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Jueves, 31 Julio 2014 16:18

Para que tanta muerte no sea en vano

Escrito por Ignacio González Lowy

“Los muertos, muertos están”, reza el dicho popular. Y, efectivamente, la muerte es lo único que no se puede revertir ni solucionar. Lo único que está en discusión es si, además, las más de 1.300 vidas de palestinos que ya se cobró el ataque de Israel, serán en vano.

Si bien se supone que cuando lo peor de la masacre haya terminado, aparecerán más cadáveres debajo de los escombros y se podrá contar y nombrar a la mayoría de los muertos, ya se habla de más de 1.300 palestinos asesinados en Gaza por el Estado de Israel en este mes. En los últimos dos días fueron atacados escuelas, hospitales, la única central eléctrica de Gaza, los barrios de Zaitum y Shahaiye, en el centro de la ciudad, así como el campo de refugiados palestinos en Jabalia, en el nordeste de la Franja, y el mercado central de Gaza, donde cientos de personas realizaban sus compras y equipos médicos de emergencia atendían heridos a la intemperie. También fue bombardeada la parroquia del cura argentino Hernández, en Gaza, que es el refugio de 29 niños discapacitados y nueve ancianas asistidas por tres monjas. El cura, de todos modos, aseguró que no piensa retirarse de allí, y la Cancillería argentina responsabilizó a Israel por lo que pueda ocurrirle.

Sólo como ejemplo de la locura genocida que está sufriendo el pueblo palestino en estos días, nos detenemos en lo ocurrido en Jabalía. Allí, desde el aire y por la noche, la aviación israelí dejó caer miles de panfletos llamando a los habitantes a abandonar sus hogares. Con todo lo que ello implica, dejar atrás las pocas pertenencias, los recuerdos, sabiendo que existe la amenaza concreta de que todo vuele en pedazos en minutos; cientos de palestinos corrieron a refugiarse a una escuela identificada con los colores y las banderas de la ONU y denunciada 17 veces en estos días a las fuerzas israelíes por la organización internacional, como un blanco imposible de atacar. Acto seguido, Israel la bombardeó. Al menos 20 refugiados murieron.

La muerte

Contabilizarlos también tiene su costado cruel. Por ello, existe un sitio en Internet que se propone nombrarlos. Los más de 1.300 palestinos muertos tienen nombres, edades (los hay recién nacidos y de hasta 85 años de edad) y sobre todo historias inconclusas. Esas sí que, al menos por ahora, no están escritas en ninguna parte. Cada uno de ellos tendría sus sueños, sus miedos. Habrán estado enamorados. Habrán pensado en lo que les faltaba estudiar. Habrán tenido alguna discusión que saldar con sus padres. Habrán abrazado a sus hijos. Los habrán intentado abrigar. Habrán alentado a alguna selección en el último Mundial de fútbol. Cada uno de ellos. Algún día, quizá, alguien escriba esa historia de ellos y para ellos.

Quien lo necesite, sólo en Telesur podrá encontrarlos. Pero quizá ni sea necesario escuchar los gritos de dolor después de cada bombardeo, los llantos de los niños y las plegarias de sus padres, para imaginar semejante pesadilla. Observar al vocero de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (Unrwa, por sus siglas en inglés), Christopher Gunnes, romper en un llanto incontenible, tormentoso, al ser entrevistado para la televisión, nos ahorra descripciones innecesarias e imágenes hirientes.

Del otro lado, los judíos israelíes que no avalan la misión imperialista y genocida del Estado de Israel denuncian que cada vez es más difícil allí disentir con la política oficial. Persecuciones, represión, censura, el avance hacia el fascismo del Estado de Israel ya es inocultable para propios y extraños (ver). Mientras tanto, en el monte junto a Sderot, ciudad levantada por Israel a menos de un kilómetro de la Franja de Gaza, decenas de “israelíes” se reúnen por las noches a observar y festejar el espectáculo de las bombas cayendo sobre Gaza. No importa si es sobre escuelas, hospitales, si se llevan puestas familias enteras, niños y ancianos: ellos gritan, celebran y se divierten con cada estallido. Con sus reposeras, conservadoras, pochoclos, comidas y bebidas, viven la jornada como si estuviesen en un cine continuado. “Sderot cinema”, lo llamó el periodista danés que primero dio a conocer esta fiesta de la muerte.

Para que no sea en vano

¿Qué esperar para que tanta muerte irreparable no haya sido en vano? Ya no hay vuelta atrás: los muertos no resucitarán, los niños asesinados no crecerán, los adultos ya no despertarán mañana para ir a trabajar o para buscar trabajo, los ancianos no tendrán un final de sus vidas en paz. ¿Qué debería pasar para que su memoria sea honrada y los crímenes contra ellos cometidos sean pagados?

A veces solemos responder a estas preguntas pensando en la “justicia”. La idea tradicional o más repetida al respecto consiste en imaginar a los autores materiales, políticos, ideológicos y financieros de sus crímenes tras las rejas. Obviamente esto es un anhelo de miles de millones de seres humanos que en todo el mundo se solidarizan con el pueblo palestino; pero esto no puede alcanzar. No podemos pensar que la continuidad de la ocupación de Palestina por parte del Estado de Israel, aunque se castigara a los asesinos (hecho que además es imposible mientras continúe dicha ocupación), es tolerable para el pueblo que recién está empezando a llorar a sus nuevos muertos. La “paz” reclamada por algunos gobernantes (entendida únicamente como el fin del intercambio de misiles), si implica volver “a cero”, al día anterior al comienzo de esta última masacre, a las condiciones de vida que recurrentemente provocan los estallidos y las Intifadas; es un nuevo asesinato para los más de 1.300 que han regado con su sangre el suelo palestino.

Palestina es una cárcel a cielo abierto, la mayor del mundo. Y no ahora: lo es hace décadas. Cientos de miles de palestinos deben soportar la humillación, los abusos, la discriminación, cotidianamente desde que nacieron, tanto en Gaza, en Cisjordania, como en lo que hoy conocemos como Israel. Dicho Estado, que se arroga el papel de víctima pero desde su creación no hace más que avanzar, expandirse, castigar y reprimir, y fortalecer su ejército (hasta convertirlo en uno de los más poderosos del mundo), no va a modificar en nada su posición salvaje y dominante contra el pueblo palestino, porque justamente para ello está allí en Medio Oriente. No en vano EEUU tiene a Israel como el principal destino internacional de los miles de millones de dólares que desde el país del norte fluyen como “ayuda” o como inversión y que en realidad son el reaseguro para la mantención en tierras ajenas de un Estado que les funciona y sirve como satélite y base de operaciones militares, en una región del mundo que a sus intereses imperialistas no les suele ser particularmente amistosa.

Por ello la “justicia” entendida como simple castigo a los asesinos no basta. Por ello es tarea imperiosa de todos los pueblos del mundo (especialmente los oprimidos por el imperialismo) el levantar, reivindicar, defender y propagandizar, el derecho de Palestina a la resistencia y al combate. Lo dijo de un modo sorprendentemente frontal el filósofo italiano Gianni Vattimo, cuando en una radio de Milán y en su blog llamó a construir “brigadas internacionales” (como en la Guerra Civil Española) para ayudar al pueblo palestino en su combate contra el Estado “canalla, nazi y fascista, peor que Hitler”, de Israel.

El Apartheid que denuncia Vattimo (y que seguramente, con profunda hipocresía, condenarán en un futuro y rasgándose las vestiduras las grandes productoras cinematográficas y editoriales que hoy ponen su infraestructura a disposición de la propaganda del Estado de Israel) es la cara opuesta del discurso canalla y ensoberbecido de tantos periodistas “internacionales” anclados en Tel-Aviv, desde donde dan cuenta de cómo, pese a la guerra, la vida cotidiana transcurre “normalmente” en la moderna ciudad israelí.

Por ello, en definitiva, la cárcel para los asesinos jamás sería suficiente para que los muertos de este genocidio “descansen en paz.” Para ello, en realidad, lo que hace falta es el triunfo de Palestina. Que el dolor y la bronca de todo un pueblo (es muy probable que no haya un solo palestino que no tenga un familiar, amigo o vecino aniquilado en estos días) se transforme en organización para la resistencia y para la lucha. Porque solamente derrotando al Estado ocupante, a sus imperialismos aliados, al ejército abusador y martirizador de sus días “normales”, al muro fascista que divide y encarcela a Palestina, a los retenes que les confiscan la desesperada ayuda que les llega, a los colonos que les robaron sus tierras y a los tanques que arrasan sus centenarios campos de olivos; solamente derrotándolos es que los que aún están con vida podrán sentir que tanta muerte y tanta herida no han sido en vano.

Cualquier otra “solución” a este conflicto será trunca, será mentirosa e induradera, será injusta.

Publicado por Río Bravo el 31 de julio de 2014.

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