Cuando lleguemos al punto, acuérdese de lo que le digo: esta nota es un despropósito del lado que la mire. Porque pasó mucho tiempo de lo que vamos a abordar. Porque el tema ya nos tiene hastiados a todos.
Porque en estos días, el tomate, el que no tiene la culpa, ese fruto de nuestras huertas y que añoramos ver todos los días en la mesa de los argentinos, se convirtió en un lujo de jeque persa (después bajó, pero yo me mandé la parte caminando 15 cuadras con una bolsa cargada de frutas rojas por $40).
Ferro no sabe dónde está el arco y se come todos los pepinos (los baratos, no los comestibles, que también están bien caros).
Una de las protagonistas del hecho que vamos a abordar, después de recorrer varios canales, fue fotografiada un poco floja de ropas en la revista de Fuentesviejas; no sabemos por qué y para qué lo hizo (no pudimos comprar la revista para enterarnos ni siquiera de qué tal salió. No la juzgamos, pero el mencionado Fontestrecha es un degenerado desde el punto de vista periodístico, no sexual).
El ingeniero Galocchia, de la petrolera británica Schupeta y de nuestra YPF, anduvo recorriendo empresas imperialistas ofreciéndose para que le perforen no sé que gases no convencionales (porque la crisis energética que tanto intentaron ocultar existía, como dijimos acá más de una vez).
Rondazzo anduvo por China pidiendo a los fabricantes de trenes de la CSR “transferencia de tecnología y capacitación”; a lo que el chino le exigió una nueva compra, insaciable ante las pruebas de amor que recibió del ministro de la revolución ferroviaria (nada que ver con Redrado, cuando en los 90’ dijo que Argentina es un país sexie para los inversores).
Nuestro gobernador salió en dos notas elogiosas de medios de la corpo, ¿qué estarán buscando los monopolios destituyentes?
El kirchnerismo salió muy disconforme con el mal PASO que dio en agosto y advierte asustado que no levanta.
Lolita se tiró debajo de un auto para fotografiarse.
El presidente Hippie del Uruguay autorizó a UPM a aumentar la producción, violando todos los acuerdos, los escritos y los orales. Al mismo tiempo, el urrikirchnerismo descubrió que Botnia sí contamina, a pesar de que se pasó más de media década diciendo lo contrario. Claro, justo en épocas de elecciones.
Todo eso y mucho más pasó y nosotros vamos a escribir sobre lo que hizo Locavandié hace 4 meses y siguió haciendo hasta hace 3 minutos. ¿No le dije que era un despropósito?
Yo soy Juan
Pero no se preocupe, sobre Lobancandié vamos a decir muy poco.
Por un lado, que es verdad lo que dijo en el video acerca de que se bancó la dictadura. Es verdad enorme bien verdadera. El bebé de Alicia y Damián Abel fue apropiado por los asesinos de sus padres. Se crió con ellos, quienes trataron de inculcarle todos sus códigos y como Victoria Donda, como Tolosa Reggiardo, tuvo el coraje de escudriñar su identidad y abrazar la causa de las madres y abuelas. Minimizarlo es un error.
Sobre lo que se lo ve hacer en la cámara oculta, sólo hago propias la lúcida reflexión de nuestro compañero Ignacio Lowy en las redes sociales: “Es una derrota histórica tristísima que un hijo de militantes populares desaparecidos por la última dictadura cívico militar, y que se reivindica como tal, llegue a caer tan bajo. Quitarle el laburo en un segundo a alguien porque te hizo sentir uno más por un ratito es ser una rata, una lacra, una basura”. Y todo lo demás es cháchara, como dijo ignacio.
Posmodernidad nacional y popular
Pero el punto que nos interesa es que en Página12, el sociólogo Horacio González publicó un artículo (ver) sobre el asunto de la cámara oculta. Es una pena que se dedique a difundir ese tipo de notas un prestigioso diario como Página12, que siempre publicó excelentes fotos e impresionantes diseños de tapa. También es una pena que piense como piensa alguien que es referenciado como pensador crítico y científico, nacional y popular.
Criticando el uso y reproducción de las imágenes grabadas, González dice que “ya no hay instante, hay post-instantes continuos”. Lo que en buen criollo significa que el presente no existe. No se puede dudar que este discípulo de Laclau, el gurú del kirchnerismo y la socialdemocracia británica, está negando la existencia de la realidad. Se emparenta con Platón para afirmar que conocemos a través de representaciones de la realidad, no con la realidad misma. Y eso es un problema.
En otro momento de su artículo, el creador de Carta Abierta reflexiona sobre el sentido de la palabra correctivo que usó el legislador K. Para González, es determinante explicar que, tal como la pronunció el escrachado, la palabra no tiene ninguna connotación represiva. Hay muchas aristas para analizar sobre el correctivo. Lo principal acá es el efecto de la llamada a “Martín”, no importa qué quiso decir: lo que importa es que una trabajadora que cumplía con su deber perdió el trabajo. Y contra eso, no hay atenuantes.
Finalmente, el director de la Biblioteca Nacional expone su concepción política. Usa a Fucault para referirse a la costumbre de hacer cámaras ocultas como un Panóptico. Olvida desde dónde y a quiénes controla el Panóptico.
“Vivimos una politicidad de pulsiones bajas, con la materia primera de la conversación robada”, afirma, ocultando quiénes imponen esa política.
Defenestra la democracia directa, esa que los argentinos experimentamos una y otra vez en las carpas del aguante, en el piquete, en los cortes de ruta y en las fábricas recuperadas. El desocultamiento es obsceno y molesto, opina. Justamente en el reino del doble discurso impuesto desde el aparato del estado, González viene a proclamar que “la política se hizo transparente en su cotidianidad hablada y tremendamente opaca en sus consecuencias sociales” y esto, como cualquiera lo sabe, es culpa del uso de celulares en cámaras ocultas. En las antípodas del sociólogo en cuestión, acá afirmamos que la transparentación de la política es saludable. Que el Art 22 de la Constitución, ese que ninguna reforma derogó, es restrictivo y aleja al pueblo de la política. ¿No es así, Don Horacio?
Publicado por Río Bravo el 19 de octubre de 2013.





