La agrupación docente, adherida a la Corriente Clasista y Combativa, defiende la reivindicación de la soberanía pedagógica postulada y desarrollada por la agrupación Rojo y Negro de Agmer. En ese camino, también advierten sobre la importancia de la soberanía cultural. Así fue que crearon el Grupo Cultural El Fogón, que reúne a trabajadores de la educación, delegados y militantes gremiales, con trabajadores del arte y la cultura.
El origen del nombre El Fogón se encuentra en la frase que usamos para invitar a compartir algo: “arrímese al fogón”. En el texto de convocatoria a integrar el grupo cultural, se destaca que “el fogón reúne, calienta, defiende y acompaña”.
Al tiempo que invitan “a compartir el trabajo y la lucha para defender y sostener nuestra cultura nacional y popular”, recuerdan que “muchos ex-combatientes han relatado los esfuerzos por iniciar y mantener con turba de nuestras islas un fogoncito para preparar un mate que los hiciera sentir más acompañados y acercara las distancias, con su aroma a pueblo natal, a casa de familia, a reunión de amigos”. También hablan de otros fogones que “alumbraron más lejos, irguiéndose enormes en las rutas y amontonado coraje en los piquetes desde donde defendimos fuentes de trabajo y el patrimonio nacional”. También fue “alrededor de un fogón, que Fierro y Cruz desgranaron sus historias, haciéndose más hermanos, más compañeros”.
El grupo cultural fue estrenado el pasado 9 de julio con la Peña de la Independencia, organizada en conjunto con la Escuela N º 200 “Soldados de Malvinas”. Se trata de una escuela primaria de Paraná que lleva más de dos décadas integrada a la comunidad a la que pertenece en la inmensa barriada de San Agustín. Una escuela que con su práctica encarna la pertenencia a “una comunidad con historia, tradición y costumbres particulares”, como propuso Lidia Braceras en el Congreso Pedagógico del Suteba Quilmes1.
La Peña
Con motivo de celebrar un aniversario de nuestra Independencia de España “y de toda otra dominación extranjera”, fue organizada esta peña que contó con la actuación de verdaderos artistas que no se dedican profesionalmente a estas actividades.
El 9 de julio, en el salón de la escuela actuaron la Orquesta Infanto Juvenil San Agustín, integrada sobre todo por alumnos y ex alumnos de la escuela; la murga Runruneros de la Orilla (en la foto), que desde su origen acompañó las luchas populares y cuenta entre sus integrantes a varios trabajadores de la educación; Federico Di Pasquale, músico, cantor y compositor santafesino; la narradora Silvina Suárez, docente, bibliotecaria y luchadora; el Ballet Municipal de Hernandarias, que dirige la profesora Jessica Schemberger; Juan Diego Giadas, un cantor de tangos de 6 años; la Escuela de Danzas Municipal, que dirige el profesor Pablo Ifrán; los bailarines de tango Sergio y Beatriz Pavón, que además son militantes de Agmer; Hugo Velázquez, un acordeonista que junto con su excelente guitarrista hizo bailar chamamé a varios del público, y los docentes de la casa Tania Pinharanda y Claudio Jaime, que con un repertorio folclórico y popular, dejaron boquiabierta a la audiencia. Mientras se sucedían los números musicales, en una pared del salón se exponían las obras pictóricas de la docente Nélida Zubillaga.
En la cocina de la 200 podía verse a los docentes de la casa amasando y friendo tortas junto a los integrantes del grupo cultural, estudiantes terciarios y padres de alumnos. En el salón la danza y las canciones se sucedían; al mismo tiempo, los más chicos daban rienda suelta a la creación en el Fogoncito Artístico, con actividades propuestas por la docente Soledad Barreto.
Trabajadores y artistas
La idea de mostrar las creaciones y manifestaciones culturales de los trabajadores y la gente del pueblo contiene una fuerte crítica al sistema capitalista que “nos quiere en un solo y único rol, trabajadores eficaces, funcionales al sistema, tristes y metidos cada uno en una bolita, como el telgopor”, como ilustró Silvina Suárez, integrante de El Fogón.
Entre los motivos que movieron a una agrupación sindical a crear un grupo cultural, los integrantes de Ana Sosa explican que “a los trabajadores nos ocurre (y nos ocurre cada vez más) que debemos optar: trabajo o estudio, trabajo o hago teatro, trabajo o practico fútbol, trabajo o integro la comisión de la biblioteca, trabajo o canto en el coro. El tiempo que necesitamos invertir para tener un sueldo que nos permita pagar la luz, el gas, la comida, el alquiler y las tarjetas de colectivo, nos impide satisfacer otras necesidades no menos importantes, como son las expresiones culturales y artísticas”. Por ello ofrecen El Fogón como un espacio para desarrollar este tipo de manifestaciones.
Cuentan que “en nuestras escuelas y lugares de trabajo, en nuestros barrios, tenemos compañeros que hacen literatura, danza, teatro, música, acrobacias, pintura, mimo, humor, esculturas, etc.”. Y afirman que “las expresiones culturales que brotan del pueblo son las más auténticas y a la vez, las más acalladas”. Con esa convicción, plantean la necesidad de prácticas y actividades que contribuyan al reconocimiento de los bienes culturales gestados entre los trabajadores y el pueblo.
El Grupo Cultural El Fogón considera relevante la importancia de “la creación y las expresiones artísticas”, a las que postula como “formas de interpretar el mundo y cuestionarlo”; afirman que estas manifestaciones “también pueden ser un buen medio para interrogar, problematizar, criticar y transformar la realidad”.
Luchar y compartir
Para un trabajador, que en el contexto del capitalismo actual, como sujeto “se ve devaluado como productor”2, lograr un espacio de encuentro e integración con otros es una conquista enorme. Si por añadidura, en ese espacio hay un reconocimiento no sólo como productor económico, sino también como productor de arte y cultura, la gratificación es inmensa.
Es importante pensar y debatir sobre otras líneas que ofrece para desarrollar la experiencia en cuestión. En el marco de un gobierno como el kirchnerista, que intenta dividir a los sectores populares, poder desarrollar en una escuela una actividad cultural que propicia el encuentro entre los trabajadores de la educación, los padres, vecinos de la comunidad, los alumnos y los estudiantes de las carreras de formación docente, es un logro notable y que necesitamos profundizar y multiplicar. Cada experiencia tendrá la particularidad de la comunidad donde se desarrolle.
Además, es un cambio cualitativo integrar la lucha por las reivindicaciones sectoriales, la defensa de la escuela pública, con la defensa de la soberanía pedagógica y cultural. Se trata de una práctica que contribuye a decidir qué docente y qué escuela queremos, al servicio de quiénes y para qué proyecto de país y de provincia. Al ir desgranando estas cuestiones iremos proyectando la esperanza y poniendo los sueños en acto.
El análisis no se agota en estos puntos, pensarlo entre todos lo enriquecerá mucho más y hará evidentes otros aspectos que pasaron inadvertidos. Seguramente, la próxima peña dará más tela para cortar y arrimará más gente a este fogón. Sería injusto terminar esta reflexión sin reconocer que la experiencia fue también una bellísima trompada al discurso de los monopolios de la comunicación (estatales y privados) que intenta convencernos de que el culpable es el de al lado y que pretende que entre padres y docentes nos señalemos como responsables de la crisis de la educación. Entre las mejores canciones que sonaron esa noche se impone la frase de una madre que agradeció por la peña a la escuela y a El Fogón, “porque nuestras familias necesitan eventos así que nos reúnan”.
Notas:
1 Revista Pedagogía y Lucha Nº1 Pág. 5
2 Ana Quiroga, Un Horizonte Lleno de Amenazas, en Trabajo e Identidad ante la invasión globalizadora, Ediciones Cinco. Pág 41.
Publicado por Río Bravo el 19 de julio de 2011.

