Es la historia de los hermanos Ligero. Marcelo, Quique y una familia atravesada por la política del país.
Vicente Muleiro es el autor de este libro. Cuando vayas a decir que soy un tonto es una novela escrita con sencillez, de texto fluido con un aspecto que lo hace particular: el punto de vista del narrador. Varias voces van armando la historia, pero eso lo descubre el lector ya avanzado el libro. A veces se mezclan, pero con el correr de los capítulos se distingue una regularidad que le da un orden a su estructura.
A los personajes se los ve siempre como desde una ventana; una cámara estática que queda prendida y va registrando la vida en un barrio pobre de Buenos Aires. Tal es así que uno de los narradores deja abiertas incertidumbres a lo largo de la historia. Algunas se van respondiendo y otras quedan suspendidas por no poder llegar más cerca.
Extraño, esta forma de escribir: el narrador no dice lo fundamental y eso le da profundidad, color e intriga a la escritura. Sin embargo lo distintivo es la picardía con la que el autor busca complicidad en el lector: da explicaciones de por qué no puede decir aquello que queda como escondido entre las líneas.
Descubrir a los oradores, a medida que se avanzan los capítulos, es quizás otro logro que atrapa en la historia.
Junto a lo antes dicho, el autor le agrega un final con vértigo. 10 páginas antes de terminar el libro no se puede entender cómo va a resolver el final de la historia. Sin embargo logra cerrarse con un mensaje esperanzador.
Sin dudas es una buena novela para aprovecharla en el verano. Entretiene y dice, opina y divierte. En fin, es una novela simple y profunda a la vez, de esas que dan gusto leer.
Publicado por Río Bravo el 4 de enero de 2012.

