Murió preso, y ese es quizá el principal motivo que a muchos de nosotros esta noche nos permitirá brindar. Por su muerte privada de libertad, y por todos los que no están aquí y ahora para celebrarla.
Murió abandonado por sus patrones históricos. Los que lo alentaron, lo sostuvieron, lo acompañaron, lo amnistiaron, lo indultaron y luego lo volvieron a liberar. Los empresarios, los obispos, los “políticos”, los embajadores, los terratenientes, los periodistas; aquellos que lo necesitaron en su momento y lo pudieron descartar fácilmente cuando ya no les fue rentable, cuando se transformó en un salvavidas de plomo; hoy quizá estén rasgándose las vestiduras ante los crímenes que anteayer avalaron y promovieron.
Murió viendo su proyecto de país triunfante. Con las villas miseria intactas y Monsanto llenándose los bolsillos y Grobocopatel los silos y las bóvedas de verde; con millones de argentinos bajo la línea de pobreza aunque el crecimiento de los índices económicos del país se sostuvieran año tras año; con miles de miles de jóvenes y adolescentes que no estudian ni trabajan y que algún día serán mano de obra barata, carne para picar, al servicio de los que diseñaron, organizaron y ejecutaron, con Videla como partícipe necesario, la última y genocida dictadura.
Murió con secretos que igual podríamos develar si todos los archivos de la dictadura se abrieran, si los juicios se unificaran y si la SIDE sirviera para algo más que espiar y perseguir a los militantes populares del país.
Murió, de todos modos, con bronca. Porque hay miles de miles de jóvenes y no tan jóvenes que no se han resignado, que no se han escapado, que ya no les tienen miedo (ni a él ni a sus ex patrones), que tienen ganas de otra cosa. Y participan en centros de estudiantes, sindicatos, partidos políticos, grupos religiosos y sociales; con diversas bases e ideales, pero todos convencidos de que el país se construye con gestos, ideas y prácticas que no tienen nada que ver con las que se cocinan en las oficinas más oscuras de Puerto Madero.
Allí, donde rosquean y viven y disfrutan los que la “juntan” con pala en el país que Videla y los suyos supieron construir. Aunque muchos de ellos hoy, en el colmo del cinismo, hasta vayan a escupir su tumba y a decirle genocida. A él, que a muchos de ellos los parió. A él, a quien ellos, con otro rostro, otra vestimenta y otro maquillaje, ellos sobreviven.
Publicado por Río Bravo el 17 de mayo de 2013.





