Desde la noche de ayer, la solidaridad empezó a correr como un reguero de pólvora en nuestra ciudad. Los gremios estatales y docentes, que integran la CTA, reaccionaron en forma veloz, y paulatinamente se fueron sumando sectores políticos (el GEN, el PS, por citar dos ejemplos), y también sociales (la asamblea ambiental de Concepción del Uruguay, Centros de Estudiantes). La muerte de Mariano Ferreyra, perpetrada por la patota de José Pedraza, secretario de la Unión Ferroviaria durante el menemismo, delaruísmo, duhaldismo y kirchnerismo, causó conmoción entre los trabajadores argentinos y desnudó como nunca el doble discurso del gobierno. Por un lado, se jactan de no reprimir y, por el otro, le dan “vía libre” a los famosos gordos de la CGT, mientras la CTA sigue a la espera de su personería jurídica que el casamiento de Yasky con los Kirchner no pudo conseguir.
De forma espontánea, y con el único objetivo en común de que había que “hacer algo”, desde las 10 comenzaron a movilizarse por las calles de la ciudad. Dejando de lado las diferencias que tuvieron en las recientes elecciones de la Central, estatales y docentes partieron de la sede de ATE hacia la Plaza Ramírez. Fue una marcha pacífica, con mucha bronca y cantos sencillos. “Se va a acabar, la burocracia sindical”, y “se va a acabar, esa costumbre de matar”, fueron los que más contagiaron al nutrido grupo de compañeros que volvieron a las calles de la ciudad después de un tiempo. Lógicamente, se invocó el nombre de Mariano Ferreyra permanentemente, al grito de “presente”, reclamando el inmediato esclarecimiento de los autores materiales e intelectuales del hecho. Finalmente, tomaron la palabra los dirigentes de los gremios estatales, docentes, de la asamblea ambiental, centros de estudiantes e independientes. Hubo quienes apuntaron sus críticas con nombre y apellido hacia la presidenta Cristina Fernández, la CGT de Moyano y a sus personeros locales. Otros compañeros, inhibidos por las contradicciones que generan sus concesiones al gobierno, fueron más genéricos en el discurso. De todos modos, lo importante es que amplios sectores de la sociedad uruguayense organizaron una marcha en muy pocas horas, la llevaron adelante, y coincidieron en una consigna básica: Nunca más.
A los trabajadores acostumbrados a la lucha, que se templan en las calles, les gusta marchar. Sin embargo, nunca elegirían hacerlo por estos motivos. La muerte de un compañero, sea de la agrupación que sea, es un límite que afortunadamente la sociedad no deja pasar. Esta caricatura de democracia, que con matices sigue sosteniendo la misma política de entrega de los últimos 34 años, también mantiene vigente el aparato represivo del Estado que se ha cobrado numerosas vidas desde 1983 hasta ahora. Este gobierno inauguró su lista de luchadores asesinados con Marcelo Cuéllar y Cristian Ibáñez en octubre de 2003, por lo que hay muchos que no se sorprenden por lo sucedido. Otros, que le depositaron mucho crédito y confianza a este gobierno que reprimió en Andalgalá y Terrabusi, y no movió un pelo por la desaparición de Julio López, tendrán que tomar una decisión y hacer una fuerte autocrítica. Si es que aún siguen diciéndose parte del campo popular.





