Días atrás, la opinión pública se volcó en todos los medios de expresión posibles con dolor ante la muerte de
Candela Sol Rodríguez, una niña de once años, secuestrada y asesinada salvajemente. Pasmados, muchos de nosotros derramamos más que lágrimas. La muerte violenta de Candela desató una serie de pedidos de “
seguridad” y “
mano dura”, más cercanos a la mera indignación que a otra cosa, pero también, permitió abrir paso a las reflexiones y, sobre todo, puso en el tapete el “
incómodo” tema de la trata de personas o “
trata de blancas”, como se lo conoce desde hace siglos.
En ese camino abierto, el recuerdo de
Yésica “Marela” Martínez, de nueve años, que desapareció el 19 de octubre del 2003 en Avellaneda cuando fue hasta el quiosco a comprar un regalo para el día de la madre, obliga a sacudirnos de la inercia o el resguardo, y nos insta a no olvidar. Cuatro meses después, el 20 de febrero de 2004, Marela fue hallada sin vida, envuelta en una sábana y dentro de una cámara séptica, “
asfixiada por estrangulamiento en el curso de un abuso sexual violento”, según reveló la autopsia. Marela habría sido asesinada por un “
ajuste de cuentas” con su padre.
La encontraron en la casa de un vecino, junto con el cuerpo sin vida de otra niña de 13 años que estaba desaparecida, Mónica Vega, también víctima de una muerte similar y prima del asesino, Héctor “
Nene” Sánchez.
El mismo año en que fueron halladas estas niñas, la desaparición de
María Fernanda Aguirre, un 25 de julio, conmocionó a un pueblo entrerriano, San Benito, y luego a todo el país. Fernanda tenía entonces 13 años, regresaba caminando a su casa desde el puesto de flores que poseían sus padres en las inmediaciones del cementerio local.
Pero nunca llegó. Pese a la incansable lucha de su madre y de diversas organizaciones sociales, Fernanda continúa desaparecida.
El tres de abril del año 2002, en Tucumán,
María de los Ángeles Verón, “Marita”, desapareció. Salió por la mañana temprano a hacerse un estudio médico en “
la Maternidad”. Marita tampoco regresó, aún continúan buscándola.
La pequeña
Sofía Herrera desapareció el 28 de setiembre de 2008 del camping John Goodell, ubicado 60 kilómetros al norte de Río Grande. A Sofía también se la tragó la tierra, a pesar de la incansable búsqueda de sus padres y familiares, que continúa hasta hoy.
Marita, Fernanda, Sofía, fueron dejando sus huellas en el viento. A veces, alguien encuentra una, y a través de esa huella, van dibujándose los caminos del tráfico de personas. Los caminos de la trata.
"
No voy a parar de buscarla hasta el último día de mi vida, porque ella está viva y me necesita". Declaró la mamá de Fernanda, María Inés Cabrol. Y así fue hasta el 11 de Mayo del 2010. Hasta el mes anterior a su muerte, María Inés recorrió el país siguiendo pistas que pudiesen acercarla al paradero de su hija. Murió convencida de que Fernanda fue
retenida por una red de prostitución infantil, y que en la ruta de la trata, fue llevada a España a través de Portugal.
Las sospechas de que Marita habría sido
secuestrada por una red de prostitución, llevó a su madre, Susana Trimarco, a crear una organización, la Fundación María de los Ángeles, especializada en la lucha contra la prostitución, asistencia a las víctimas y prevención de la trata de personas.
La serie de ficción televisiva, “
Vidas robadas”, se basó en el caso de Marita y en la lucha de su madre por rescatarla, y puso de relieve, a través de la ficción, los métodos de secuestro, privación de la libertad y vejaciones a las que son sometidas las mujeres y niñas víctimas de la trata. Andando el camino de las huellas en el viento, una veintena de mujeres que ejercían
forzadamente la prostitución, fueron liberadas. Entre ellas, se encontraba una joven que vio a Marita. Estaba flaca, drogada, le habían teñido el pelo y puesto lentes de contacto celestes. Dicen que hablaba de un bebé, probablemente su hija, de quien fue violentamente separada.
Así como el caso de Candela y Marela, el de Fernanda y de Marita guardan similitudes escalofriantes. Un trozo de madera en la que se leía: “
Auxilio soy Fernanda” y debajo “
Portugal”, fue encontrado en Morón, provincia de Buenos Aires, y muchos mensajes más, encontrados en papelitos escritos con lápiz, en distintas provincias del norte de nuestro país. El trozo de madera fue llevado a la policía por la persona que lo encontró, pero como
no conocían el caso, a pesar de la recompensa de $150 mil pesos ofrecida por el Ministerio de Justicia de la Nación, los familiares de Fernanda se enteraron seis meses después, en junio del 2005. Fernanda también fue vista por una mujer que logró escapar de sus proxenetas. Según declaró, fueron cuatro mujeres las que la vieron y la reconocieron.
Las últimas pistas llevan a pensar que ambas (junto con muchas otras mujeres), fueron sacadas del país y trasladadas a Europa, y que probablemente su primer destino fuera España.
Hace unos años atrás, trascendió la noticia de que Fernanda estaría cautiva en un prostíbulo llamado "Complejo Romaní" que está situado en la carretera nacional 332, kilómetro 242, en la localidad española de Valencia. En el sitio de este local se apreciaba la foto de una joven que tenía un parecido a Fernanda
(foto). Pero, pese a que la Interpol libró la orden de búsqueda, tanto España como el gobierno argentino finalmente se desentendieron del tema.
El pasado mes de Julio Cristina Fernández promulgó la
Ley de Trata Nº 26.364 sin modificaciones, a pesar de los reclamos de diversos organismos de que el texto legal debía ser reevaluado y discutido. El caso de Candela, reabrió la discusión de la Ley en las cámaras legislativas, pero sin llegar a nada. Uno de los puntos más discutidos y reclamados de esta Ley es que una mujer mayor de edad que se encuentre en situación de trata, debe probar que era obligada a ejercer la prostitución. Pensemos en Fernanda, tenía trece años cuando fue secuestrada.
Hoy tendría veinte. Ha pasado siete años siendo explotada sexualmente. ¿Y Marita Verón? Tenía 23 años cuando fue secuestrada frente al edificio de la Maternidad.
Cada año, seis millones de personas son víctimas de trata de personas. A nivel mundial, se estima que el 90% de las víctimas son mujeres, niñas y adolescentes. Los métodos para mantenerlas cautivas incluyen la extorción y amenaza de matar, violar o secuestrar a sus hijos o familiares, el traslado permanente de una “
whisquería” a otra, la adulteración o falsificación de documentos de identidad, sometimiento sexual y “
ablande” por parte de los proxenetas, obligándolas también a la ingesta de drogas y alcohol, para que “
aprendan a aguantárselas”.
No son pocos los testimonios de mujeres que han sido rescatadas de la esclavitud sexual. Sin embargo, la inoperancia, la ineptitud, el accionar tibio para con los proxenetas y propietarios de “
whisquerías” y “
bares con servicio de acompañantes”, no dejan dudas de que además de una red profesional de proxenetas y asesinos, existe un entramado complejo de protección y complicidad policial, judicial y gubernamental para con estos malvivientes. No se protege a las víctimas, no existe un sistema de recuperación para estas mujeres y niñas. Se protege en cambio a los victimarios.
Ahora“
Ahora, ahora, resulta indispensable / aparición con vida / y castigo a los culpables
Ahora, ahora, resulta indispensable / aparición con vida / el gobierno es responsable”
Así reza un canto popular que se repite cada año, en los Encuentros Nacionales de Mujeres (ENM). Este año, el Encuentro se realizará, en el mes de octubre, en la ciudad de Bariloche. Alrededor de veinte mil mujeres se encontrarán para debatir los problemas, las inquietudes, los dolores, las luchas, que las reúnen cada año.
Un eje central de los talleres de debate, que ha ido creciendo año a año, es el tema de la trata de personas. Nuevos nombres de mujeres y niñas se sumarán a las largas listas, nuevas búsquedas, nuevos debates para hallar el camino sobre “
qué hacer”.
Será otro año en el que se sumarán voces, gritos y silbatazos contra el abuso sexual y la trata, entre tantos otros problemas de género. Serán miles las mujeres que volverán a levantar por las calles argentinas los carteles con los rostros de Marita, Fernanda, María Cash, Sofía, entre tantas otras, y se animarán a mirar de frente lo que la mayoría de la sociedad no quiere mirar, para decir ¡basta!, para que las leyes no sean sólo letra muerta y el cierre total de los prostíbulos, la persecución y el desmantelamiento de las redes de trata de personas se conviertan en una realidad, y se castigue
con prisión perpetua, inmediata y efectiva a cada proxeneta.
El nombre de Candela no será olvidado. Estará presente en cada grito por la necesidad urgente de que el Estado, y este gobierno en particular, se haga presente, responsable. Y también para que cada uno de nosotros, comencemos a dejar de mirar para otro lado cada vez que pasamos por esas “
whisqerías”, porque alguna de esas chicas puede estar ahí.
Publicado por
Río Bravo el 13 de septiembre de 2011.