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Viernes, 26 Abril 2013 17:40

Inundados de vergüenza

Escrito por Hernán Rossi

La denuncia de que en una escuela de Gualeguaychú los jóvenes alumnos fueron engañados en el marco de una actividad solidaria para con los inundados, es un atentado contra la cacareada apuesta por la participación política ciudadana.

 

Siempre hemos defendido -y defenderemos- la participación social y política de la sociedad, y sobre todo, de los más jóvenes. Una democracia adolescente, años de plomo y silencio, el individualismo como rasgo de la posmodernidad, son elementos que casi nos obligan a promover con insistencia el involucramiento.

Impulsar una masa crítica y dinámica desde una edad temprana, significa sentar las bases de una sociedad más abierta, participativa y pluralista.

Por todos estos motivos, aplaudimos la tarea en centros de estudiantes, en ONG´s de diversa índole y, obviamente, en los partidos políticos.

Justamente, el hecho de que estas primigenias formas de participación sean los primeros pasos de los chicos, obliga a ser cautelosos y sobre todo, claros a la hora de sumarlos a dichas actividades. Caso contrario, correremos el riesgo que dicha voluntad se vea truncada desde un inicio y se desaliente su iniciativa.

Lamentablemente, nuestra ciudad ha sido escenario de un hecho que enloda y echa por tierra las buenas intenciones de muchos chicos que se vieron sorprendidos en su buena fe, en ocasión de las acciones tendientes a ayudar a los damnificados por la inundación con epicentro en La Plata.

Varios estudiantes secundarios de una institución señera de nuestra comunidad contaban días pasados, con mezcla de dolor e indignación, que habían sido sorprendidos en su buena fe. Puntualmente, se había dispuesto que los alumnos se dividieran en las distintas tareas enfocadas al acopio de elementos para los vecinos platenses que acababan de vivir horas tristísimas. Algunos se dedicaron a conseguir agua mineral, otros, ropa. La cuestión era tender una mano. Lo grave fue que un grupo de chicos fue enviado por una alta autoridad de su Escuela a un local ubicado sobre una importante avenida, a seleccionar y empaquetar ropa. Hasta ahí, todo parecía normal. Pero la sorpresa fue grande cuando los chicos descubrieron que las bolsitas donde se colocaba la ropa lucían la leyenda de “La Cámpora”.

Entre sorprendidos y enojados, algunos atinaron a retirarse, otros, simplemente se quedaron a terminar la tarea. Pero con el paso de las horas y luego de la charla con compañeros, padres y docentes, les “cayó la ficha” como dicen ellos: habían sido manipulados.

Tal vez lo más grave de todo sea el hecho que el direccionamiento hacia ese lugar haya sido pergeñado por una autoridad escolar y que esto se haya dado en el marco de una emergencia social tan grande y desesperante.

El hecho de “etiquetar” la ayuda (sea de La Cámpora o de quien fuera) buscando un rédito en la desgracia más profunda es desde ya condenable. Pero que los chicos hayan ido allí sin saber que su trabajo iba a ser aprovechado por una agrupación política, es más triste todavía. Por último, el accionar de esa autoridad educativa que envió los chicos para sumarse un “poroto” en estas estúpidas sumas y restas de la política más miserable, no merece siquiera un renglón más. Empezamos esta nota hablando de la participación juvenil. Y de los riesgos que acechan a los que recién se asoman a ese mundo. Por desgracia, un puñado de nuestros chicos ya se siente estafado. Ahora queda la ardua tarea de convencerlos de que esa primera experiencia no se transforme en anomia y desinterés. Tal vez lo que muchos hayan sembrado durante mucho tiempo haya sido devorado en un abrir y cerrar de ojos por la langosta de la estupidez.

Publicado por Río Bravo el 26 de abril de 2013.

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