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Lunes, 13 Diciembre 2010 07:32

Barrio Mataderos: agua, cloacas y contaminación de los frigoríficos

Escrito por Santiago Joaquín García
Las aguas servidas derramandose en la vía pública. Las aguas servidas derramandose en la vía pública.
Por Santiago Joaquín García - Aunque suene reiterativo, Concepción del Uruguay es una ciudad abandonada. Los funcionarios están ocupadísimos en la entrega del patrimonio público, mientras los vecinos tienen problemas básicos sin resolver. En esta oportunidad, Río Bravo realizó una crónica de lo que se vive en Barrio Mataderos.

Hay oportunidades en las que los eufemismos deben ser dejados de lado. Cuando la mierda desfila por las calles de la ciudad, uno siente la necesidad de decirlo con todas las letras. Es indignante constatar la presencia de chicos jugando junto a canales cloacales, que son construidos rudimentariamente por los vecinos de Mataderos para que la calle no sea toda una laguna de desperdicios. El lecho sigue su curso, y pasa por la puerta del frigorífico Becar. Allí, donde se producen alimentos, todos los trabajadores atraviesan diariamente la cloaca que pasa por la puerta de la planta. Como si fuera la búsqueda de la punta del ovillo, continuamos recorriendo el curso de los residuos cloacales, que nos llevó a metros de la casa de otros vecinos, donde se mezcla con los líquidos que el frigorífico descarga, y todo termina en las aguas del río.  

 

“Los viernes no se puede respirar"

Una pileta de decantación, que emana un olor putrefacto, nauseabundo, es el lugar en el que se tratan los líquidos de la planta avícola. “Ese caño que sale al río, lo controla la municipalidad. Acá dicen que cuando van a venir los inspectores, les avisan a los de la empresa, y largan agua limpia”, nos explica un vecino. El aroma es penetrante, hace difícil acercarse a tomar una foto. “Tienen que venir un viernes, cuando largan la sangre del pollo. Ahí si que no se puede respirar”, comenta una vecina que lleva más de veinte años en el barrio. La pileta fue construida hace algo más de diez años, sin respetar a las decenas de vecinos que conviven a metros de esa olla podrida. Aparentemente, están por construir otra en un terreno lindero. Algunos, los que tienen la oportunidad, se van. Otros resisten como pueden. Sus propiedades han perdido precio de manera asombrosa.

 

Los pobres se quedan sin río

 

Todos estos líquidos van a parar al río sin mayores tratamientos. Por lo tanto, no es extraño que ahora se haya anunciado la contaminación del Riacho Itapé, en el Balneario Municipal donde se bañan los vecinos más pobres de la ciudad. En una escena de pornografía política, junto a ese gran depósito de mierda, se construye el puente de los cien millones, que avanzará con la contaminación hacia la Isla del Puerto. Después le tocará el turno a Cambacuá, y cuando no quede más río por contaminar, estos funcionarios ya tendrán suficiente dinero como para vivir en alguna isla del Caribe. Uno de los miembros de la Asamblea Ambiental de Concepción del Uruguay, denunció además que los funcionarios dejan que se contamine Itapé y el Balneario Banco Pelay, “porque tienen negocios vinculados a las termas”. No suena descabellado viniendo de estos personajes. 

 

“Hepatitis, cólera, lo que quieras”
  

Volviendo a los vecinos que conviven con las cloacas a cielo abierto, el primer problema que aflora es el de las enfermedades. “Acá tenés hepatitis, cólera, lo que quieras”, nos enumera un vecino. “Y mirá los gurises cómo juegan al lado del agua podrida”, señalando a dos chicos que pateaban una pelota de goma. “Una mujer que vive al lado de esto, tiene a los cuatro chicos que viven en el hospital, y ella está en cama ahora”, reclama una de las vecinas que se acercó al ver la cámara de fotos. Así las historias se van sucediendo, una a una, con los mismos padecimientos.  

 

Más carencias

 

Si bien esto es lo más grave que le pasa al barrio, no es lo único. En la reunión que los vecinos realizaron en una plaza junto a la Multisectorial Uruguayense, también denunciaron la falta de agua, que cuando se acerca el verano se siente más, y el precio desorbitado que el municipio cobra por las pésimas obras que realiza. “Me están cobrando cinco mil pesos un cordón cuneta que no terminaron, y ya se rompió”, denuncia uno de los vecinos que vive cerca de la calle Suipacha. Otro ilustra con un ejemplo, diciendo que “con esa plata de hormigón, tendrían que hacer media plaza, y hacen esos enchastros que no sirven para nada”. La lista es enorme, y todos coinciden en la falta de respuestas. Los funcionarios, ya están pensando en las elecciones, y en entregar en el camino todo el patrimonio que puedan. Se aprovechan de que tienen un pueblo tranquilo y trabajador. Pero no se dan cuenta que hasta el más manso es bravo cuando se retoba. Si siguen a este paso, no van a tardar mucho en comprobarlo.

 

Publicado por Río Bravo

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