡Feliz día para todas nosotras!

Foto: Florencia Grenat. Publicado por Río Bravo el 18 de octubre de 2015.

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