ESTAFAS VIRTUALES 955x100

Sábado, 21 Noviembre 2015 17:21

El triunfo del Kirchnerismo anticipa cuatro años duros

Escrito por Ignacio González Lowy

Gane quien gane el domingo el balotaje, el Kirchnerismo habrá triunfado. Su rol histórico fue cumplido con creces y, sea Macri o Scioli el próximo presidente; los y las trabajadores tendremos que remar a contracorriente los próximos cuatro años.

 

Cuando Néstor Kirchner asumió, tal como les gusta recordarlo constantemente, el país estaba incendiado. Pero no estaba dura la cosa solamente (aunque sí principalmente) para los trabajadores, los estudiantes, los pequeños y medianos comerciantes y productores; también la tenían difícil los vivos de siempre, los usureros y especuladores. El propio Eduardo Duhalde, supuesto mandamás de la política de la provincia de Buenos Aires, tuvo que irse antes de tiempo (como antes De la Rúa y Rodríguez Saá) tras los asesinatos de Kosteki y Santillán. Duhalde, que hoy llama a votar por Scioli (ya que le parece más “previsible”), sufrió en carne propia la efervescencia de una sociedad que no estaba dispuesta a seguir tolerando con parsimonia ni resignación que la violentaran, remataran y pisotearan desde arriba. Ya nadie soportaba eso de que en democracia el pueblo no delibera ni gobierna “sino a través de sus representantes”.

¿Misión cumplida?

En este contexto, cualquier dirigente político o empresarial con dos dedos de frente sabía que el ajuste desenfrenado y sin maquillajes generaría más caos, crisis y descontrol. Había que parar la moto. “Desensillar hasta que aclare”.

El kirchnerismo fue una carta de efectividad inigualable para cumplir con la misión. Con antecedentes tan neoliberales o más que su contrincante Carlos Saúl Menem (lavada de manos y negocios en la dictadura, impulso a la privatización de YPF, ajuste permanente en su provincia…); asumió con un discurso que incluso fue radicalizando ya en el poder y que llamaba a defender la Patria, la soberanía y la voluntad popular; mientras los bancos, los latifundistas, las multinacionales y las embajadas más poderosas (aunque cambiaran figuritas y la preferida ya no fuera la yanqui sino la rusa y la china), la seguían “juntando con pala”.

Obviamente que tuvieron que ceder: asignación universal mínima para que el hambre no volviera a provocar un estallido, estatización de las AFJP para recuperar fondos para desarrollar una política económica con presencia del Estado, leyes y política cultural progresista para sumar fuerzas a nivel político y consolidar el relato mítico de la gesta liberadora.

El objetivo real, mientras tanto, se iba cumpliendo: calmar las aguas, despolitizar y desmovilizar a la sociedad convulsionada con la que se encontraron en 2003 (el discurso llamaba a participar pero ninguneaba o reprimía al que lo hacía por fuera del libreto oficial); hasta que volviera a ser posible que el “neoliberalismo” desembozado, sin necesidad de “relato” y sin careta, pusiera el presidente.

Lo lograron: sea cual sea nuestro próximo presidente, será un paracaidista de la política (de esos que nunca en su vida tuvieron que salir a volantear, pegar carteles de noche, juntar fuerzas organizando reuniones en alguna vecinal…), con apoyo explícito al menemismo en su currículum, aún en los años en que ya estaba claro que el pueblo pagaría por décadas la sangría provocada (Scioli seguía apoyando a Menem en 1998 por lo menos y Macri… bueno, es Macri), y con discurso antipolítico hasta dar náuseas (ya sea con la “revolución de la alegría” o con “fe, optimismo, deporte y esperanza”).

¿Dos opciones?

Efectivamente, se pare donde uno se pare, el domingo tenemos dos opciones frente al balotaje. Están quienes votarán convencidos de que las dos opciones son Macri o Scioli (y elegirán una de ellas) y están los convencidos de que las dos opciones son Macri-Scioli o el voto en blanco.

Están quienes votarán a Scioli por espanto, y tienen motivos. Macri representa lo peor del empresariado argentino que creció a la sombra de la connivencia con el poder político privatizador, extranjerizante y rematador de la cosa pública. La falta de argumentos a favor del “proyecto” de Scioli (es casi imposible escuchar discursos en los que el eje no sea la amenaza de todo lo que nos va a pasar si gana Macri), confirma esta tendencia.

Están quienes votarán a Macri por rechazo al doble discurso del gobierno actual. Lamentablemente para el campo popular (que requiere de una enorme autocrítica de sus organizaciones) el voto “bronca” se canalizó hacia una opción de la derecha más rancia. Eso no quita reconocer y entender que el mismo existe y que es consecuencia de la asfixiante realidad de millones de personas que durante años sufrieron asaltos y patoteadas mientras desde el gobierno les hablaban de sensación de inseguridad, sufrieron la pobreza mientras les mentían con los índices, sufrieron la inflación que desde arriba les escondían y sufrieron el azote de la droga y su negocio de muerte, mientras en la agenda del gobierno y sus periodistas adictos el narcotráfico en Argentina no existía.

Están también quienes votarán en blanco para no avalar con su voto a ninguna de las dos expresiones políticas que evidentemente (sus equipos, sus historias, sus propuestas, lo confirman) aplicarán el ajuste con costos para los trabajadores y los pequeños y medianos comerciantes y productores. Y quienes lo harán como una política activa para marcar la cancha al ajuste que se viene; para recortar la legitimidad y condicionar al gobierno que se constituya desde el 10 de diciembre en aplicador de las recetas que hoy maquillan u ocultan para la tribuna.

Debates

Cada uno de esos votos debe ser leído con sus complejidades y contradicciones para no repetir hasta el cansancio los mismos errores (de análisis, interpretación y acción). Ni el voto a Scioli de muchos es el aval a todo lo que su figura expresa, ni el voto a Macri de muchos es en coincidencia con todo lo que su pasado promete, ni el voto en blanco de muchos es un rechazo tajante a todo lo vivido en los últimos años.

El voto en blanco, en particular, sí implica entender que cualquiera sea la opción que triunfe el domingo, lo reivindicable de estos doce años se interrumpe y lo nefasto se exacerba. El propio Scioli (quien más debería aparecer como la “continuidad”) se encargó de confirmarlo en el debate del domingo pasado. Cuando Macri le preguntó si sancionaría a Venezuela, Scioli tuvo la posibilidad de responder apelando a lo más justo que tuvo el kirchnerismo. Pudo haber dicho: “yo rechazaría cualquier injerencia extranjera contra un gobierno electo democráticamente en nuestro continente y rechazo cualquier intento de Golpe de Estado. Usted, ¿haría lo mismo?” Pero no, prefirió eludir la pregunta, hacerse el oso y no responder. Parece que el enroque de La Mancha de Rolando por Tan Biónica o Ricardo Montaner (según quién gane el balotaje), no es el único cambio seguro que nos espera a partir del 10 de diciembre.

Escenarios

Seguramente uno de los puntos más álgidos para la discusión es el que tiene que ver con qué resultado garantiza un mejor escenario para el campo popular en pos de enfrentar el ajuste que se viene. Allí también las cosas están complicadas.

Los militantes kirchneristas sostienen que la fuerza popular que sostuvo el gobierno que termina no permitiría que Scioli marque un retroceso en los derechos conquistados, pero en su currículum muestran que rara vez enfrentaron una decisión de “la jefa” (al menos públicamente, quizá nunca) y que, por el contrario, tildaron de traidor, pecho frío y gorila a cualquier que, sobre todo desde “adentro”, marcara diferencias sobre alguna medida o política en particular. La pregunta de por qué el “sujeto histórico” que avaló sin miramientos la profundización de la dependencia que representaron la extranjerización de la tierra, la megaminería contaminante, el pago sistemático de la deuda ilegítima, la expansión de los intereses británicos en Malvinas y zona de influencia; cuestionaría ahora, por ejemplo, la baja del Plan Procrear por razones de emergencia económica en un eventual gobierno de Scioli, es una pregunta indiscutiblemente válida.

Si Macri ganara el balotaje, el escenario es más complejo aún. Se puede pensar que las condiciones para las fuerzas populares serían peores porque las perspectivas del ajuste macrista serían más precipitadas que las del oficialismo actual, pero también se puede pensar que serían mejores porque este ajuste encontraría a todo el movimiento sindical, político y estudiantil unido enfrentándolo (buena parte del mismo movimiento le dejaría “pasar” a Scioli las medidas que con Macri calificaría de fascistas).

No fue magia

“54%”. La profesora se dio vuelta y, sin mirarme, dijo eso: “54%” Y nada más.

Estábamos en clase, una especialización en la UNER, y la compañera consideró que con ese “argumento” daba por cerrado cualquier debate. Yo había osado discutir las políticas del gobierno de CFK en relación con la explotación de nuestros recursos naturales en manos de empresas “multinacionales” justo unos meses después del triunfo de la presidenta en su reelección con más del 54% de los votos. Lo que la compañera me estaba diciendo, con una envidiable economía de palabras, era: “sacamos el 54%, el pueblo nos apoya, callate y si no te gusta jodete”.

Hoy, a horas del balotaje, no deja de provocar cierta ternura (si uno baja la guardia) la candidez con la que ofrecen discusión, apertura, oído, argumentos y diálogo; los mismos militantes que hasta ayer a la noche, creyéndose invencibles, respondían a cualquier crítica o aporte diciendo: “si no te gusta armate un partido y presentate a elecciones”.

A uno hasta le gustaría creer que efectivamente cambiaron, reflexionaron, se autocriticaron y ahora están dispuestos a gobernar sin soberbia, sin creer que pueden basurear a todo el que les plantee una crítica, por más constructiva que sea.

Pero hay un problema: como le pasó al pastorcito que mentía al lobo para divertirse y al que nadie le creyó cuando el lobo finalmente apareció, bueno, eso.

La certeza de que, en caso de ganar Scioli, volverán a “aplicar la mayoría”, patotear, prepotear, bastardear, ningunear y fanfarronear, a los diez minutos del cierre de las elecciones; se basa en la historia reciente, no en las predicciones de un tarotista.

La inflada de pecho orgullosa y cínica de los presentadores de C5N, vaticinando una victoria en Buenos Aires y en el país por “amplia mayoría” antes de conocerse los últimos resultados, forma parte también del capítulo más penoso de una novela con múltiples aristas.

El kirchnerismo pierde y gana

El rechazo masivo es inconmensurable y evidente. Los dos candidatos se proponen como el “cambio” y se diferencian de la actual presidenta tanto como pueden. Scioli es, seguramente, lo que Urribarri decía de él hace unos meses y mucho más (y que el gobernador entrerriano borró rápidamente de su archivo con la misma hipocresía con la que borró sus loas a Busti ni bien asumió en 2007). Dicho por Florencio Randazzo en ¡junio! de este año: “Scioli y Macri creen que hay que pagarles a los fondos buitre, creen en el Futbol para todos en manos privadas, creen que Clarín no debe adecuarse a la ley de medios…” ((1)) Muchísimos militantes honestos, comprometidos y leales del actual gobierno, lo viven como una derrota; gane quien gane el domingo.

Mientras tanto, Cristina Fernández de Kirchner ya se va “borrando” del mapa y los discursos con los que se despide apuntan a enterrar más a “su” candidato (“yo saqué el 54%, a mí no me la cuenten”) que a ayudarlo. Sabe que el que venga deberá ajustar las cuentas y que ninguno de los dos lo hará pensando en cuidar los intereses y derechos de los laburantes de a pie.

El acuerdo con China para construir dos centrales nucleares, firmado hace días y a las apuradas por De Vido, Kicillof y Timerman, con los chinos en Turquía, por 14.000 millones de dólares, siendo que la segunda (y más grande) de las usinas aún no tiene definido ni siquiera el lugar en que se construirá; expresa claramente cuáles son las prioridades del gobierno en retirada: hagamos todos los negocios posibles antes de entregar la llave.

Opciones

Para la UIA, "no hay diferencias entre Scioli y Macri". El vicepresidente de la entidad, Juan Carlos Sacco, opinó que si el gobernador es elegido presidente “hará los ajustes que hay que hacer”. Grobocopatel, el “rey” de la soja, opina igual. En similar sentido se expresó Carlos Saúl Menem. De hecho, en la CABA llegaron a votar juntos (PRO y kirchnerismo) más del 90% de las leyes que fueron sancionadas (desde las actualizaciones presupuestarias hasta el estatuto de la Policía Metropolitana).

Gane quien gane, se vienen cuatro años duros, y no precisamente para la UIA, para Grobocopatel, para Menen y Duhalde.

Quienes creemos que la soberanía de nuestro país se construye con la organización de millones para luchar por sus derechos, y no con la droga inundando el país mientras los gobiernos hacen negocios para unos pocos que viven como reyes; tenemos una batalla más que dar este domingo. No es poco: una batalla importante. Pero también es sólo eso: una batalla más.

Publicado por Río Bravo el 21 de noviembre de 2015.

845x117 Prueba

18 600x360 Marzo VdV pautaweb

Agmer255x255

Amet 300

UsuariosyConsumidoresUnidos