Hace pocos días, estuvo en Paraná la psicóloga, psicóloga social y militante revolucionaria, Rosa Nassif, presentando su último libro titulado ¿Es posible conocer la realidad? Aprovechamos para entrevistarla y conversar sobre este debate.
Sobre el título de su último trabajo publicado, Rosa Nassif explica que fue “
hecho bastante provocativamente: toda la experiencia indica que la realidad se puede conocer”, sin embargo, actualmente son muy difundidas corrientes de pensamiento que hacia las dos últimas décadas del SXX “
aparecieron con una fuerte ofensiva, poniendo en duda la posibilidad del conocimiento. Entonces, uno podría acudir para afirmar esto a toda la experiencia histórica de la humanidad y decir: ¿qué más prueba de que es posible conocer que el hecho de haber llegado hasta acá?”, plantea Rosa, y luego advierte que “
en el terreno filosófico no basta la demostración fáctica, sino que tuvimos que ponernos a seguir cada una de las teorías que se elaboraban alrededor de esta cuestión agnóstica y desmontarla”.
Para referirse a los artículos de su libro, Nassif habla de un ‘nosotros’; así detalla que “
tuvimos que discutir con los llamados nuevos paradigmas; von Glasersfeld, von Foerster, Maturana, Morin, Deleuze, Guattari; después debimos debatir con Castoriadis y su concepto del imaginario social, que se presentaba como reemplazando categorías de la dialéctica y del materialismo histórico”.
La autora explica que el resurgimiento de estos posicionamientos agnósticos y relativistas está “muy
vinculado al proceso de cambio de correlación de fuerzas a nivel mundial en desmedro de la clase obrera y de los pueblos, en una ofensiva muy grande de la burguesía”. Se trató de un proceso que se hizo más evidente “
con lo que se conoció como la caída del Muro de Berlín, donde se manifestaba en forma espectacular, junto al derrumbe de la URSS, un proceso que se había iniciado mucho antes con la derrota de las revoluciones socialistas. Fue un retroceso que se dio después en toda Latinoamérica y que en nuestro país lo vivimos duramente en la década del 90, con todo lo que fue el menemismo”. Vinculado a esto se proclamaba una idea del triunfo unánime, definitivo y universal del capitalismo; el fin de la historia; la idea de la globalización, entendida como un proceso en el que si no entrabas, quedabas fuera del mundo. Esto fue seguido por una serie de teorizaciones de tipo neoliberal, en política”.
Paradójicamente, ante aquellas teorizaciones neoliberales, “surgía
el posmodernismo como una corriente que -en lo explícito- enfrentaba al neoliberalismo”, destaca Nassif. Mientras los ideólogos del neoliberalismo pretendían convencer de que todo “
debía entrar dentro del brete de la producción capitalista; los pensadores posmodernos proponen una cuestión de un individualismo de pleno goce. El pleno goce de lo individual. Plantean un mundo donde decían que se terminaban las sociedades disciplinarias y aparecía entonces una situación de tipo muy democrática, sobre la que predicaban que cada uno podía hacer lo suyo; esto aparecía muy claro en los textos de Lyotard, por ejemplo. Esta idea de plena libertad del individuo, con muchos elementos de tipo anarquista, planteaban al mismo tiempo, lo que llamaban el fin de los grandes relatos”.
Cuando decretaron el fin del materialismo dialéctico
Rosa Nassif destaca que entre los grandes relatos que los posmodernos daban por enterrados, “
entraba la idea de la posibilidad de un cambio de la sociedad basado en la teoría marxista; que las ciencias sociales habían desarrollado como lo más avanzado de lo que había sido aplicado como guía para tomar el poder en procesos como los de la URSS y China. Entonces, planteaban que la derrota de aquellos procesos significaba a su vez el fracaso de la teoría que los había sostenido”.
Los autollamados ‘nuevos paradigmas’, de inmediato “
asimilaron el marxismo a todas las otras teorías de tipo deductivas globales, teorías cerradas en sí mismo. Así comenzó todo una campaña de cuestionamiento a la base filosófica del marxismo; o sea la dialéctica materialista histórica, y se planteaba, entre otras cosas, que la idea de la certeza sobre la posibilidad de conocer el mundo y de transformarlo era una de las tantas utopías del SXIX”.
La autora recordó que a comienzos de los 90’ se vivió una “
resurrección de las teorías relativistas. Que no eran nuevas, porque en realidad, si uno se remontara hacia atrás, aparecen en todos los períodos históricos de la filosofía. Siempre hubieron corrientes agnósticas y relativistas, desde los griegos y luego en la Edad Moderna. Pero este resucitar tenía de novedoso que se presentaba como lo nuevo frente a lo vetusto, lo perimido”.
El agnosticismo
En la Argentina, aunque también a nivel mundial, relata Nassif, “
esto empezó a conocerse como la idea de ‘los nuevos paradigmas’. Se hablaba de teorías que tomaban cuestiones de los descubrimientos de la física cuántica, a la que apelaban para plantear que quedaba demostrado que toda la ciencia anterior sobre la física había caído. Junto con la caída de la física de Newton afirmaban que no habían certezas, por lo tanto citaban uno de los principios de la física cuántica, el de incerteza o incertidumbre de Heisenberg, para decir ‘ahí está demostrado que no se puede conocer’”.
Explica la entrevistada que en el plano personal, con el auge de estas corrientes, “
dos grandes áreas de mi práctica aparecían totalmente cuestionadas. Por un lado, mi militancia política revolucionaria que era cuestionada en forma directa. Pero por otro lado, la práctica psicológica basada en la Psicología Social de Pichón Riviere. En este caso, no sólo porque se cuestionaba la base filosófica -ya que Pichón explicitó que su base es la dialéctica materialista e histórica-, sino porque conceptos centrales de la psicología entraban en cuestión”.
Entre los conceptos de la Psicología Social que aparecían puestos en cuestión, estaba el concepto de salud. “
Una de las formulaciones principales de Pichon sobre salud mental -explica-
parte de la idea de que sano es el sujeto capaz de reconocer la realidad y reconocer sus necesidades y de transformar la realidad para así satisfacer sus necesidades. Acá ya hay un problema, porque si no podés conocer tu realidad, ni la externa ni la tuya, ¿cómo vas a transformar algo? Entra en cuestión el concepto de adaptación activa como idea de salud”.
A continuación, analiza el concepto de adaptación activa, que “
encierra en sí una contradicción; porque por un lado, adaptarse quiere decir conocer la realidad en que te movés y tenerla en cuenta. Y activa, implica no aceptar pasivamente, sino transformar. Entonces, estamos siempre en este terreno de que nosotros partimos de la posibilidad de conocer”.
El imaginario social
Tal vez, el desarrollo del concepto de Imaginario Social de Cornelius Castoriadis pueda graficar algunos aspectos de estos ‘nuevos paradigmas’. Rosa recuerda que este concepto “
se nos ofrecía como una idea que tenía que ser el núcleo básico alrededor del cual se construyera la psicología social”. Castoriadis “
plantea la idea de que hay significaciones centrales que caracterizan cada sociedad; por ejemplo, en el capitalismo la significación central es la económica”. A la pregunta sobre “
cómo se instituyen estas significaciones centrales”, Castoriadis ofrece cómo respuesta a la Imaginación Radical. Ésta, que además es “innata e individual, sería capaz de instituir esta significación”.
La Imaginación Radical es “un concepto totalmente idealista”. Esto se descubre “
leyendo a Castoriadis -aporta Rosa
- porque sobre el uso cotidiano, inclusive literario de imaginario social, el propio Castoriadis decía tener la impresión de que no han entendido de qué hablaba él”.
La autora detalla algunas características que este pensador atribuye a la Imaginación Radical. “
Castoriadis llega a decir que es más cerrada que la monada psíquica, un concepto que es anterior al Ello freudiano, todavía más atávica”. En esa capacidad individual innata “está la posibilidad de establecer aquella significación a partir de la cual se va a instituir la sociedad”. Una de las limitaciones en el planteo de Castoriadis es que “
nunca termina de explicar cómo es la relación causal. No la puede explicar”. Rosa Nassif cuestiona:
“¿Cómo puede ser que la imaginación de un individuo establezca una significación social central? Es subjetivo y, por otro lado, de un idealismo total, de manera tal que él dice que es creación de la nada, ‘ex nihilo’. En esta idea del imaginario social, no podés ir más allá de la afirmación de que eso está dado; es lo dado en cada sociedad y todo lo demás se organiza a partir de ahí”.
Castoriadis apela a “
lo dado”, algo innato, individual, creado de la nada, en vez de explicar “
a partir de las condiciones materiales de vida, por qué existen determinadas significaciones sociales o representaciones sociales, que sin dudas forman parte de ideas que comparten el conjunto de individuos de una sociedad. Si bien, muchas veces sin tener claro por qué, pero siempre hemos visto que las condiciones subjetivas, ideales o ideológicas se pueden explicar a partir de la condiciones reales”. Además de idealista, aquel concepto es “
sumamente infructuoso para explicar cualquier otra cosa. Es como si no se pudiera preguntar por las causas; no podés explicarte cómo se transforma, ¿cómo se cambia un imaginario por otro? Cuando en determinado momento, algún sujeto es capaz de sustraerse de eso que predomina y lo puede hacer porque hay algo en él, innato, que no está influenciado por ese imaginario. Si todos nacemos dentro de un imaginario, ¿de dónde sale la posibilidad de cambio?”, interroga y cuestiona la entrevistada.
Una falsa disyuntiva: ¿Relativismo o dogmatismo?
Rosa continúa usando en plural la primera persona para contar que “
tuvimos que discutir con otra disyuntiva que te plantean: ‘si no caés en el relativismo, parece que tuvieras que ir al dogmatismo’. Debimos precisar mejor que había una gran distorsión sobre lo que era la dialéctica materialista. La exponían de un modo tal para poder después combatirla, entonces la presentaban como mecanicista”.
El posmodernismo “
parte de la idea de combatir lo que serían las concepciones predominantes de la modernidad y en la modernidad discuten sólo las concepciones de la burguesía. Y la presentan como si eso fuera marxismo”. Es un mecanismo tramposo, porque por ejemplo, “
en la filosofía materialista hay dos materialismos: uno mecanicista (que es el que estableció como su concepción la burguesía en su período revolucionario) que va a ser muy fructífero en su momento, porque las ciencias iniciales, la mecánica, la anatomía, la geometría, van a desarrollarse sobre la base de la comprensión de las grandes leyes”. Pero hay otro materialismo, advierte Rosa, “
que incluye el movimiento, el cambio, la transformación, o sea la dialéctica, que es la concepción que elaboraron Marx y Engels. Ésta es la filosofía del marxismo. En el libro tuvimos que demostrar que, lejos de ser mecanicista y dogmática, es una concepción filosófica cuya elaboración de fondo no es una concepción que va de la idea a la realidad. Sino que es una elaboración que parte de ver las leyes más generales que rigen el movimiento de todo lo que existe en la naturaleza, en la sociedad”.
El “
nosotros” se presenta más claro, fundamentado, con mayor encarnadura cuando, fiel a una concepción sobre el conocimiento, la autora describe que este libro “
fue un esfuerzo colectivo, que reconoce procesos de discusión, de elaboración, de confrontación, que no es individual. Allí planteamos con toda claridad que el conocimiento es un proceso social y los artículos no escapan de esta condición”.
Esta es la primera entrega de la entrevista a Rosa Nassif; en breve, publicaremos la segunda parte.
Publicado por
Río Bravo el 17 de Septiembre de 2011.