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Viernes, 25 Septiembre 2015 12:25

De motos y celulares

Escrito por Ramiro García Valentinuz

((Primera Parte)) Llegó (casi) a su fin el juicio por el femicidio de la joven paranaense Priscila Hartman, por el que fue condenado a reclusión perpetua su asesino Facundo Bressan. El manoseo mediático del caso, sustentado en los peores principios del sentido común, consiguió embarrar la cancha, ensuciar la imagen de Priscila y maquillar a Bressan como un inocente perejil. Repaso y crítica de un femicidio cuyo bastardeo no ha logrado disfrazar su esencia: la muerte de una mujer más en manos de la violencia de género en Entre Ríos y la Argentina.

 

"Declarar a Facundo Daniel Bressan autor material y responsable del delito de homicidio calificado por alevosía y criminis causa en concurso real con robo y condenarlo a la pena de prisión perpetua y accesorias legales". El aire se cortó durante unos segundos ese miércoles 2 de septiembre en la sala de audiencias de los Tribunales de Paraná y Carina Hartman suspiró. Fue un suspiro diez meses contenido. Trescientos once días desde que encontraron a su hija en aquel campo de la vecina ciudad de San Benito donde la dejó tirada su asesino alrededor de las 1.30 de la madrugada del viernes 24 de octubre de 2014. La madre que tomó en sus manos la causa desde esa mañana misma, que investigó, encabezó marchas, toleró el asedio de cámaras y micrófonos, soportó las intrigas inventadas alrededor de su hija y su muerte; que se hizo fuerte, enorme, invencible; que tuvo fe y esperó. Y al escuchar el veredicto que leyó, contundente, el juez José María Chemez, suspiró y se dejó caer en los brazos de su compañero Gustavo Arredondo. En Entre Ríos, que ocupa el quinto lugar en el nefasto ranking de las provincias con más femicidios en Argentina, Carina se convirtió en un nuevo ícono de la lucha contra la violencia de género. Afuera de la sala la esperaban, otra vez, las cámaras y los micrófonos.

El "caso" de Priscila Hartman no sólo se volvió emblemático de la violencia del hombre contra la mujer. También, lamentablemente, se hizo terreno fértil para el florecimiento de vicios y prejuicios arraigados en el machismo del Pensamiento Paranaense. Tribuneo e irresponsabilidad periodística, comentarios y opiniones sustentados en las riesgosas intuiciones del Sentido Común y canalizados mediante las técnicas -no tan distintas- del viejo Chusmerío de barrio y la Opinología de red social. Los paranaenses nos dejamos caer en la tentación y nos convertimos en fiscales, peritos, médicos forenses, psicólogos criminalistas e investigadores privados ("yo he investigado por mi cuenta", dijo un testigo citado por la defensa de Bressan para abonar la tesis de que Priscila había estado en una ´fiesta narco´ antes de ser asesinada). Pero sobre todo, y lo que es peor, nos erigimos en jueces de la conducta y las decisiones de Priscila. "Ella también se lo andaba buscando", "¿y para qué se mete con alguien que no conoce?", "¿y por qué no les contaba a los padres que andaba con Bressan?"... No obstante, más allá de los chusmeríos y prejuicios, ¿con qué pruebas o indicios serios se contaba -y se sigue contando- para asegurar la culpabilidad o inocencia de Facundo Bressan? Las dos versiones intentaron ser demostradas y justificadas por Fiscalía, Querella y Defensa, que tuvieron algunos cruces descalificatorios durante el proceso.

"El castillo de naipes" versus "la teoría del absurdo"

La defensa de Facundo Bressan centró su estrategia en deslegitimar la investigación fiscal y destacar algunas irregularidades e incongruencias del proceso, atacando pocos de los puntos fuertes de la acusación y apuntando hacia pasos o datos técnicos, metodológicos y científicos. Buscó la absolución total del joven de 20 años y tuvo algunos aciertos, aunque no logró su cometido de derrumbar el "castillo de naipes", como calificó a la tesis acusatoria. Presentó ante la Cámara de Casación Penal la apelación de la sentencia. Fiscalía y Querella, en tanto, compartieron hipótesis, pruebas y los cargos por los que imputaron a Facundo Bressan: homicidio triplemente calificado por alevosía, ensañamiento y criminis causa, por los que pidieron la pena perpetua. En la parte probatoria ofrecieron elementos secuestrados en la casa de San Benito, conversaciones por Whatsapp y contradicciones deliberadas de Bressan durante su indagatoria. Ello, junto con un conglomerado de testimonios, peritajes e inspecciones, logró quitarle validez a la "teoría del absurdo" de la defensa, según el mote que le puso el querellante Marcos Rodríguez Allende, y convencer al Tribunal.

Los defensores Miguel Ángel Cullen y Guillermo Vartorelli hicieron hincapié en que la Fiscalía, a cargo de Juan Malvasio y Álvaro Piérola, siguió solamente una línea investigativa -la que iba incriminando a Bressan- desde que comenzó la causa. Ante ello, Malvasio y Piérola recordaron las medidas tomadas a partir del momento en que Carina Hartman radicó la denuncia en el Ministerio Público Fiscal: declaración testimonial de amigas, familiares y un ex novio de Priscila, rastrillaje en la zona de San Benito, búsqueda del paradero de la moto Honda Bross roja con la que la chica había salido la noche del jueves -para evaluar la hipótesis de un posible robo-, entre otras. En esta etapa fue indicado Bressan, por una de las amigas de la joven, como la persona con la que Priscila "estaba saliendo", por lo que fue convocado como testigo, sin ser todavía el imputado.

Motos y celulares, en el centro de la historia

Jueves 23 de octubre. 18.43 horas: ¿Cómo estás. amor?. 20.21: ¿Vas a venir o no?. 20.34: Bueno, amor, tratá de que nadie se entere de lo nuestro ni de que vas a venir.

La tesis acusatoria sostiene lo siguiente: Facundo Bressan citó a Priscila Hartman en su "galpón" de San Benito para mantener relaciones sexuales y robarle su moto y su celular, tras lo cual la mató, lo cual es tipificado penalmente como "homicidio criminis causa". El motivo, que en principio parece poco convincente o suficiente, suma probabilidad al cotejar las conversaciones de Whatsapp que Bressan mantuvo entre la tarde y la medianoche de aquel jueves 23 de octubre, por un lado con Priscila y por el otro con amigos suyos, a quienes ofertaba los bienes de la chica. El joven tenía pactado un encuentro con ella para la medianoche y, mientras le escribía insistentemente para confirmarlo, iba ofreciendo en venta a diversos conocidos "una X3M a $800" y "un Galaxy Core a $900" que, advertía en los mensajes, los tendría para alrededor de la 1 de la mañana. "Cuando yo te mande, te venís al terreno donde tiene las máquinas mi viejo, que queda al fondo de casa", le indicaba Bressan a un tal ´Chipote´. "Hay un Galaxy Core a la venta en 900. Esta noche me lo traen ", le ofrecía, en tanto, a su amigo Impini, por ejemplo.

Las conversaciones que la Acusación se ocupó de leer en detalle en su alegato, y que fueron retomadas por el Tribunal, demostraron cómo Bressan iba ajustando el mercadeo de las cosas de Priscila de acuerdo con el horario en el que pensaba estar "desocupado". La defensa del joven femicida quiso quitar de en medio estos elementos del proceso, esgrimiendo que "no alcanzan" para justificar su autoría y que los modelos de moto y celular que comerciaba Bressan no eran necesariamente los de la joven, pero el Tribunal desestimó el intento y afirmó que no quedaban dudas de que lo que estaba tratando de vender Bressan eran la moto y el celular de Priscila. Además, Bressan borró todos sus mensajes a Priscila de su celular y reseteó el de ella a las 1.13 horas de ese viernes. “Bressan pretendió ocultar las conversaciones con Priscila donde le pedía que no dijera nada a nadie del encuentro. Nunca se imaginó que se podían recuperar esos mensajes”, dijo el fiscal Malvasio en declaraciones al diario UNO.

El sábado 25 al mediodía, cuando la ausencia de Priscila y la búsqueda de su paradero estaba instalada en todos los medios de comunicación y recorría las redes sociales, la madre de Facundo Bressan fue hasta la comisaría de San Benito y entregó voluntariamente el celular y el casco de la chica, que estaban en manos de su hijo. La coartada de Bressan nunca fue creída: que la madrugada del viernes se los compró a "unos locos" en la plaza de San Benito, a los cuales describió como “uno con la camiseta de Patronato y el otro con una gorra que le tapaba la cara”. Encima, alegó que él solía comprar cosas robadas y que no sabía que ese casco y ese celular eran los de Priscila. Pese a que ella tenía ese teléfono desde hacía tiempo y se habían visto muchas veces, y a que Priscila había llegado la medianoche del jueves a San Benito con ese casco -por cierto, llamativo, de motocross- puesto. Aquella medianoche se dieron las últimas pruebas de Priscila con vida: la filmación de una cámara de vigilancia ubicada en la intersección de avenida Jorge Newbery y la ruta nacional 12, que la registró yendo en dirección a San Benito, y el último mensaje de la joven a Bressan: “ya llego”, a las 0.05 horas del viernes.

A partir de la entrega de dichas pertenencias, Bressan pasó a ser el único imputado, se realizaron los allanamientos al "galpón" donde se había encontrado con Priscila y aparecieron elementos determinantes para su incriminación: las llaves, los anteojos, las botitas y la campera que portaba Priscila la noche del jueves, la moto Honda Bross roja de su padrastro que ella tomó prestada aquella noche para salir -porque su X3M estaba pinchada- y el guante que completa el par del que Bressan usó para asfixiarla. La interpretación del hallazgo de estas pruebas se bifurca en dos sentidos. Las hipótesis del perejilismo de Bressan aseguran que fueron ´plantadas´, que “quién va a matar a alguien y dejar así las cosas de la víctima”, que allí las habría dispuesto algún presunto verdadero asesino. La Acusación y el Veredicto aseguran que el joven dejó las prendas y accesorios en el terruño lindante con su casa y la moto Honda Bross en un bajoterreno ubicado a 200 metros, a la espera de venderla; y que confiaba en que no iba a ser vinculado con la muerte de la chica, que no se sospecharía de él, que nadie sabía del amorío que venían teniendo. “Que nadie sepa que vas a venir, amor; que nadie se entere de lo nuestro”, insistía Bressan a Priscila en sus mensajes de Whatsapp de la tarde del jueves.

La asfixia con el grueso guante de trabajo, luego de un fuerte golpe en el tabique y un puntazo que atravesó la tráquea de Priscila, culminó el femicidio que comenzó a diagramarse aquella tarde de jueves, cuando Facundo Bressan largó a la venta las pertenencias de una de las 15 mujeres asesinadas por ser mujeres el año pasado en Entre Ríos, una más de las 277 muertas en el país durante el 2014 como consecuencia de la violencia contra la mujer.


Publicada por Río Bravo el 25 de septiembre de 2015.

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