A casi dos semanas del discurso de reasunción presidencial, al tiempo que se confirman algunas líneas de los rumbos esbozados, hay hechos que se precipitan. La crisis rasga el ropaje nacional y popular con que intentaron disfrazar al modelo kirchnerista.
La etapa de “
sintonía fina” anunciada por Cristina Fernández en la Conferencia Anual de la UIA y festejada por De Mendiguren, Paolo Rocca de Techint, Hugo Biolcatti, Cristiano Ratazzi de la Fiat, y representantes de los banqueros como Claudio Cesario de ABA, aparece delineada más claramente como el cercenamiento de derechos de los sectores populares.
El techo de 18% en las discusiones salariales, el avance en la quita de subsidios, la calificación del derecho de huelga como extorsión y chantaje, la negativa a la participación obrera en las ganancias (con la chicana de también “
socializar las pérdidas”, como si no fuera eso lo único que saben hacer), la sanción de la “
Ley Antiterrorista”, el anuncio de la evaluación a los docentes (en coincidencia con Mauricio Macri), la acusación a obreros petroleros y docentes santacruceños de provocar pérdidas millonarias al fisco, dejan en claro que lo que nos preparan es más ajuste y represión.
A pesar de los esfuerzos de Aliverti por presentar el discurso de Moyano en Huracán como un forcejeo por dentro del kirchnerismo; es indudable que las crisis y las luchas populares abren grietas en el frente de las clases dominantes. Urge el reagrupamiento para unir y coordinar, de modo que esas luchas resuelvan la situación a favor del pueblo.
La competitividad
La creación de la Subsecretaría de la Competitividad, anunciada en la asunción por la presidente es una muestra de cómo pretenden mantener “
el relato” de un modelo “
neokeynesiano, nacional y popular”, como lo definiera un enfervorizado José Pablo Feinmann. A su tiempo, el ex funcionario duhaldista, Ignacio De Mendiguren, lo caracterizó como "
un proyecto de desarrollo nacional”. Precisamente, De Mendiguren, como titular de la UIA, delineó los ejes de la “
sintonía fina” sobre la que trabajará Guillermo Moreno para garantizarles la competitividad: temas de “
infraestructura, fiscales, laborales y crediticios".
En coincidencia con otros empresarios, consideró que la especial atención dedicada por el gobierno a la productividad es un “
reconocimiento de que la inflación es la principal causa que erosiona la rentabilidad de las compañías”. Mejor hubiera sido que reconocieran que la inflación erosiona nuestros salarios, como reclamamos los trabajadores durante todo el año.
El Keynesianismo y la crisis
El carácter de la crisis del capitalismo, la peor de la historia, hace que todo intento de frenarla dentro del propio sistema, sea vano. No se trata de una crisis bursátil o financiera, como pretenden presentarla las clases dominantes; o una desaceleración, como eufemísticamente la anuncian los economistas del kirchnerismo. Tampoco es el problema de falta de regulación, sugerido por Cristina Kirchner con su crítica al “
anarcoapitalismo”. Cuando, a pesar de la intervención estatal, los Estados Unidos obtienen un déficit fiscal equivalente a su Producto Bruto Industrial, evidentemente estamos hablando de otra cosa.
Estamos ante una crisis que es hija de la unificación del mercado capitalista a partir de la caída del Muro de Berlín y la defunción del Pacto de Varsovia. A fines de los 80, los monopolios capitalistas se encontraron con nuevos cientos de miles de obreros calificados que se incorporaron bajo condiciones de superexplotación. Así, ante la falta de mercados compradores, resultó imposible reinvertir en la producción las fabulosas cifras de ganancia que obtuvieron las burguesías industriales. Por algo, vivimos un panorama cuya consecuencia es que el 98% del capital fue volcado a la especulación y sólo el 2% a la producción. Esta monstruosa contradicción estructural entre las enormes ganancias y la baja demanda de la producción industrial, la llamada sobreproducción relativa, es la que no puede ser resuelta con las lógicas del capitalismo.
¿Quién podría creer que esta crisis se supera con el postulado “
dar más para recibir más y recibir más para dar más” que planteó la presidente a los empresarios y banqueros? Esta especie de
cadena virtuosa que implicaría que la existencia de empresarios emprendedores que obtengan mayor productividad garantizaría inmediatamente aumentos salariales y el consecuente ascenso social de los trabajadores era lo que recetaba el
New Deal keynesiano para salir de la crisis del ‘30. La historia demostró que aquel
nuevo pacto fue un fiasco y los yanquis sólo pudieron salir de la crisis gracias a la rentabilidad de la industria bélica en medio de la Segunda Guerra Mundial. Y las conquistas obreras de aquellos años se debieron a las enormes luchas de la clase trabajadora y al temor de las burguesías ante el “
peligro comunista”.
Como advirtiera el premio Nobel de economía, Paul Krugman, “
los países no pueden salir de la recesión exportando porque esta crisis es mundial”. Los argentinos no estamos blindados, lo comprobamos en nuestra propia carne con las caídas de los commodities. En estas condiciones, con Guillermo Moreno atendiendo los “
temas de infraestructura, fiscales, laborales y crediticios”, el presagio es de mayores calamidades a quienes ponemos el trabajo en este sistema de producción. Si de nada vale la reinversión en infraestructura, el estado interviniendo de la mano de los monopolios solamente intentará modificar las condiciones laborales.
Ante este panorama, para quienes anhelan que la crisis no la paguen de nuevo los que suelen pagarla, se impone redoblar los esfuerzos en el camino del reagrupamiento y la coordinación de las luchas obreras y populares; para que no puedan aplicarnos las recetas ajustadoras del “
neokeynesianismo” kirchnerista.
FOTO: De Mendiguren y CFK
Publicado por
Río Bravo el 22 de diciembre de 2011.